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domingo, 17 de diciembre de 2023

La Memoria en épocas distraídas

El futuro de la memoria ¿Por qué vuelve el negacionismo sin rechazos escandalosos?¿Qué pasó con la memoria? ¿La posmodernidad recuerda o solo mira el pasado?

por Mariano Alvarez

San josé es un pueblo entrerriano sobre la Ruta nacional Nro14 del lado del Río Uruguay. Si te parás mirando el río vas a tener a tu derecha la ciudad balneria de Colón y a tu izquierda está pueblo Liebig, el pueblo mas minúculo de los tres mencionados. Sin embargo, Liebig fue el mas grande en el pasado por la presencia de un laborioso frigorífico y la produccion de corned beaf que se exportaba al mundo. La fábrica cerró, el frigorífico tambien y hoy es un pequeño pueblo que en base a su pasado busca ser pintoresco y cosificar su historia para atraer turistas. Por una mañana fui turista allí, me saqué la foto clásica con el envase de corned beaf que está en su pequeña plaza, recorrí y entendí la distribución urbana antigua, basada en el barrio de los obreros y el de los dueños.

El punto es que en ese pueblo sentí la reminiscencia, sentí el recuerdo de algo que había sido olvidado quien sabe por qué. Similar a la magdalena de Proust, al entrar a un pequeño y amable almacen quedé inherme frente a la invasión de los aromas que solo hacían recordar al almacen de Ribero, al cual iba a comprar por orden de tías o abuelas cuando las visitaba en Concordia hace mas de 30 años. En ese pequeño rectángulo repleto de estanterías y canastas, coloreado por paquetes, etiquetas y cajas, escuché nuevamente la voz de mi difunta tía diciéndome que le compre una lima y que Ribero, uno de los tipos mas famosos del barrio, lo anote en su libreta. 

Esa reminiscencia le devolvió al presente algo de la larga cola que el pasado significa. Para el historiador Friedlander esto sería algo similar a una memoria profunda, una memoria personal y subjetiva que no siempre funciona de la misma manera.

Ésto también ocurre en la historia a nivel colectivo. En el libro Historia Reciente de Marina Franco y Florencia Levín el historiador Daniel Lvovich señala tres tiempos de la memoria que se dieron fundadmentalmente en los paises europeos tras sus hechos traumáticos del siglo XX. El primer momento es el hecho traumático, luego el olvido y finalmente la anamnesis. Esta última es el ejercicio de la reminiscencia, el de recordar lo olvidado para transformarse ñuego en una obsesión. El ejemplo mas emblemático es el de Alemania que una vez terminada la guerra en 1945 y el holocausto (hecho traumático) decidió comenzar a castigar a los responsables (anamnesis) con Eichman en Jerusalem  recién en la década del 60. Quince años de olvido separan al primer tiempo del tercero.

También el mismo autor señala que estos tiempos pueden ser aplicados a los casos europeos y no al argentino siendo que durante la misma dictadura (el hecho traumático) hacen su aparición las Madres de Plaza de Mayo como representación de la memoria rompiendo la posibilidad de los tres tiempos. En fin, los hechos violentos políticos del siglo xx que han dejado víctimas han dejado deversas formas de comprender la memoria colectiva.  

 

No es casualidad que esta memoria se centre en los eventos políticos violentos del siglo XX, la política, las utopías serán los motivos de tan grande violencia. La caída del Muro de Berlín es el fin de lo que Hobsbawm llamará la era de los extremos, el fin de las ideologías, el fin del eclipse de utopías que parece haber dejado solamente víctimas. Los gobiernos de Thatcher y Reagan, por su parte comenzaran una nueva era, la de un capitalismo que sólo progresaría sustituyendo al homo politicus por el homo oeconomicus, un "fin de la historia", la era de la posmodernidad que, como ha señalado Jameson, parece solo mirar hacia el pasado.

Pero no podemos entender este movimiento de cabeza como un ejercicio simple memorístico, ni podemos creer que voltear la mirada hacia el pasado sea meramente política en la posmodernidad sin tener en cuenta la aparición del homo oeconomicus neoliberal y la consolidación y naturalización de una nueva cultura del consumo. 

Entonces ¿Tiene memoria la sociedad posmoderna?¿Hablamos de la misma memoria? 

En principio, evidentemente la memoria colectiva tiene un contenido social y político. La memoria colectiva recuerda esos hechos que tienen la capacidad de cambiar el rumbo de lo que parecía que podría llegar a ser el destino de una sociedad, reivindica las víctimas, revela los sistemas que produjeron la violencia que caracteriza la política del siglo XX, lo que el historiador Enzo Traverso llama violencia fría, la organización de la violencia.

Pero la cultura neoliberal tecnologizada logra entrelazar lo político con lo cultural y económico, un realismo capitalista determinante bajo el cual un soft power realiza el invisible trabajo de poner el entretenimiento y la distracción en lugares en los que antes no estaba. Crucial para la política de despolitizar. La cultura neoliberal transforma al ciudadano en mero consumidor, de hecho si hay un aspecto en el que mas se encuentra relacionado con el pasado es en la cultura, ya mercantilizada. En Posmodernismo I, Fredric Jameson plantea que "en la cultura posmoderna, la cultura ha devenido en un producto por derecho propio; el mercado se ha vuelto un sustituto de sí mismo, y es una mercancía en la misma medida en que lo son las cosas que contiene" 

En una cultura economizada y estetizada es en la que ingresan lo vintage y lo retro como nuevos conceptos que representan un sentido del pasado en un presente nostálgico, pero también como adjetivos aplicables a la música, imágenes, ropa, objetos, etc. Un gran estudio sobre esto lo hace Simon Reynolds en Retromanía, La adicción del pop a su propio pasado.

La pregunta no sólo sigue latente, sino que se profundiza. En una sociedad entretenida que mira al pasado y que lo mercantiliza de manera estética ¿De que modo funciona la memoria?. 

Cada vez más lejana parece la memoria del siglo XX que relaciona pasado presente y futuro, mientras mas se consolida una memoria distraida producto por un tiempo atomizado. Jameson, Mark Fisher e incluso Byung Chul Han, ven en la explicación de la esquizofrenia de Lacan una nueva forma de vivir el tiempo, en palabras de Fisher "el esquizofrénico lacaniano queda reducido a la experiencia del puro significante material, en otras palabras, a una serie de presentes puros en el tiempo, desconectados entre si". La ruptura de la cadena de significantes implicaría una línea (el tiempo) de puntos (los presentes) desconectados entre sí pero intensos. 

                                         

Franco Bifo Berardi, por su parte,  se centra bajo la idea de generación, un concepto no relacionado con lo etario sino con lo tecno-cultural, para él la generación post alfabetica recibe información a la velocidad de la luz, quienes vivimos en esta cultura tecnologizada tenemos mucha información pero a la vez parace que no sabemos usarla. 

En mi opinión, el olvido ya no se presenta como amnesia clásica, como una cinta borrada sino como distracción distracción frente a la alta velocidad. De hecho el autor plantea el déficit de atención como síntoma de una época en la que "el contacto afectivo ha sido sustituido por flujos de información veloces y agresivos".

En fin, los neofascismos en el mundo, los negacionismos siempre presentes, la banalización cada vez mas evidente del mal del siglo XX, se hacen presentes nuevamente por una sociedad que mira hacia atrás pero de manera zigzaguenate, de manera distraida dejando que el pasado se escurra entre los dedos. 

Esta distracción actúa en conjunto a la polarización afectiva de la política, entendida bajo la idea del YO versus el OTRO, pareciera una nueva política que toma sentido en una sociedad con la tecnología de apariencia democratizada que facilita el control bajo una lógica individualista. Todos operamos bajo la idea de la me me me generation. 

Otro artículo de divulgación relacionado con la memoria

Bibliografía mencionada:

- Daniel Lvovich en Historia Reciente de Marina Franco y Florencia Levín

- Generación post-alfa de Franco Bifo Berardi

- Posmodernismo I de Fredric Jameson

entre otras

sábado, 7 de septiembre de 2019

Imágenes de caminatas posmodernas: rincones urbanos para pintar.

Algunos lugares son para pintar. Acá en Argentina "pintar" también se usa de un modo informal para referirse a la "aparición" de algo, como por ejemplo "pintó salir", "pintó la policía", "pintó ir a tal lugar" y así. Lo cierto es que el sentido con el que hablo no es ese sino el hecho de crear, y más puntualmente de hacer arte.

Hoy caminé (no mucho pero retome la única actividad física que estoy ejerciendo interrumpidamente) y caí en que si hay lugares que son para pintar, la mayoría de ellos se ven en el espacio público. Las calles son las galerías de autores mas anónimos y autónomos. Habilidosos en el acto de grafitear(t) y concretar la obra. Se puede concebir el graffiti sin pensar en la ciudad? Definitivamente no. Lo mismo a la inversa. Sería distópico pensar que se agravara las reacciones legales frente a este arte.

La transgresión es la norma (más deseosa de anomia) grafitera, y el resultado es la liberación provocada por la naturalización de algo que es ilegal.

Hay tantas prácticas ilegales que podrían mejorar el mundo.




Caminar con la intención de profundizar en el aura urbana de las calles, sumergirme en los aromas de las veredas y los matices de colores que devuelve una caminata mañanera de viernes, es realmente una actividad estética pero aún más cuando se anda con la intención de entender la lógica que presenta la vida en la ciudad en sus paredes y rincones.

En la calle todos los lugares son para pintar. Porque lo restringido ya fue violado y entonces la imaginación es plena, fugaz y agresiva. Plena porque pasado el límite de la norma la imaginación es ilimitada, y fugaz y agresiva por el condicionamiento del tiempo de ilegalidad en el momento en que se crea.

Paredes, veredas, carteles, cortinas, postes, buzones, casillas de gas, del luz, cordones, baldosas son reservorio de pintura sintética de infinidad de colores y texturas. 

Existe un punto positivo logrado desde la práctica. Son cada vez más los paredones pintados con permiso de sus dueños... En donde la expresión esta limitada al gusto medio del público que transita por allí, y en donde la planificación en sketches (borradores), hace que ya no sea ni la fugacidad ni la agresividad lo que las caracteriza, sino la vivacidad de los colores elegidos detenidamente. Este pareciera un punto positivo a media. No deberíamos dejar pasar el hecho de que el arte bajo el ara de la gentrificación ha causado una idea del arte callejero como un arte pintoresco de espacios mas bien elitistas.

No reniego de ellos solo que la historicidad y la nostalgia de las calles, quienes viven sus vidas muertas en detenimiento a pesar del constante movimiento en ella, parecen tener la intención de hablarnos. Y yo la intención de escucharlas. Las calles hablaron a través del graffiti en 1968 en Francia. Las calles hablaron en 2001 en Buenos Aires. En Berlín, sobre el muro y sobre el monumento del soldado soviético que en 2015 la resignificación que le dió el pueblo es de soldado violador debido a las Miles de violaciones que algunos soldados soviéticos llevaron a cabo al tomar Berlín. La guerra lleva consigo, y de forma dolorosa, el vigor sexual traducido en potencia de quienes ganan e impotencia de los que pierden.



Este pensamiento me despistó del recorrido aleatorio de la caminata para visitar al monumento de Domingo Faustino Sarmiento que está en la plaza principal de esta ciudad que antes formaba parte del distrito que lleva su nombre.

La obra de Giorgio de Chirico representa la nostalgia en el arte contemporáneo. Allí las plazas solo están ocupadas por monumentos solitarios y meditabundos, y por las sombras que de ellos crecen oscurecida.

Ya no camino, me paré frente al monumento a fotografiarlo. La plaza no tiene sombras porque el día está nublado, y aunque hay gente, nadie mira al monumento. La situación es la misma que si fuera un cuadro de Giorgio de Chirico a pesar de que la situación sea perfectamente contraria. Sin sombras y con gente ciegas al monumento la nostalgia está allí, espectral.

Imagino el abrir de parpadeos en loop, tipo gif, con la sombra del monumento creciendo veloz en simultáneo con el movimiento del sol y sin la presencia de algún transeúnte.



lunes, 19 de agosto de 2019

No me llamen los domingos: Angustia, trabajo y privatización de la enfermedad en la vida posfordista.

Por Mariano Alvarez

A comienzos de agosto las nubes se dejan ver del otro lado del vidrio, infunden frío a pesar de mis mangas cortas. Yo solo en la cocina. Sentando y escribiendo en esta notebook que está sobre una mesa envuelta por un mantel de cuadros negros y blancos que se despliegan y cuelgan hasta apoyarse en mi regazo. Unos libros al alcance de mi mano derecha y una copa de vino tinto al alcance de la izquierda. Aquí, en la cocina de mi casa hay un aura de domingo que atraviesa mi respiración y la de mi familia, pues, por frío que parezca, somos una institución sujeta a una cultura.





No hay dudas de que estamos en una época en la que sentimos, por eso es que no es casualidad que escriba esto un domingo usando palabras condicionadas. ¿Introspección?... no lo sé. El domingo es un día de reflexión. Su aura describe la situación de estar parado solitariamente frente a algo enorme que se aproxima. La portada del disco The Resistance que Muse lanzó en 2009 me ayuda a explicar lo que quiero reflejar.

El domingo lleva consigo la compañía de la angustia. Las horas y los minutos se bañan en una densidad insoportable. Cuando el domingo deja ver sus horas (hasta la sensación de tiempo es diferente) y se da a entender que la tarde es inminente, la angustia que era potencia se materializa en nuestro cuerpo, se incorpora. En fin, el tiempo contiene la angustia como un espectro recordándonos que existimos sujetos a algo. Los minutos son gotas que por mas que se estiren no dejan de llenar contenedores y contenedores.


El domingo es el primer día de la semana en el calendario, pero para el calendario laboral es el último, es el que le da paso al odiado lunes para conformar el loop organizado por días y labores bajo el gobierno del reloj. Domingo sensorial ¿Hay domingos racionales? No, el domingo es ideológico... alguien le dio un rol relacionado con el mundo del trabajo que no se relaciona con el ocio sino con la vida laboral... descansa el cuerpo pero no la mente.


El ocio griego (otium), que etimologicamente significa "tiempo libre", no es mas que la libertad del amo gestada a partir de la no-libertad del esclavo. El ocio en la sociedad posindustrial se encuentra lejos de la libertad, de hecho la palabra libertad no encuentra un antónimo del estilo amor-odio porque la libertad capitalista es aparente... cuando no produces, consumes. Domingos de hastío y de shoppings repletos de cuerpos cansados.





En esta reflexión ontológica del domingo la angustia es liviana a la mañana pero presiona por la tarde y la noche. Estoy hablando de, quizás, el tema filosófico mas importante para mi ya que, como el expresionismo, no puedo dejar de relacionar la angustia con el trabajo capitalista. Si el deseo es capitalista, el domingo (y su angustia) también lo es, así como también el lunes y su sensación de extirpación.

No es casualidad que Mark Fisher haga un llamado a politizar la enfermedad cuando la angustia, la ansiedad, el estrés, la depresión son cada vez más fuertes en la vida laboral. En Japón ya existe una palabra (karoshi) que designa la muerte por exceso de trabajo, que de manera positiva une la causa de muerte con el trabajo culpabilizando al capitalismo. En occidente no se ha llegado a tanto pero tenemos la referencia del síndrome de Burnout o síndrome del quemado, el cual es un trastorno emocional vinculado con el ámbito laboral, el estres causado por el trabajo y el estilo de vida del empleado.

El suicidio del mismo Fisher (sufría de depresión) sería una muerte privatizada, individualizada entendida desde un contexto estructural de muertes por suicidio. ¿Suicidio capitalista?. En fin, cuando Fisher habla de privatización del estrés justamente se refiere, y a la vez da la razón a Margaret Thatcher, al gran triunfo del poscapitalismo en el proceso de despolitización. La pérdida de derechos es mostrada al trabajador como algo natural que debe aceptarse haciendo que la búsqueda de los motivos de las enfermedades debe partir desde adentro, ya sea en su química cerebral o en su historia personal. Por el lado de los mas jóvenes la hiperactividad se relaciona con el consumo compulsivo en el marco de lo que denomina la "hedonía depresiva" casi como una paradoja neoliberal de la felicidad. En este sentido el "Realismo capitalista" de Mark Fisher es la misma experiencia que vive el depresivo, pues no siente anomalías en su vida a pesar de sus bajas expectativas... Eso es el domingo.

Para entender ese triunfo del que Mark hablaba, no solo el capitalismo privatiza la enfermedad sino que ademas provee la cura. Byung Chul Han dice que la fórmula mágica de curación ha sido la literatura de autoayuda estadounidense, ya que "designa la optimización personal que ha de eliminar terapeuticamente toda debilidad funcional, todo bloqueo mental", una optimización personal que resulta ser una autoexplotación personal, en donde hasta el dolor debe ser soportable. No pain! No Pain! le gritaba el entrenador a Rocky mientras recibe golpes. La única manera de comprender eso es no pensar en el cuerpo y si en la mente, así que B.C Han de algún modo nos recuerda el anacronismo del concepto de biopolítica (sociedad que controla cuerpos dóciles) de Foucault para ser reemplazado por el de psicopolítica (sociedad que controla mentes dóciles).





Christian Marazzi tiene un frase complementaria con el pensamiento de Fisher: "El problema no está en el capitalismo en sí, sino en el capitalismo en mí". El capitalismo supo incorporarse en la mente para dirigir el cuerpo naturalizando el tipo de dominio a partir de necesidades y deseos. Del mismo modo que en la disciplina para Foucault representa el tiempo en el cuerpo, el posfordismo tambien lo hace enfermando de manera naturalizada.

Sin embargo, mas allá de mi angustia, hay una puja sobre el domingo, ya que muchos lo han perdido. Recordemos que la representación del mercado esparcida ya en millones de ciudades del mundo es el shopping mall, y éstos no cierran sus puertas el domingo pues la angustia puede ser suprimida (momentaneamente) por el deseo y, en consecuencia, por el consumo. Es decir, en un contexto de precarización del trabajo y en el que la ciudadanía aumenta sus obligaciones a la vez que pierde derechos, hay quienes ya no tienen ni ese día para compartir. La obtención de derechos parece haber quedado lejos en la historia, algo idealista de la modernidad. "El neoliberalismo convierte al ciudadano en consumidor. La libertad del ciudadano cede ante el consumidor" dice Byung Chull Han.

Así inicia el Guy Standing su libro Precariado: Una carta de derechos:


"Por todo el mundo, cada vez mas personas se está convirtiéndo en meros residentes con sus derechos de ciudadanía cada vez más cercenados, a menudo sin darse cuenta de ello o sin apreciar todas sus implicaciones. Muchas se unen al precariado, una clase emergente caracterizada por la inseguridad crónica, ajena a las viejas normas laborales y separada de la clase obrera. Por primera vez en la historia, los gobiernos están restringiendo los derechos a sus propios pueblos."

Lamentablemente las mismas universidades que levantan la bandera contra la reforma laboral y la precariedad de las condiciones de trabajo tiene la mayoría de sus docentes contratados por semestres colaborando con la precarización del trabajo y la inseguridad crónica que el neoliberalismo desea reproducir.

En una situación más baja aún, se encuadra el trabajo conocido como freelance. En Non stop inertia de Ivor Southwood, ese trabajo se muestra como una actividad frenética, una actividad sin fin en la que no siempre hay dinero, en donde la precarización produce la "liberación" del trabajador y el cambio de lenguaje laboral, en donde lo free es ser tu propio jefe, y para obtener pequeños trabajos debes mostrar entusiasmo a otros, y en donde la búsqueda de trabajo es también otro modo de trabajo. Haciendo que la apariencia de libertad sea en la de 24hs en la que ser tu propio jefe implica que la vida sea lo mismo que el trabajo.





La estabilidad parece quedar lejos a la vista cuando miro hacia abajo y me encuentro parado en un piso flexible como símbolo de precariedad, o cuando veo el continnum histórico de precarización que se ha naturalizado con cierto hastío y esperanzas de obediencia.

Estas conquistas del capitalismo se dan en el marco favorable en el que la izquierda cae (en los ochenta y noventa) ante el conservadorismo neoliberal y el capitalismo configura el posfordismo como nuevo sistema de creencias y de lenguaje hegemónicos.

Según Franco Bifo Berardi la izquierda aún habla en un idioma que solo puede comprenderse en el fordismo y por ende debe adaptarse a las condiciones del posfordismo. Una izquierda anacrónica y por ende disléxica. La idea de trabajo basada en la experiencia del movimiento obrero tradicional se desmoronaba a partir la nueva conciencia de los jóvenes obreros deseosos de libertad y ocio, y las posibilidades tecnológicas del sistema productivo.

En Generación Post-Alfa Berardi dice:

"La crisis de la izquierda que se manifiesta en el retroceso político de las fuerzas organizadas del movimiento obrero y progresista no es sino un epifenómeno de una crisis mucho más profunda: la crisis de la transmisión cultural en el pasaje de las generaciones alfabético-críticas a las generaciones post-alfabéticas, configuracionales y simultáneas. La dificultad de la transmisión cultural no consiste en la dificultad de transmitir contenidos ideológicos o políticos, sino en la dificultad de poner en comunicación mentes que funcionan según formas diferentes, incompatibles. La primera y más indispensable operación que se debe realizar es la de comprender la mutación de formato de la mente post-alfabética".
Los aspectos que muchas veces pasan desapercibidos por nuestras vidas muchas veces explican la ideología del posfordismo. El domingo es real e ideológico, tan capitalista como el amor, la familia, la depresión, el estrés, el ocio, el tiempo, etc, esto es lo que al fin y al cabo explica mi angustia hoy. Porque (repito frase) "El problema no está en el capitalismo en sí, sino en el capitalismo en mí".



Bibliografía recomendada:
- Mark Fisher. Realismo capitalista.
- Byung Chull Han. Psicopolitica.
- Franco Berardi. Generación post-alfa.
- Guy Standing. Precariado.
- Igor Southwood. Non Stop Inertia.

sábado, 6 de abril de 2019

Punk not dead. La deconstrucción punk durante el conservadurismo ochentoso

Lejos de un artículo de música o subculturas, aquí escribo sobre el rearmado cultural necesario en contexto de crisis, un mínimo aporte acerca las transformaciones de algunos movimientos juveniles en tiempos conservadores como los de hoy.

6/4/19


En algún punto de la primera mitad de la década del noventa tuve, junto a unos amigos, un programa de radio. Una de las pocas publicidades que logramos tener (seguramente la única) en aquellas épocas de puberto-libertad fue la de una disquería de mi ciudad. Quizás la mas underground. O quizás no, pero el trato que hicimos me permite mantenerla entre mis recuerdos de ese modo.

Para esa época en mi ciudad había alrededor de 6 o 7 disquerías. Las mas cercanas a la estación de trenes eran mas populares al momento de seleccionar su clientela: la masa de humildes trabajadores que atravesaban ciudades en un descascarado tren, que combinaba el colorado óxido con un amarillo retro, y que a partir de la gran demanda ofrecía servicios hasta en su techo, como símbolo de la precarización laboral del neoliberalismo ochentoso y noventoso que se instalaba como una espina en el talón. Desde la vereda de esas disquerías se escuchaban ritmos de cumbia, folcklore, clásicos hispanoparlantes como Dyango o Jose Luis Perales. Allí mi madre solía hacer varias paradas.

También estaban las disquerías que rodeaban la plaza, a una cuadra de las anteriores pero mas cerca de la avenida principal, que por lo general se encontraban en galerías céntricas y que con espejos en el techo y en las paredes atraían a un público consumidor del mainstream nacional e internacional. Éstas ofrecían un poco de clásicos por aquí, una pizca de canciones de moda instantánea por allá (podríamos hacer mención de Macarena) y en algún espacio de una batea se le dedicaba al rock under argentino que por lo general estaba seguido del punk mainstream como Ramones o Sex Pistols. Estas disquerías perseguían al cliente cool, ese que llegaba en auto a la zona céntrica de la ciudad y se compraba un cassette por un hit radial.



La disquería que publicitábamos se llamaba Rockhouse y geograficamente era una disquería intermedia. Estaba en una galería a media cuadra de la estación y a media cuadra de la cara mas oscura de la plaza (la otra cara da a la avenida mas importante que antes mencionaba). El arreglo que teníamos no era monetario. Solo consistía en que nos pagaba con grabaciones de discos. Por lo tanto, el hecho se consumaba con un traspaso sonoro del CD de ellos a nuestro casete virgen. Nosotros indagábamos las bateas y elegíamos, ellos grababan lo que pedíamos. Si... Lo sé... Seguramente están pensando que en esa negociación estábamos perdidos, pero es sólo porque aun no mencioné que nuestra radio tenía una llegada de 150 metros a la redonda en una ciudad que se encontraba a unos 10 kilómetros de la nuestra. ¿Qué vecino de aquel barrio viajaría 10 km para comprar un disco? Es por eso que hablo de underground desde un principio. Ambos sabíamos que nadie ganaba pero que en esa alianza había una intención compartida, una complicidad, ¿Una conciencia under? No lo sé.

Por nuestra parte, con una imagen propia que iba de perdedores a entusiastas excitados, accedimos a varios discos provenientes de aquel acuerdo pirata. Dos de ellos quedaron en mi mente. Uno era I Against I de Bad Brains. Eso fue novedad para mi mente y mis oídos. Ecléctico por donde lo veas. Solo podía saber lo que pensaban y lo que decían a partir de los títulos de las canciones, cuya letra escrita con la tinta azul de una lapicera de pluma por el empleado sobre los renglones del cartón de la caja del cassete, conforma una imagen cuasi fotográfica en mi mente que puedo ver pero no describir con seguridad. La comprobación de mis sensaciones respecto a dicho disco surgió a las semanas, luego de leída una reseña de una revista (no recuerdo su nombre) que había comprado en la galería Churba de la ciudad de Belgrano, en la capital del Buenos Aires.

Bad Brains es una banda de rastafaris afroamericanos de los suburbios de Washington DC pero que en 1981 se radicó en Nueva York para cambiar su escena. Destreza musical y personalidad carismática en su cantante llamado HR (Human Right) son algunas cualidades propias. Pero el punto estaba en las temáticas de las canciones y en lo ecléctico de su música que pasaba por el punk, ya devenido en hardcore old school, a canciones reggae lentas y extensas como I and I Survive que aun la escucho. ¿Qué hacía aquel disco en mi ciudad? No lo sé, quizás estaba para hilvanar esta historia.

Bad Brains es una de esas bandas de jóvenes que formó parte de la segunda oleada punk centrada principalmente en Nueva York cuyo fin último era transmitir un mensaje político tan inmerso en la realidad como alejado del idealismo apocalíptico de los orígenes del punk. Que ellos hayan cantado acerca de los derechos humanos y los derechos del animal en momentos de gobiernos conservadores que apiedraron la contracultura de los sesenta no es incomprensible, pues comprender un movimiento ignorando el ingrediente esencial que aporta el contexto es simplemente ser inocente frente a la comprensión de nuestro propio recorrido en esta vida.



Para los ochenta la cultura estaba dando un viraje hacia la derecha y la izquierda se vio entre la parálisis, el desencanto y el estancamiento, mientras los gobiernos de centro izquierda de Callaghan y Carter ya habían sido desplazados casi simultaneamente por los de Margaret Thatcher y Ronald Reagan en Gran Bretaña y Estados Unidos respectivamente. Aquí en Argentina esa derecha neoliberal llegará al poco tiempo.

Flexibilización laboral, privatizaciones y desregularización de la economía configuraban el orden natural de las cosas con esos gobiernos neoliberales, por ende profundizar las diferencias y jerarquías sociales resonaba atractivamente en los mas pudientes. La nueva derecha de los ochenta se imponía sobre lo que la década contestataria del sesenta había dejado en la cultural y lo social. La postura de Ronald Reagan y Margaret Teathcher era reacia frente a la contracultura y los cuestionamientos de la clase trabajadora... Reagan en 1981 despidió a 11000 controladores de tráfico aéreo de 13000 que habían iniciado una huelga, a partir de ese momento además quedaron inhabilitados para trabajar para el estado. En fin, Ben Nadler en su libro Punk: NY 1981-1991 nos permite imaginar casi fotograficamente ese entorno cuando dice que "todo daba la apariencia de que se aproximaba una guerra".

Mientras el viejo punk se había hundido solo en las leyes del mercado y el cuestionamiento antiestablishment vacío de propuesta, el presente exigió a la juventud punk no mainstream algunos reajustes en los ideales. El primer punk había sido determinadamente negador por lo que no llevó mucho tiempo en generar una unión, sin embargo al preguntarse ¿a favor de qué estamos?, se desintegró dice Nadler.

Si bien el conservadorismo ochentoso significó un duro golpe a las contraculturas, el mismo contexto lo obligó a reformularse, lo empujó a la actividad de deconstrucción que tan lejos se para de la idea de muerte. La necesidad de mantenerse vivo propone revisiones que se acomodan a los presentes y sus demandas, por esto es que Nadler también da a entender que si el punk no murió es solamente porque "estamos dispuestos a cuestionar su pasado y su futuro, y a darle un nuevo significado". La actividad de deconstruir justamente es la que pretende demostrar una estructura conceptual con ambigüedades, fallas, debilidades y contradicciones para reconceptializar y resignificar los ideales.

Si hubo una muerte del punk, lejos estaba de aquella que da fin a la existencia como propone la religión. Mas bien sería la muerte como proceso de transformación, una muerte unida a la vida. Una muerte a la mexicana. Colorida y renovadora.

La transformación llenó el movimiento de nuevos contenidos, significados y símbolos. El nuevo sentimiento punk abandonaba el volatil idealismo para mirar una realidad que necesitaba cambios con urgencia. Por este motivo es que tanto en el postpunk como en la segunda oleada punk hay contenido real y problemático. La época así lo demandaba. Se sabía contra qué se estaba yendo porque existía una dirección hacia a donde ir. No es mas que lo que para Marx es la ideología, aquello que se mueve por debajo de la conciencia y de la experiencia, el sentido común ordinario.



En fin, de aquel viejo punk setentoso no solo reposó su subsistencia en ese desprendimiento punk hardcore neoyorquino de los ochenta, representado por jóvenes de la clase obrera, sino también el postpunk proveniente de la bohemia underground de clase media que también crecía en Londres. Muchos integrantes del postpunk eran provenientes de la escuela que subsidiaba el Estado. Una de las diferencias radicaba en que el nuevo espíritu punk pretendía mantener la música accesible, directa y sin pretensiones, y el otro se trató definitivamente de una vanguardia que como tal, decidió romper con la tradición incorporando la electrónica, el noise, el jazz y otros géneros, algo que los llevó a ser acusados de elitismo. No solo en la temática musical les cabía el título sino además por las técnicas del arte vanguardista como el cut-up o el collage, que fueron empleadas tanto en portadas de disco como en la metodología de producción lírica. Había un contenido de arte dentro y fuera de la música centrado en el conocimiento pero con una actitud anti-intelectual.

La idea de la cultura alternativa anticonservadora es el hilo conductor en las profundidades del pensamiento de ambas subculturas. Mas en la superficie la continuidad se recorta con una variada disparidad en las prácticas y en la propia concepción de arte. El punk mas panfletario y directo, con mucha influencia en bandas como Crass (inglesa) de perfil ideológico netamente anarquista, mientras que el postpunk merodeaba en temas puntuales sobre la vida cotidiana considerando que "lo personal también es político", consigna que en los setenta el feminismo elevó para poner en portada temas como la sexualidad, el rol de la mujer y la legalidad aborto. El postpunk pasaba por temas como el consumismo, las relaciones sexuales, la normalidad incuestionada, etc. Si bien participaron de festivales como Rock Against Racism intentaban mantenerse alejados de consignas tan simples como directas y generales. En comparación con esto las bandas punk eran las que participaban en el festival anticonservador Rock Against Reagan, como los icónicos Dead Kennedys (estadounidense). Unos contra una problemática mas amplia, otros directamente contra el gobierno del momento.



La deconstrucción presenta a ese punk como una juventud anticonservadora que puso nombre y rostro a lo que el antiguo punk había llamado establishment. Thatcher y Reagan eran ellos. No resulta difícil encontrar ambos rostros devenidos en íconos de la lucha.

El rostro de Reagan en stencil sustituía el significado de la política destructora de la era.  Aunque parezca común y también fetiche, el rostro de Reagan en un flyer o cartel era un ícono que, hecho con la técnica handmade stencil o collage, era además el mensaje necesario de un grupo que no necesita lo que proviene de afuera: algo así como la necesidad de no necesitar de otro. Otro aspecto del mundo del fetiche en el submundo del punk ochentoso neoyorquino es el constante uso de la palabra "Youth" (juventud) como si se tratara de plantar una identidad etaria pero despersonalizada. Un ejemplo es el de la banda Reagan Youth, la cual hacía alusión irónica a las juventudes hitlerianas. Aquella palabra fue signo representativo de la lucha del momento.

Esa juventud fue, es y será la minoría amenazante que mortifica el ojo cosificado del espectador y molesta a las costumbres naturalizadas. No entendida, ni esperada. Esa que la cultura hegemónica no espera reproducir. Ese adolescente que cuando un adulto lo toma del hombro para "guiar" se mueve veloz e improvisadamente diciendo: "Estoy bien, no me toques". Me animo a pensar que por eso es que Reagan, en el papel adultocentrista, planteaba que el problema de la educación era la falta de autoridad.



En este proceso de deconstrucción el postpunk ya había creado el relato de su propia existencia que los legitimaba como grupo. Ellos eran el resultado del fracaso del punk. Según esta vanguardia, dice Simon Reynolds, "el punk había fracasado por atentar contra el status quo del rock apelando a la música convencional. Los artistas postpunk tomaron distancia de tal postura, bajo la creencia de que "contenidos radicales exigen formas radicales"". En fin, musicalmente se invirtieron algunos roles de instrumentos. La música fue mas minimalista acercando esta idea estética al principio proveniente de la arquitectura moderna mas conocido como "menos es mas". Para Reynolds, David Bowie fue la inspiración que alimentó el ethos postpunk del cambio constante, ya que yendo a Berlín para la grabación de Low y Heroes planteó un alejamiento musical y espiritual con Estados Unidos.

En respuesta al viraje a la derecha, se había intentado construir una cultura alternativa con una infraestructura independiente de sellos, distribuidoras y disquerías. Así es que nace y se propaga ineludiblemente como el agua en las marcas de las manos el espíritu y la actividad DIY (hazlo tu mismo) acercándose a la difusión clandestina de la literatura prohibida en el régimen soviético llamada samizdat. En NY, Bad Brains instaló una tienda/sello DIY (Rat Cage Records) en el sótano de su casa en 171-A en Av A, con el cual registraron el primer disco de Agnostic Front y se realizaron las dos primeras grabaciones de Beastie Boys. 

Mas allá de las diferencias, detrás de la música se llevó a cabo un gran marco de guerreros culturales, facilitadores e ideólogos que fundaron sellos discográficos, trabajaron como managers de bandas, publicaron fanzines, promovieron recitales y organizaban festivales. Aquí el prefijo post plantea una doble mirada, ya que no es solo la superación de algo como dice el filósofo italiano Gianni Váttimo para definir posmodernidad, sino que además imprime una miraba al futuro. Lo post no es solo en referencia a un pasado ya eludido sino principalmente una alusión al presente y al futuro.

Perdón... lo olvidaba. El otro disco que recuerdo de aquellas grabaciones para la radio además de Bad Brains es Juguetes para olvidar de Massacre...


Bibliografía:

Ben Nadler. Punk: NYC 1981-1991. Montacerdos editorial.
Simon Reynolds. Retromanía. Caja Negra editora.
Simon Reynolds. Después del rock. Caja Negra editora.

domingo, 12 de agosto de 2018

El siglo relativo.

Relatividad, posmodernismo y contracultura.


Bajo el manto de lo relativo el siglo xx da vida a los cuestionamientos y las rupturas radicales de los grandes relatos y la cultura hegemónica.


Por @simonssi

Fue en diciembre de 1999 cuando el mundo se alistaba, un poco timorato y otro poco esperanzado, para despedir el siglo XX y pasar a un nuevo siglo quizás mas "pacífico" que el conocido siglo de los extremos*. Sin embargo el observatorio real de Greenwich ubicado en Londres aguó la fiesta irrumpiendo en el entusiasmo del público. Dijo que el siglo terminaba el día 31 de diciembre del año 2000, o sea que aún faltaba un año para la celebración. Todos se quedaron paralizados, atónitos y enmudecidos, sorprendidos y shockeados... pero solo por unos segundos, porque el mundo siguió organizando su despedida de siglo como si nada hubiera ocurrido y dotando al observatorio de una nueva característica: la de ser pedante. 

¿Por qué el observatorio creyó que el mundo le haría caso? La respuesta es que algo similar había ocurrido al caducar el siglo XIX, ya que había anunciado que los festejos de fin de siglo debían ser el 31 de diciembre de 1900 y todos así lo hicieron, tal como lo había planteado la ciencia. Es mas, resulta casi religioso creer en que el siglo XX no empezó hasta que los relojes de ese edificio lo declararon así, ya que la calibración de esos relojes estaba basada en la posición de las estrella que tenía encima. Así de determinante fue el observatorio y la idea de tiempo que impuso.


Y ahora la pregunta sería ¿Cómo es que el observatorio pasó de ser el ónfalo del siglo XIX a algo pedante en el siglo XX? John Higgs en su libro sobre cultura Historia Alternativa del siglo XX utiliza el termino ónfalo* para referirse a como era visto el observatorio real de Greenwich. Los ónfalos han existido en las civilizaciones de todos los tiempos. Éstos representan el centro del mundo para esas civilizaciones. Desde allí es que todo se define. Desde allí es que todo se explica. Por ejemplo, para los antiguos el ónfalo era Roma. Para el siglo XIX la monarquía, la iglesia, el imperio y la ciencia (Newton) configuraban los criterios de verdad de ese mundo, como si fueran los diseñadores de un marco de referencia para pensarlo absolutamente todo.

Sin embargo ni los cálculos de la ciencia, ni las predicciones de H. G. Wells pudieron ver venir la destrucción del ónfalo decimonónico a partir de la teoría de la relatividad de Albert Einstein, ésta destruiría por completo la forma de pensar el tiempo y el espacio, rompería los antiguos marcos de referencias y teñía de duda todo lo dicho anteriormente. Y como si el mundo y la historia se sintiera cómoda con eso, la relatividad destruyó la idea de imposición dejando la interpretación o el punto de vista como la forma de ver las cosas.








El impacto de Einstein durante la posguerra se dio al mismo tiempo que la irrupción de los artistas modernistas como si fuera cosa a tomarse enserio aquel pensamiento que dice que las ideas son hijas de una época. Para John Higgs resulta coherente hablar de un salto que se da al mismo tiempo aunque uno independientemente del otro. La persistencia de la memoria de Salvador Dalí hecha en 1931 puede ser un ejemplo del modo en que la nueva noción de tiempo influyó en la cultura modernista, sin embargo el autor desconoció la influencia de Einstein.

El relativismo rompió todo tipo de ónfalo incuestionable por dentro y por fuera de la ciencia, o quizás se candidateaba como uno nuevo pero disfrazado de libre interpretación. Develó que un ónfalo no era mas que una ficción creada, y así fue que se puso bajo la lupa muchos temas en cuestión. Desde aqui es que se puede entender lo pedante del observatorio de Greenwich en el siglo XX.


Lejos está aquí la pretensión forzada de hacer una relación de causa y efecto entre la relatividad y los años sesenta, o el posmodernismo. Para Higgs el primero a tenido cierta participación en todo lo que a siglo XX se refiere, pues la contracultura juvenil de los sesenta también había encontrado su propio ónfalo a derrivar... la cultura hegemónica, esa que se presenta natural ante nuestros ojos. Según Theodore Roszak se entiende por contracultura a "una cultura tan radicalmente desafiliada de los principios y valores fundamentales de nuestra sociedad" que para muchos termina siendo, en apariencia, una invasión bárbara. Los movimientos contraculturales de jóvenes de los sesenta cuestionaron los pilares mas importantes de la sociedad capitalista, desde el consumo a la guerra, desde la igualdad entre blancos y negros hasta la idea del aborto como un derecho, etc. El relativismo parece levantar la bandera de la experiencia por sobre la teoría científica.







Acompañando la ruptura de las ficciones impuestas, la irrupción y expansión del mercado de los medios masivos de comunicación ayudará a profundizar la relatividad de las visiones del mundo alimentando la necesidad de emancipación. El posmodernismo es el fin de los grandes relatos y de la mano de la variedad de información, la fragmentación de la realidad se potenciará desembocando todo en lo que Gianni Vattimo* denomina "liberación de las diferencias". Las minorías étnicas, sexuales, religiosas, culturales o estéticas como el punk* por ejemplo, toman la palabra para emprender una batalla cultural mostrando que no existe solo una forma de humanidad digna de realizarse, modifican el acontecer de la historia, haciendose reconocer al mismo tiempo. 

El siglo XX fue impredecible y no aceptó la estabilidad de ningún relato hegemónico. Si hoy el aborto y la homosexualidad dejaron de ser un tabú cubierto de polvo es porque la demanda social pudo romper algunos duros cascarones e indagar en las profundidades de la humanidad para llegar a nuevos y nuevos cascarones, como si se tratara todo esto de la destrucción de una mamushka gigante. 







* El historiador inglés Eric Hobsbawm llamó Extremes a su libro acerca del siglo xx corto. De este lado del mundo vaciaron de hipótesis el título de ese libro y hoy lo conocemos como Historia del siglo XX.
* Ver más información.
* El MOD es otra subcultura estética. Artículo relacionado: ¿Los hijos de Marshall?
* ¿Una sociedad transparente?

Hauntología 2019

Cuando imaginar el fin del capitalismo parece más difícil que asumir el colapso, habitamos una era donde la protesta se volvió meme y la com...