lunes, 19 de agosto de 2019

No me llamen los domingos: Angustia, trabajo y privatización de la enfermedad en la vida posfordista.

Por Mariano Alvarez

A comienzos de agosto las nubes se dejan ver del otro lado del vidrio, infunden frío a pesar de mis mangas cortas. Yo solo en la cocina. Sentando y escribiendo en esta notebook que está sobre una mesa envuelta por un mantel de cuadros negros y blancos que se despliegan y cuelgan hasta apoyarse en mi regazo. Unos libros al alcance de mi mano derecha y una copa de vino tinto al alcance de la izquierda. Aquí, en la cocina de mi casa hay un aura de domingo que atraviesa mi respiración y la de mi familia, pues, por frío que parezca, somos una institución sujeta a una cultura.





No hay dudas de que estamos en una época en la que sentimos, por eso es que no es casualidad que escriba esto un domingo usando palabras condicionadas. ¿Introspección?... no lo sé. El domingo es un día de reflexión. Su aura describe la situación de estar parado solitariamente frente a algo enorme que se aproxima. La portada del disco The Resistance que Muse lanzó en 2009 me ayuda a explicar lo que quiero reflejar.

El domingo lleva consigo la compañía de la angustia. Las horas y los minutos se bañan en una densidad insoportable. Cuando el domingo deja ver sus horas (hasta la sensación de tiempo es diferente) y se da a entender que la tarde es inminente, la angustia que era potencia se materializa en nuestro cuerpo, se incorpora. En fin, el tiempo contiene la angustia como un espectro recordándonos que existimos sujetos a algo. Los minutos son gotas que por mas que se estiren no dejan de llenar contenedores y contenedores.


El domingo es el primer día de la semana en el calendario, pero para el calendario laboral es el último, es el que le da paso al odiado lunes para conformar el loop organizado por días y labores bajo el gobierno del reloj. Domingo sensorial ¿Hay domingos racionales? No, el domingo es ideológico... alguien le dio un rol relacionado con el mundo del trabajo que no se relaciona con el ocio sino con la vida laboral... descansa el cuerpo pero no la mente.


El ocio griego (otium), que etimologicamente significa "tiempo libre", no es mas que la libertad del amo gestada a partir de la no-libertad del esclavo. El ocio en la sociedad posindustrial se encuentra lejos de la libertad, de hecho la palabra libertad no encuentra un antónimo del estilo amor-odio porque la libertad capitalista es aparente... cuando no produces, consumes. Domingos de hastío y de shoppings repletos de cuerpos cansados.





En esta reflexión ontológica del domingo la angustia es liviana a la mañana pero presiona por la tarde y la noche. Estoy hablando de, quizás, el tema filosófico mas importante para mi ya que, como el expresionismo, no puedo dejar de relacionar la angustia con el trabajo capitalista. Si el deseo es capitalista, el domingo (y su angustia) también lo es, así como también el lunes y su sensación de extirpación.

No es casualidad que Mark Fisher haga un llamado a politizar la enfermedad cuando la angustia, la ansiedad, el estrés, la depresión son cada vez más fuertes en la vida laboral. En Japón ya existe una palabra (karoshi) que designa la muerte por exceso de trabajo, que de manera positiva une la causa de muerte con el trabajo culpabilizando al capitalismo. En occidente no se ha llegado a tanto pero tenemos la referencia del síndrome de Burnout o síndrome del quemado, el cual es un trastorno emocional vinculado con el ámbito laboral, el estres causado por el trabajo y el estilo de vida del empleado.

El suicidio del mismo Fisher (sufría de depresión) sería una muerte privatizada, individualizada entendida desde un contexto estructural de muertes por suicidio. ¿Suicidio capitalista?. En fin, cuando Fisher habla de privatización del estrés justamente se refiere, y a la vez da la razón a Margaret Thatcher, al gran triunfo del poscapitalismo en el proceso de despolitización. La pérdida de derechos es mostrada al trabajador como algo natural que debe aceptarse haciendo que la búsqueda de los motivos de las enfermedades debe partir desde adentro, ya sea en su química cerebral o en su historia personal. Por el lado de los mas jóvenes la hiperactividad se relaciona con el consumo compulsivo en el marco de lo que denomina la "hedonía depresiva" casi como una paradoja neoliberal de la felicidad. En este sentido el "Realismo capitalista" de Mark Fisher es la misma experiencia que vive el depresivo, pues no siente anomalías en su vida a pesar de sus bajas expectativas... Eso es el domingo.

Para entender ese triunfo del que Mark hablaba, no solo el capitalismo privatiza la enfermedad sino que ademas provee la cura. Byung Chul Han dice que la fórmula mágica de curación ha sido la literatura de autoayuda estadounidense, ya que "designa la optimización personal que ha de eliminar terapeuticamente toda debilidad funcional, todo bloqueo mental", una optimización personal que resulta ser una autoexplotación personal, en donde hasta el dolor debe ser soportable. No pain! No Pain! le gritaba el entrenador a Rocky mientras recibe golpes. La única manera de comprender eso es no pensar en el cuerpo y si en la mente, así que B.C Han de algún modo nos recuerda el anacronismo del concepto de biopolítica (sociedad que controla cuerpos dóciles) de Foucault para ser reemplazado por el de psicopolítica (sociedad que controla mentes dóciles).





Christian Marazzi tiene un frase complementaria con el pensamiento de Fisher: "El problema no está en el capitalismo en sí, sino en el capitalismo en mí". El capitalismo supo incorporarse en la mente para dirigir el cuerpo naturalizando el tipo de dominio a partir de necesidades y deseos. Del mismo modo que en la disciplina para Foucault representa el tiempo en el cuerpo, el posfordismo tambien lo hace enfermando de manera naturalizada.

Sin embargo, mas allá de mi angustia, hay una puja sobre el domingo, ya que muchos lo han perdido. Recordemos que la representación del mercado esparcida ya en millones de ciudades del mundo es el shopping mall, y éstos no cierran sus puertas el domingo pues la angustia puede ser suprimida (momentaneamente) por el deseo y, en consecuencia, por el consumo. Es decir, en un contexto de precarización del trabajo y en el que la ciudadanía aumenta sus obligaciones a la vez que pierde derechos, hay quienes ya no tienen ni ese día para compartir. La obtención de derechos parece haber quedado lejos en la historia, algo idealista de la modernidad. "El neoliberalismo convierte al ciudadano en consumidor. La libertad del ciudadano cede ante el consumidor" dice Byung Chull Han.

Así inicia el Guy Standing su libro Precariado: Una carta de derechos:


"Por todo el mundo, cada vez mas personas se está convirtiéndo en meros residentes con sus derechos de ciudadanía cada vez más cercenados, a menudo sin darse cuenta de ello o sin apreciar todas sus implicaciones. Muchas se unen al precariado, una clase emergente caracterizada por la inseguridad crónica, ajena a las viejas normas laborales y separada de la clase obrera. Por primera vez en la historia, los gobiernos están restringiendo los derechos a sus propios pueblos."

Lamentablemente las mismas universidades que levantan la bandera contra la reforma laboral y la precariedad de las condiciones de trabajo tiene la mayoría de sus docentes contratados por semestres colaborando con la precarización del trabajo y la inseguridad crónica que el neoliberalismo desea reproducir.

En una situación más baja aún, se encuadra el trabajo conocido como freelance. En Non stop inertia de Ivor Southwood, ese trabajo se muestra como una actividad frenética, una actividad sin fin en la que no siempre hay dinero, en donde la precarización produce la "liberación" del trabajador y el cambio de lenguaje laboral, en donde lo free es ser tu propio jefe, y para obtener pequeños trabajos debes mostrar entusiasmo a otros, y en donde la búsqueda de trabajo es también otro modo de trabajo. Haciendo que la apariencia de libertad sea en la de 24hs en la que ser tu propio jefe implica que la vida sea lo mismo que el trabajo.





La estabilidad parece quedar lejos a la vista cuando miro hacia abajo y me encuentro parado en un piso flexible como símbolo de precariedad, o cuando veo el continnum histórico de precarización que se ha naturalizado con cierto hastío y esperanzas de obediencia.

Estas conquistas del capitalismo se dan en el marco favorable en el que la izquierda cae (en los ochenta y noventa) ante el conservadorismo neoliberal y el capitalismo configura el posfordismo como nuevo sistema de creencias y de lenguaje hegemónicos.

Según Franco Bifo Berardi la izquierda aún habla en un idioma que solo puede comprenderse en el fordismo y por ende debe adaptarse a las condiciones del posfordismo. Una izquierda anacrónica y por ende disléxica. La idea de trabajo basada en la experiencia del movimiento obrero tradicional se desmoronaba a partir la nueva conciencia de los jóvenes obreros deseosos de libertad y ocio, y las posibilidades tecnológicas del sistema productivo.

En Generación Post-Alfa Berardi dice:

"La crisis de la izquierda que se manifiesta en el retroceso político de las fuerzas organizadas del movimiento obrero y progresista no es sino un epifenómeno de una crisis mucho más profunda: la crisis de la transmisión cultural en el pasaje de las generaciones alfabético-críticas a las generaciones post-alfabéticas, configuracionales y simultáneas. La dificultad de la transmisión cultural no consiste en la dificultad de transmitir contenidos ideológicos o políticos, sino en la dificultad de poner en comunicación mentes que funcionan según formas diferentes, incompatibles. La primera y más indispensable operación que se debe realizar es la de comprender la mutación de formato de la mente post-alfabética".
Los aspectos que muchas veces pasan desapercibidos por nuestras vidas muchas veces explican la ideología del posfordismo. El domingo es real e ideológico, tan capitalista como el amor, la familia, la depresión, el estrés, el ocio, el tiempo, etc, esto es lo que al fin y al cabo explica mi angustia hoy. Porque (repito frase) "El problema no está en el capitalismo en sí, sino en el capitalismo en mí".



Bibliografía recomendada:
- Mark Fisher. Realismo capitalista.
- Byung Chull Han. Psicopolitica.
- Franco Berardi. Generación post-alfa.
- Guy Standing. Precariado.
- Igor Southwood. Non Stop Inertia.

viernes, 26 de julio de 2019

Pop retrotópico: el no-future de Black Mirror y Back to the Future II en la cultura.

Idealizar el futuro a través de la utopía o distopía también es retro.


Para quienes recorrimos la infancia en la década de los ochenta, el futuro, esa idea de momento posterior al presente, era realmente pop. No estoy seguro pero aquella idea de que el año 2000 vendría acompañada de autos que se desplazaran en el aire provenía de Back to the future part II. La idea de dicho año como quiebre de la historia venía de la mano del pensamiento acerca de un desarrollo tecnológico y científico que cooperaría con la construcción y el despliegue de una nueva etapa en la que el progreso tecnológico salía de las fábricas para trasladarse a los aspectos de la vida cotidiana. Nada quedaba fuera de esta cadena significativa, que un VHS  (que era tragado por un tosco y ruidoso aparato gris o negro) trajera esta idea también cooperaba con la creencia en un futuro bañado en bienestar y progreso. Este futuro construído exclusivamente desde el deseo mas que desde las ideologías pintaba una utopía vacía de ideales, una utopía capitalista que monopoliza el deseo para reproducir su propia existencia y su propia lógica, como si la idea de Thatcher acerca de que no hay otra alternativa al capitalismo, que tendría lugar al poco tiempo, se estuviera anticipando.

Estos eran los signos del capitalismo posfordista asomándose invisiblemente en las narices de todos. La tecnología imponía (aún lo hace y allí radica el éxito) un modo de entender el futuro relacionándolo con una sensación ubicua de felicidad y progreso. Eso fue en el fondo una verdadera revolución.

En clave foucaultiana se pasó de las sociedades disciplinarias a la posdisciplinaria. De dominar los cuerpos a dominar las mentes. Eso que Frederic Martel en Cultura Mainstream toma de Joseph Nye para referirse al nuevo tipo de poder del imperialismo en plena globalización tecnologizada. La era del contenido es la era del soft power. Las ideas de una cultura hegemónica disfrazadas de contenido de entretenimiento. El enterteiment sería la clave para el nuevo ejercicio hegémonico global. Back to de future part II lo reflejó en aquellos momentos. La idea "utópica" de la tecnología al servicio del hombre no era mas que el deseo de una vida nueva y placentera que emergía a partir del desconocimiento sobre los avances tecnológicos. Los automóviles volarían... vaya idea de futuro nos deparaba la sociedad postindustrial.



En este sentido aquella utopía capitalista del futuro avanzado mejorando la calidad de la vida vista en Back to the future part II con autos, trenes y skates volando, indumentaria como camperas y zapatillas nike autoajustables (que se materializaron 20 años después), microondas que hacen de algo diminuto una sabrosa pizza, era la pauta publicitaria de un sistema que por la década del ochenta pretendía romper con el eclipse de utopías. Sin embargo, el futuro basado en el deseo material no parece ser mas que la presencia de una única utopía, la del capitalismo y esto es lo que permite la existencia de relatos negativos, distópicos, referente a la tecnología y su constante avance.

El futuro paralelo creado en las aventuras de Martin Mcfly en la que logra ver a su madre como esposa de Biff e incluso llora frente a la tumba de su padre es lo mas cercano a lo distópico, a Black Mirror, un futuro que muy poco se relaciona con progresos tecnológicos. El futuro es colorido, luminoso y tecnologizado, el futuro paralelo es netamente oscuro.


Back to the distopia.


¿Habrá sido la caída de la URSS, o la emergencia de los gobiernos de Reagan y Tatcher, o el éxito de la sociedad de consumo y por ende la publicidad? No lo sé, pero desde entonces, como un espejo, todo se reflejó hacia el pasado. Se trata de volver al pasado hasta para buscar viejos ideales.

La posmodernidad es la época en que se ha olvidado de pensar historicamente. La ruptura de la relación pasado-presente-futuro, y el auge de lo retro no es simplemente una tendencia que consiste en volver a viejas modas sino mucho mas profundo, la incapacidad de concebir un futuro que supere otro momentos históricos. El siglo XX se vió impulsado por la energía utópica de las vanguardias culturales y artísticas, energía que parece haberse agotado. Es como si todo se hubiera dado vuelta por exceso de velocidad. En el futuro ya no vemos sino las sombras de un pasado de barbarie y miseria que creíamos enterrado dice Franco Bifo Berardi en  Después del Futuro. En fin, la cultura (con su relación con el pasado) no parece estar atenta al presente pero mucho menos al futuro. Si hay una idea del mismo, es la idea de un futuro que existió en un pasado no muy lejano.

Cuando pensamos en el futuro ya no como una categoría de la temporalidad sino como algo propio de la cultura, surge la impresión de una mirada negativa sobre lo que vendrá y entonces la distopía es la manera en que hoy el futuro se materializa en idea. Series y películas se aventuran en estas especulaciones tal como Wells y Orwell lo hicieron con tanta certezas refiriéndose a nuestra era pero durante la primera mitad del siglo xx. Sin embargo, la distopía no solo se resume al aspecto del pop y del consumo del entertainment mainstream, lo distópico en nuestra era se ve además con la idea de vacío respecto al futuro y la posibilidad cada vez mas cercana de no pensarlo ni idealizarlo. La expresión de Franco Bifo Berardi acerca de una "Cancelación del futuro" es la mas adecuada para hablar la muerte de las utopías (o el anacronismo de las mismas) o el triunfo de la premisa "No hay alternativas al capitalismo" de Margaret Thatcher allí cuando se deseclipsaron las utopías. Desde el aspecto artístico, lo de Franco Bifo Berardi me recuerda a la ironía del artista callejero inglés Banksy en una de sus obras hecha en Boston en la que suspendía con la palabra "Cancelado" la expresión "Sigue tus sueños". En fin, las miradas catastróficas que películas y series tienen sobre el futuro no son mas que el síntoma de la ruptura entre el presente (cargado de pasado) con el futuro, en una era caracterizada por la nostalgia.





La distopía no se entiende solo por un relato de una sociedad con aspectos contrarios a una utopía. Lo distópico de hecho podría no existir en nuestra propia imaginación creativa puesto que no es mas que preveer los efectos de algunas características de la sociedad presente. Los regímenes conservadores ocultan sus intenciones imaginándose la sociedad que no quieren, no arrollan el status quo, lo sostienen, o bien vuelven a un pasado con el que se encuentran cómodos. La imaginación creativa solo se encuentra en los ideales utópicos que se plasman en una idea de una sociedad mejor a la que provoca su origen. Una, la utopía, así entendida, habla de causas para una nueva sociedad, al tiempo que la distopía, habla de los efectos que podría provocar una sociedad ya existente.

Como si la utopía fuera volver a las viejas utopías... la era del vacio retrotrae viejas ideas y costumbres... y tanto la añoranza como la nostalgia son los síntomas que se materializan en el mercado a traves de la moda retro de series, películas y bandas que remiten al pasado.

Black Mirror o películas como The Discovery ponen en relieve la contracara de aquella percepción de futuro vista en Back to the Future part II basada en el deseo capitalista desutopizante. Quizás recuperan lo que el historiador Enzo Traverso entendió como barbarie moderna, es decir el pensamiento tecnocrático e industrializado incorporado a usos que exceden la actividad productiva. El historiador lo aplica a la organización del exterminio nazi o mismo la idea de productividad que se ve en el ataque nuclear a Hiroshima. Charlie Brooker, creador de Balck Mirror, lo hace viendo a la tecnología posindustrial en la vida cotidiana a través de dispositivos smarts, redes sociales y plataformas, distorsionando los valores actuales, los actos humanos y las expectativas sobre una sociedad precarizada, poco lúcida, superficial y enferma. Una distopía centrada en la antigua temática del control y la disciplina extraída de Orwell y Wells pero aggiornada a la temática tecnológica.

Por otra parte, para Russel T. Davies, creador de Years and Years (nueva serie de HBO), el aspecto tecnológico se muestra como un detalle polémico tomando mas seriamente las cuestiones humanitarias, políticas y económicas. Una visión apocalíptica del capitalismo financiero acompañada por la naturalización de las relaciones homosexuales en algunos países. De hecho la historia de amor que atraviesa la mayoría de la primera temporada, esa que por lo general es contada a partir de los valores hegemónicos impuestos y representada por el duo hombre/mujer, no es más que la de dos hombres que se conocen en un refugio de inmigrantes. Years and years recuerda a las ideas aceleracionistas de izquierda.

El futurismo de Marinetti, esa corriente artística fascista italiana tomaba la velocidad proveniente de la máquina, de lo tecnológico, como algo positivo del siglo XX. En este sentido Charlie Brooker y Russel T. Davies piensan en clave Postfuturista del filósofo italiano Franco Bifo Berardi. Plantean que la aceleración ha empobrecido al mundo, ha despertado la violencia y la desigualdad, la represión y el pánico, tal como se puede ver en otras distopías como The Handmaids Tales.

La mirada constante al pasado parece de poco compromiso al pensar lo poco que eso se relaciona con una conciencia histórica... es una mirada anacrónica del pasado pedirle cosas que en el presente ya no puede dar. El entusiasmo es hacia el futuro es en el recuerdo y la distopía es una forma estética de volver al pasado sin ser retro.

La nostalgia hauntológica, ese espectro de Derrida, ese que puede denominarse futuro no presente deja de ser el espectro que vivió en una generación para pasar a ser algo transmisible de generación a generación. La nostalgia de lo utópico, aquello que definió a la modernidad, es hoy y será siempre (pues los fantasmas no desaparecen dice Derrida) una nostalgia transmitida. Casi del mismo modo que Walter Benjamin habla de experiencia transmitida y experiencia vivida, podemos hablar de una nostalgia que se transmite como única contenedora de los viejos ideales y costumbres

domingo, 26 de mayo de 2019

Imágenes de caminatas posmodernas: La ciudad posmoderna y sus motores.

Por Mariano Alvarez

Caminar en círculos y repetir patrones.

Mis caminatas son eso. Caminar en círculos y repetir patrones. ¿Hay algo que no tienda a cerrarse en la rutina?.

La zona por la que suelo caminar tiene veredas rotas, árboles de ramas viejas y hojas grandes, y muchos edificios nuevos que desde donde me pare puedo recrear algún tipo de escalonamiento. Esas pequeñas contradicciones de la ciudad moderna en la que hasta el árbol también es un explotado. Genera aire y oxígeno pero los edificios no permiten que el sol les provea de sus rayos.

Esta escena sombría y contradictoria es signo de la transformación provocada por la expansión de la zona comercial, y fundamentalmente gastronómica.

 No es la gentrificación del Soho de Nueva York o el mismo Palermo, aquí la gentrificación parece más un impulso de una clase media, joven, que prefiere vivir en el primer cordón que rodea la avenida mas importante de la ciudad y que estira el centro unas 12 o 15 cuadras.





El centro es el fastfood cultural. Allí está lo facilmente entendible para todos. Las casas de deporte despachante de zapatillas, las ferias, la venta de papas fritas con alguna salsa estrellada depositada en un cono de cartón, quienes piden dinero en la salida de alguna galería tras una pancarta marrón de cartón y letras suaves.

Esta segunda capa que acompaña a la avenida céntrica tiene un contenido diferente que apunta a otro tipo de consumidor, ese que le dedica tiempo al ocio y al entretenimiento siempre que venga acompañado por lo estético.

Los veo... me choco con ellos. Cruzamos miradas.

Esa es la parte posmoderna de la ciudad... la mas relacionada con la ciudad posfordista. Cuando mi padre vino a Buenos Aires fue a vivir a una villa de emergencia con un tío. Ya había pasado el fenómeno de formación de las villas en torno a los sectores industriales por la falta de vivienda por necesidad de mano de obra en Buenos Aires durante la década de 1930. 

Ahora, en la ciudad posmoderna, los edificios montados con materiales de relativa calidad se codean con establecimientos dedicados al entretenimiento como señal de atracción a una clase de trabajadores hedonista con las intenciones de un cibarita y la líbido en flor.

Por esta zona algunos comercios inconexos de compostura de calzado, verdulerías y pescaderías conviven en ese entorno arrastrando su existencia de otras épocas a un presente colorido y pintoresco, en el que la tiza del cartel de la verdulería en letras sans serif convive con la tiza del lettering de la cervecería.

Ese modo de existencia, el de la resistencia a los cambios, me recuerda a muchos profesores conservadores que se sorprenden por las nuevas generaciones de estudiantes y que aún quieren conservar sus costumbres dentro del aula como demostración de lucha frente a lo inevitable.

Lejos del Soho de Nueva York o de Palermo, la clase que motoriza la zona la forman fundamentalmente jóvenes que trabajan en los comercios de la avenida principal o de alguna empresa mas pudiente fuera de esta ciudad, parejas jóvenes y acomodadas que trabajan hasta tarde y que pasan por el supermercado chino antes de llegar a la casa con una bolsa que contiene comida para preparar rápidamente. Algunos de los dos será el valiente... No he visto señales de familias. En fin, en los sohos hay turismo cultural, aquí hay gente con una cultura turística.

El hedonismo, como satisfacción del placer, es histórico pero nunca fue tan protagonista de la historia como en estos momentos, en el que obtener placer puede resultar muy cómodo.

En fin, en esta zona por la que camino los diversos edificios conviven con lo gastronómico de moda, fundamentalmente cervecerías. Lo artesanal, lo casero, lo rústico domina la escena estética de estos lugares de paso. A las viejas cafeterías solo se sumó una cafetería de especialidad, la única aquí.



Mientras aquí, en mi ciudad, hay mas edificios, cervecerías y barberías que perros en las calles, camino esquivando mesas y caca de perro (hasta ahora pisé una vez). La caca de perro del dueño no responsable es debido a que los edificios admiten mascotas y como consecuencia también me choco con los dueños de esos perros cuando salen a pegarse grandes golpes de viento en la cara.

Como estereotipo de la familia de edificio estimulador de la zona de transformación comercial y cultural, el perro ocupa un lugar importante. En muchos casos el del hijo de la familia.

No son la elite de un proceso gentry, mas bien son las víctimas de la relación entre la cultura y el mercado en las ciudades a partir del diseño arquitectónico, la estética del lugar, lo cool del entorno inmediato. La ciudad no esta ajena a la posmodernidad. No se aleja de la conexión que Frederic Jamesosn plantea entre lo cultural y lo económico.

Las transformaciones de los estilos de vida y, en particular, los nuevos hábitos de consumo han sido utilizados como justificación de intervenciones donde el espacio urbano es progresivamente desprovisto de su carácter público.

Esta confluencia entre la ciudad entendida como mercancía y como empresa y, el papel central que juega la cultura de consumo dominda por el marketing del placer, sitúa lo económico-cultural en el corazón de la ciudad.

Mis caminatas no modifican nada, de hecho coopero con el espectáculo en el que todos están haciendo lo que desean en un marco de aparente libertad.

sábado, 4 de mayo de 2019

Barberías kitsch: Sobre la exagerada pretensión retro

Por Mariano Alvarez

En el postfordismo el consumo trasciende lo material hasta llegar a las experiencias del usuario, y lo retro es la moda que adoptan las barberías para simular un entorno necesariamente estético con pretensiones de consumo mas que artísticas.


Transformando el paisaje de esta ciudad se abrieron mas de 30 barberías en el último año, al menos eso pude contar en mi acotada y fatigosa investigación. Lo interesante no es solo la vista de lo nuevo sino la visualizacón de lo que transformó, desde locales impregnados de azul, blanco y rojo a las viejas fachadas de peluquerías improvisadas casi de modo desmontable con todo lo que se pueda relacionar con la moda de la barbería. Existe cierta capacidad de montar una barbería nueva en cualquier rincón de la ciudad, al mismo tiempo que la mayoría de las peluquerías preexistentes se amoldan a ese nuevo formato estilístico retocando y maquillando su imagen. Algunos lo llaman agiornamiento. 

Esas transformaciones se dan de diversas maneras hasta el punto de haber visto una peluquería de mujer con un gran cartel de Silkey en la vidriera y, a su lado colgaba una hoja A4 blanca que impresa en la tinta gris de una impresora con poca tinta decía: también somos barbería. Me hubiera gustado pensar en el uso irónico del cartel tanto como aquel meme que me llegó pero como no lo comprobé entra en la lista de las peluquerias preexistentes que se montan en la nueva ola.

Tengo mi experiencia particular de fines del 2018 cuando, con las expectativas mediadas por el tiempo, fui al nuevo local de mi antiguo peluquero. No es que lo haya reemplazado por otro sino que por un momento descreí de lo artesanal y seguí el pensamiento que dice que ninguna actividad es imposible de reemplazarse por un buen artefacto. En fin, compré una máquina para cortarme el pelo, una de esas que tienen muchas funciones. Es decir que obtuve el artefacto, llevé a cabo la actividad, pero la ausencia de habilidad (lo artesanal) definió que los resultados actúen como jueces que sentenciaron mi retorno a una peluquería.


Mi antiguo peluquero trabajaba en una tradicional cadena de peluquerías de mi ciudad, de esas en la que todos se visten con remera negra, pantalón de vestir negro y zapatos con punta del mismo color, y que desde la vereda se leen palabras como unisex, estilistas, peinados, shock, y que conviven junto a los logos de las marcas que se usan allí, también hay fotos y banners de mujeres y hombres en un primer plano de la cabeza, con peinados y pieles digitales con pretensión de realismo, como apelando al deseo de quien consume de poder pasar de la vida real al carácter digitalizado del cartel. Como un panóptico de consumo, en donde el usuario controla lo que ocurre allí dentro, las grandes vidrieras dejan ver todo el panorama descrito desde la vereda de enfrente sin muchas dificultades.


El nuevo local de mi peluquero se ve diferente, masculino al cien por cien. Desde afuera su cartelería no usa la palabra peluquería ni barbería sino "salón de corte". Hay gran presencia de negro por fuera con letras en vinilo recortado en cursiva, doradas y en tipografías elegantes, de las que son serif pero con formas y contrastes marcados. El nombre de la peluquería lleva su nombre propio, el antiguo sello en el que se confunde la persona con la marca.





Sigue usando el mismo peinado pero ahora lo acompaña con barba. El outfit es el mismo de antes. Resumido a "fullblack". Leo entre líneas que quiere volver a la vieja usanza en la que el señor se corta el pelo y la barba pero sin rotularse en términos que evocan a una moda quizás ligera, pues hay una historia en este peluquero (su padre también lo era en su barrio), hay muchos clientes y un buen servicio. ¿Por qué arruinarlo todo?. Habrá pensado "Se puede ser cool sin distorsionar el oficio".


Umberto Eco en Apocalípticos e Integrados dice que "el mal gusto se caracteriza por la ausencia de medida" las cuales varían según la época y la cultura. No tengo indicios de que este profesional de las tijeras y el peine negro haya leído eso pero, sacando el vinilo recortado dorado del cartel de la vereda, todo estuvo medido. 


Mi peluquero hace tiempo se dedica a esto. Debe saber que nunca antes los cambios de denominaciones del rubro fueron acompañados por una estética que impone nuevos colores, nuevos materiales, nuevas herramientas, nuevos conceptos, etc. Peluquero, coiffeur y estilista parecían ser lo mismo, quizás no... pero la estética nunca cambiaba. Sin embargo, con las barberías actuales no... se requiere completar otros items y la mayoría son acerca de la estética.

Pero quiero detenerme en lo del mal gusto o puntualmente en la cuestión estética y por ende en la parte artística de esta moda barbershop al menos aquí. En mi ciudad.

Ya todos hemos notado que el papel de la barbería excede la simple actividad de las tijeras u otras herramientas representativas del oficio (aunque convengamos que la máquina para cortar el pelo es la mas conveniente para la moda del nuevo viejo corte americano versión degradé). La barbería sale de la actividad para meterse en su aura, lo que la rodea, el servicio, la estética del ambiente... en términos de lo moderno diremos que se centra en la experiencia del usuario, es decir, eso que se experimenta pero que no te lo apropias para llevarlo a tu casa. Eso que toma valor en las redes sociales, casi como una escenografía de la vida digital. Eso me lleva a pensar en que alguien debería reescribir "La sociedad del espectáculo" de Guy Debord en clave posmoderna, postfordista y neoliberal.

Salir del servicio como mercancía y adornar su aura con estética retro (también mercancía), que muy bien combina con los filtros de instagram, es pensar en lo visual como algo primordial y por eso es que me meto en esta conversación para plantear que lo retro no puede ser digital. Vi una foto pixeleada de un barbudo notoriamente bajada de google en un cuadro. El simulacro retro fracasa al fundirse en algo desmedido. La pretensión estética cierra a modo de collage en el que lo mucho se convierte en nada. 

No soy ingenuo. Sé que la intención no es artística o estética, pero también sé que el arte o la estética ayudará a vender mas el servicio, así como el arte también coopera con la gentrificación de algunos barrios devaluados vendiendo propiedades a altos valores. Aquí entonces es en donde uno (de unir) un fenómeno de moda con un concepto que aplica a lo estético en contexto de consumo masivo: kistch.


Wikipedia define kitsch como un estilo artístico considerado «cursi» y «trillado», para Adorno los rasgos que lo definen son la inoriginalidad o imitación, el "deseo de aparentar ser". Por eso es que todas las imitaciones y copias son manifestaciones de lo kitsch. Se suele explicar que la palabra proviene de quienes no podían pagar una obra de arte pero querían tener algo, al menos una pizca de arte enaltecedor, y por lo tanto compraban el sketch de alguna obra, es decir los bosquejos. Lo que quedaba. Por esto es que se relaciona directamente con el consumo en una cultura de masas. En fin, cuando lo estético transformado en mercancía tiene la cualidad de ser entendida facilmente por cualquier persona entonces es kistch. Si suena elitista hay dos caminos: ofenderse o aceptar que estamos hablando de estética.


La pretenciosa estética retro que vi en los barbershops de mi ciudad parten, en su mayoría, de una imitación exageradamente digital, cuya desmedida es parámetro del mal gusto. Allí no rigen elementos vintages de una casa de antigüedades ni retros, sino aquella ley en la que
 Illustrator mata letrista.  

Sin embargo lo retro no es solo un abismo de modas pasadas que toman nuevos sentidos en el presente. Lo retro no es solo escuchar un viejo vinilo de la década del ochenta, ni ver antiguas series, o que Nike y otras marcas nuevamente saquen viejos modelos de zapatillas, lo retro es una estética que también se produce en el presente. Es una mercancía que puede viajar desde el pasado a la nostalgia del presente o desde el mismo presente nostálgico para evocar un pasado cargado de estilo frente al vacío contemporáneo. De aquí es que Simon Reynolds habla de la década del 2000 como la década re, destacando el concepto de remake,

cuya versión nunca es la original, pero su contenido nostálgico permite colonizar el presente.

La desmedida es la palabra barber repetidamente junto al diseño de la silueta de una barba hipster ploteada. Es la falta de artesanía de un letrista o signpainter, el salpicado de pintura rojiza en una chapa en la que se pegó un vinilo con un diseño retro emulando oxidación. Los colores del barber pole (ícono de la masificación de lo barber) empapelan la pared, la marquesina de la calle que con el sol castigando, el azul, rojo y blanco se transforma en violeta, rosa y gris... todo se parece al gato chino de la fortuna que acompaña la jornada laboral al cajero de un supermercado de la misma nacionalidad... todo es facilmente aceptable y entendible por quien consume.

Un punto importante ocupa la palabra barber. Palabras como coiffeur o estilistas tenían pretensiones modernas relacionada a lo último de la moda, sin embargo no requería una estética masiva unificada como si fuera una franquicia. Hoy lo retro que deambula en el consumo exige estética y la misma palabra barbería, barber, barbershop tiene un contenido estético y actualizado que exige ser utilizado en términos de cool. La ultima vez que había escuchado la palabra barbero antes de esta gran moda masiva fue mirando la película El Gran Dictador de Charles Chaplin hecha en la década del 30 del siglo pasado. La palabra evoca pasado y obliga a la estética nostálgica que se reproduce a traves de una imitación pero basada en programas de diseño como illustrator o photoshop.
 Lo kitsch es la reducción de lo artístico a lo facilmente interpretado para el consumo, es por eso que el vinilo, el ploteado y la cartelería que se gasta con el sol (de un rojo a rosa y de un azul a un violeta y del blanco al gris) le gana al signpainter o letrista artesanal. No por lindo. Sí por eficiente.


Bibliografía:

Apocalípticos e integrados. Humberto Eco.
Retromanía. Simon Reynolds.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Imagen de caminatas posmodernas: todo al mismo tiempo.

Por Mariano Alvarez

30-4 . 19:45hs 



Esto no es lo que venía haciendo para este espacio. Quise escribir sobre street art, gentrificación, el boom de las barberías y su arte retro pretencioso pero quedaron acumulados en la sección borradores de esta plataforma.

Guarda relación... lo cultural y lo ideológico sobrevuela las secuencias de lo cotidiano. Se impregna en la experiencia repetidas de lo que vivimos... entonces si de caminar por la ciudad se trata van a surgir cosas interesantes.

Una cosa lleva a la otra y hoy mi actividad física se acomodó a mi edad aunque así no lo quiera. Camino... lo mas que puedo... mantengo el ritmo... respiro... siento que lo hago bien... no siento el dolor de cintura... me motivo... y mas camino.

Zapatillas negras... medias indistintas... pantalón de algodón negro... remera indistinta pero larga... buzo o campera con capucha... eso oculta, no solo los auriculares, sino también mi normalidad... sale el alterego... ese que quiero que se conozca.

Tengo pensado que la gente sepa de un encapuchado que pasa varias veces a la semana caminando a ritmo... a contra corriente de los que caminan mirando vidrieras o dirigiéndose a sus casas luego del trabajo... lo pensé sin dudas.

Aventura urbana... al anochecer. 

Los reflejos que veo son de las luces chocando en el suelo... ya desparramadas con libertad pero encaminadas por las ranuras de las baldosa de esta vereda céntrica que monopoliza los pasos en los bordes de la avenida principal... millones de pasos diarios.

Un intendente local hace tiempo se jactó de haber hecho del centro de esta ciudad un shopping a cielo abierto... como si la idea noventosa del shopping (que siempre iba acompañada de la palabra center) haya sido superada por esta experiencia transformadora... Post-shopping quizás.

Miré el piso mucho tiempo... mis auriculares no se ven pero miré con complicidad a quienes cruzaba con los suyos... aunque ellos no notaban lo mismo en mí.

Acepté la idea melancólica del aislamiento de quien va con auriculares... la acepté para llevarla a cabo y ser conciente de que no estoy en contacto con todos pero pensando en un todo. Podrían hablarme que yo seguiría sin contestar y eso estaba incluido en mis pensamientos.

Eso no es melancolía aunque el escrito así lo parezca... la melancolía estética no necesariamente es el escrito de un melancólico... de hecho no podría haber caminado tan rápido siendo un fucking melanco.

Mi respiración, mis piernas y mis pensamientos desbordaban a la vez que agilizaban mi atención a cada cuestión lentamente... llegué a preguntarme por qué nunca antes me había propuesto recorrer estas calles y aventurarme al paisaje urbano de esta ciudad... eso de lo que hablo... la barbería de moda... la gentrificación... los edificios... las cafeterías y su gente conversando... la espera en las paradas de colectivos.

La masa camina diariamente...  y aunque no vemos huellas son millones las pisadas porque son millones las coincidencias en nuestras vidas cotidianas... y no porque somos uno solo (idea que me gusta pensar)... sino porque hicieron de nosotros uno solo... una masa uniforme.

Lo que soy no es lo que hicieron de mi.

Uniformidad dada por el transcurrir de las mismas experiencias... familia, escuela, amigos, trabajo, parejas, estudios... la misma comida, la misma bebida, la misma ropa y las mismas palabras... no digas que es natural y nada viene dado/impuesto de afuera... de modo que todo nos afecta conciente o inconcientemente.

Entonces ¿De que demonios se trata la vida? ¿Hay respuestas alejadas a la idea de pasar por esas instancias mencionadas como el transcurrir de una secuencia ordenada?. Es decir... no es dificil predecir la vida de un hijo si nuestras recomendaciones estaran ajustadas a nuestra propia experiencia... Podría ser una manera de pensar el pasado transmitido de Benjamin. ¿Era eso vivir en sociedad?

No nos hagamos los giles. Si la vida es nuestro tiempo... nuestro tiempo pasó allí... en esa secuencia... y ¿Qué hay de la creatividad?... y ¿Qué hay de lo que amas hacer? Cualquier respuesta no saldría del dogma de esta vida fragmentada.

Por momentos me tenté a sacar el celular con la excusa de fotografiar alguna pared customizada (ya no hay tanta pegatina como antes) o algo interesante... siempre en el fondo solo estaba la intención de chekear la llegada de algún mensaje, e-mail o notificación de instagram o twitter.

El hombre actual... ese posmoderno que en 20 años sera la primera generación de ancianos tatuados y conectados en la red... no es mas que un alienado naturalizado...  Preocupado y aislado... con créditos para pagar y redes sociales.

Aveces veo parejas en los autos... sus caras perdidas detrás del cristal miran hacia lados diferentes... sus ojos atienden cuestiones diferentes... sus caras serias y problemáticas describen una situación de cansancio... aveces hablan... la mayoría de las veces no... van preocupados. Eso no lo advierto cuando camino sino cuando manejo.

El problema de caminar en tu ciudad es conocerla... sin embargo encontré la fórmula para perderme... no desde lo geográfico... no se como explicarlo.

Solo miré al piso y me deje llevar por la secuencia repetitiva de cuadraditos de ocho centímetros por ocho centímetros que conforman las baldosas que se vuelven invisibles a mi... solo rayas borrosas... desenfoque parcial de lo que rodea mi visión.

Los cuadraditos cambian de color según las luces de los autos y las marquesinas... y también cambian su humedad según su uso peatonal... yo solo miro y por lo tanto solo voy llevando esa humedad que me sigue como la estela que una lancha deja en el agua.

Los sentidos no hacen mas que transformar cada momento en una postal que queda en el olvido a los pocos segundos.

Ahora escribo desde mi cama con las piernas cansadas y la mente entre entusiasma e intranquila... mañana trabajo temprano.

miércoles, 17 de abril de 2019

3 películas de ciencia ficción utilizadas para la crítica de la cultura capitalista

Slavoj Zizek, Byung Chull Han y el libro Rebelarse vende han intentado explicar la ideología y el comportamiento de la sociedad consumista utilizando en algún momento estas películas para el análisis, pasando del consumo al control, de la publicidad a la idea de verdad, de la ideología a la sumisión.






"Baudrillard afirma que un producto de consumo es algo tan abstracto que la economía no es nada más que un sistema de signos. Las «necesidades, que expresamos a través del mercado no reflejan ningún deseo real subyacente, sino que son una manera de conceptualizar nuestra participación en el sistema simbólico. De hecho, la idea de tener "necesidades" es un "pensamiento ilusorio" producido por el mismo ensueño que nos hace creer que estamos consumiendo "objetos"."

"Tengamos en cuenta que un punto central del cual partir para la crítica anticapitalista consiste en tratar el consumo y la producción como dos procesos completamente independientes, por esto es que la revista Adbusters, por ejemplo, ha obtenido una notoriedad mundial con su campaña para instaurar el Día Mundial del No Comprar, aunque ignoró el hecho de que no podemos evitar gastar la totalidad de nuestros ingresos. Si no lo gastamos nosotros mismos, mientras lo tengamos en el banco lo gastarán otras personas. Lo único que podemos hacer para reducir el consumo es reducir nuestra contribución a la producción. Pero, claro, el Día Mundial de No Ganar Dinero no sonaría igual de bien."

Fragmentos extraídos de Revelarse Vende.

Aquí les van los trailers y los links de cada película




Pleasentville
1999

David Wanges, un joven de la década de los noventa, tiene una verdadera adicción por una serie de televisión de los cincuenta llamada Pleasantville. Una noche, durante una lucha con su hermana por el mando del televisor, ambos son teletransportados al mundo perfecto de Pleasantville. En ese mundo sólo existe el blanco y negro: pronto el perfecto equilibrio de este lugar empezará a tambalearse con la llegada de estos nuevos ciudadanos.









They live
1988

Un trabajador encuentra casualmente unas gafas que permiten ver a las personas tal y como son. Gracias a ellas descubrirá que importantes personajes de la vida política y social son en realidad extraterrestres. Durante su particular cruzada podrá observar cómo estos alienígenas han ido sembrando el mundo de mensajes subliminales con los que pretenden convertir a los hombres en una raza de esclavos.









1984
1984

El futuro, año 1984. Winston Smith (John Hurt) soporta una abyecta existencia bajo la continua vigilancia de las autoridades de la Oceanía totalitaria. Pero su vida se convertirá en una pesadilla cuando pruebe el amor prohibido y cometa el crimen de pensar libremente. Enviado al siniestro “Ministerio del Amor”, se encuentra a merced de O’Brien (Richard Burton), un cruel oficial decidido a destruir su libertad de pensamiento y a quebrantar su voluntad.




sábado, 6 de abril de 2019

Punk not dead. La deconstrucción punk durante el conservadurismo ochentoso

Lejos de un artículo de música o subculturas, aquí escribo sobre el rearmado cultural necesario en contexto de crisis, un mínimo aporte acerca las transformaciones de algunos movimientos juveniles en tiempos conservadores como los de hoy.

6/4/19


En algún punto de la primera mitad de la década del noventa tuve, junto a unos amigos, un programa de radio. Una de las pocas publicidades que logramos tener (seguramente la única) en aquellas épocas de puberto-libertad fue la de una disquería de mi ciudad. Quizás la mas underground. O quizás no, pero el trato que hicimos me permite mantenerla entre mis recuerdos de ese modo.

Para esa época en mi ciudad había alrededor de 6 o 7 disquerías. Las mas cercanas a la estación de trenes eran mas populares al momento de seleccionar su clientela: la masa de humildes trabajadores que atravesaban ciudades en un descascarado tren, que combinaba el colorado óxido con un amarillo retro, y que a partir de la gran demanda ofrecía servicios hasta en su techo, como símbolo de la precarización laboral del neoliberalismo ochentoso y noventoso que se instalaba como una espina en el talón. Desde la vereda de esas disquerías se escuchaban ritmos de cumbia, folcklore, clásicos hispanoparlantes como Dyango o Jose Luis Perales. Allí mi madre solía hacer varias paradas.

También estaban las disquerías que rodeaban la plaza, a una cuadra de las anteriores pero mas cerca de la avenida principal, que por lo general se encontraban en galerías céntricas y que con espejos en el techo y en las paredes atraían a un público consumidor del mainstream nacional e internacional. Éstas ofrecían un poco de clásicos por aquí, una pizca de canciones de moda instantánea por allá (podríamos hacer mención de Macarena) y en algún espacio de una batea se le dedicaba al rock under argentino que por lo general estaba seguido del punk mainstream como Ramones o Sex Pistols. Estas disquerías perseguían al cliente cool, ese que llegaba en auto a la zona céntrica de la ciudad y se compraba un cassette por un hit radial.



La disquería que publicitábamos se llamaba Rockhouse y geograficamente era una disquería intermedia. Estaba en una galería a media cuadra de la estación y a media cuadra de la cara mas oscura de la plaza (la otra cara da a la avenida mas importante que antes mencionaba). El arreglo que teníamos no era monetario. Solo consistía en que nos pagaba con grabaciones de discos. Por lo tanto, el hecho se consumaba con un traspaso sonoro del CD de ellos a nuestro casete virgen. Nosotros indagábamos las bateas y elegíamos, ellos grababan lo que pedíamos. Si... Lo sé... Seguramente están pensando que en esa negociación estábamos perdidos, pero es sólo porque aun no mencioné que nuestra radio tenía una llegada de 150 metros a la redonda en una ciudad que se encontraba a unos 10 kilómetros de la nuestra. ¿Qué vecino de aquel barrio viajaría 10 km para comprar un disco? Es por eso que hablo de underground desde un principio. Ambos sabíamos que nadie ganaba pero que en esa alianza había una intención compartida, una complicidad, ¿Una conciencia under? No lo sé.

Por nuestra parte, con una imagen propia que iba de perdedores a entusiastas excitados, accedimos a varios discos provenientes de aquel acuerdo pirata. Dos de ellos quedaron en mi mente. Uno era I Against I de Bad Brains. Eso fue novedad para mi mente y mis oídos. Ecléctico por donde lo veas. Solo podía saber lo que pensaban y lo que decían a partir de los títulos de las canciones, cuya letra escrita con la tinta azul de una lapicera de pluma por el empleado sobre los renglones del cartón de la caja del cassete, conforma una imagen cuasi fotográfica en mi mente que puedo ver pero no describir con seguridad. La comprobación de mis sensaciones respecto a dicho disco surgió a las semanas, luego de leída una reseña de una revista (no recuerdo su nombre) que había comprado en la galería Churba de la ciudad de Belgrano, en la capital del Buenos Aires.

Bad Brains es una banda de rastafaris afroamericanos de los suburbios de Washington DC pero que en 1981 se radicó en Nueva York para cambiar su escena. Destreza musical y personalidad carismática en su cantante llamado HR (Human Right) son algunas cualidades propias. Pero el punto estaba en las temáticas de las canciones y en lo ecléctico de su música que pasaba por el punk, ya devenido en hardcore old school, a canciones reggae lentas y extensas como I and I Survive que aun la escucho. ¿Qué hacía aquel disco en mi ciudad? No lo sé, quizás estaba para hilvanar esta historia.

Bad Brains es una de esas bandas de jóvenes que formó parte de la segunda oleada punk centrada principalmente en Nueva York cuyo fin último era transmitir un mensaje político tan inmerso en la realidad como alejado del idealismo apocalíptico de los orígenes del punk. Que ellos hayan cantado acerca de los derechos humanos y los derechos del animal en momentos de gobiernos conservadores que apiedraron la contracultura de los sesenta no es incomprensible, pues comprender un movimiento ignorando el ingrediente esencial que aporta el contexto es simplemente ser inocente frente a la comprensión de nuestro propio recorrido en esta vida.



Para los ochenta la cultura estaba dando un viraje hacia la derecha y la izquierda se vio entre la parálisis, el desencanto y el estancamiento, mientras los gobiernos de centro izquierda de Callaghan y Carter ya habían sido desplazados casi simultaneamente por los de Margaret Thatcher y Ronald Reagan en Gran Bretaña y Estados Unidos respectivamente. Aquí en Argentina esa derecha neoliberal llegará al poco tiempo.

Flexibilización laboral, privatizaciones y desregularización de la economía configuraban el orden natural de las cosas con esos gobiernos neoliberales, por ende profundizar las diferencias y jerarquías sociales resonaba atractivamente en los mas pudientes. La nueva derecha de los ochenta se imponía sobre lo que la década contestataria del sesenta había dejado en la cultural y lo social. La postura de Ronald Reagan y Margaret Teathcher era reacia frente a la contracultura y los cuestionamientos de la clase trabajadora... Reagan en 1981 despidió a 11000 controladores de tráfico aéreo de 13000 que habían iniciado una huelga, a partir de ese momento además quedaron inhabilitados para trabajar para el estado. En fin, Ben Nadler en su libro Punk: NY 1981-1991 nos permite imaginar casi fotograficamente ese entorno cuando dice que "todo daba la apariencia de que se aproximaba una guerra".

Mientras el viejo punk se había hundido solo en las leyes del mercado y el cuestionamiento antiestablishment vacío de propuesta, el presente exigió a la juventud punk no mainstream algunos reajustes en los ideales. El primer punk había sido determinadamente negador por lo que no llevó mucho tiempo en generar una unión, sin embargo al preguntarse ¿a favor de qué estamos?, se desintegró dice Nadler.

Si bien el conservadorismo ochentoso significó un duro golpe a las contraculturas, el mismo contexto lo obligó a reformularse, lo empujó a la actividad de deconstrucción que tan lejos se para de la idea de muerte. La necesidad de mantenerse vivo propone revisiones que se acomodan a los presentes y sus demandas, por esto es que Nadler también da a entender que si el punk no murió es solamente porque "estamos dispuestos a cuestionar su pasado y su futuro, y a darle un nuevo significado". La actividad de deconstruir justamente es la que pretende demostrar una estructura conceptual con ambigüedades, fallas, debilidades y contradicciones para reconceptializar y resignificar los ideales.

Si hubo una muerte del punk, lejos estaba de aquella que da fin a la existencia como propone la religión. Mas bien sería la muerte como proceso de transformación, una muerte unida a la vida. Una muerte a la mexicana. Colorida y renovadora.

La transformación llenó el movimiento de nuevos contenidos, significados y símbolos. El nuevo sentimiento punk abandonaba el volatil idealismo para mirar una realidad que necesitaba cambios con urgencia. Por este motivo es que tanto en el postpunk como en la segunda oleada punk hay contenido real y problemático. La época así lo demandaba. Se sabía contra qué se estaba yendo porque existía una dirección hacia a donde ir. No es mas que lo que para Marx es la ideología, aquello que se mueve por debajo de la conciencia y de la experiencia, el sentido común ordinario.



En fin, de aquel viejo punk setentoso no solo reposó su subsistencia en ese desprendimiento punk hardcore neoyorquino de los ochenta, representado por jóvenes de la clase obrera, sino también el postpunk proveniente de la bohemia underground de clase media que también crecía en Londres. Muchos integrantes del postpunk eran provenientes de la escuela que subsidiaba el Estado. Una de las diferencias radicaba en que el nuevo espíritu punk pretendía mantener la música accesible, directa y sin pretensiones, y el otro se trató definitivamente de una vanguardia que como tal, decidió romper con la tradición incorporando la electrónica, el noise, el jazz y otros géneros, algo que los llevó a ser acusados de elitismo. No solo en la temática musical les cabía el título sino además por las técnicas del arte vanguardista como el cut-up o el collage, que fueron empleadas tanto en portadas de disco como en la metodología de producción lírica. Había un contenido de arte dentro y fuera de la música centrado en el conocimiento pero con una actitud anti-intelectual.

La idea de la cultura alternativa anticonservadora es el hilo conductor en las profundidades del pensamiento de ambas subculturas. Mas en la superficie la continuidad se recorta con una variada disparidad en las prácticas y en la propia concepción de arte. El punk mas panfletario y directo, con mucha influencia en bandas como Crass (inglesa) de perfil ideológico netamente anarquista, mientras que el postpunk merodeaba en temas puntuales sobre la vida cotidiana considerando que "lo personal también es político", consigna que en los setenta el feminismo elevó para poner en portada temas como la sexualidad, el rol de la mujer y la legalidad aborto. El postpunk pasaba por temas como el consumismo, las relaciones sexuales, la normalidad incuestionada, etc. Si bien participaron de festivales como Rock Against Racism intentaban mantenerse alejados de consignas tan simples como directas y generales. En comparación con esto las bandas punk eran las que participaban en el festival anticonservador Rock Against Reagan, como los icónicos Dead Kennedys (estadounidense). Unos contra una problemática mas amplia, otros directamente contra el gobierno del momento.



La deconstrucción presenta a ese punk como una juventud anticonservadora que puso nombre y rostro a lo que el antiguo punk había llamado establishment. Thatcher y Reagan eran ellos. No resulta difícil encontrar ambos rostros devenidos en íconos de la lucha.

El rostro de Reagan en stencil sustituía el significado de la política destructora de la era.  Aunque parezca común y también fetiche, el rostro de Reagan en un flyer o cartel era un ícono que, hecho con la técnica handmade stencil o collage, era además el mensaje necesario de un grupo que no necesita lo que proviene de afuera: algo así como la necesidad de no necesitar de otro. Otro aspecto del mundo del fetiche en el submundo del punk ochentoso neoyorquino es el constante uso de la palabra "Youth" (juventud) como si se tratara de plantar una identidad etaria pero despersonalizada. Un ejemplo es el de la banda Reagan Youth, la cual hacía alusión irónica a las juventudes hitlerianas. Aquella palabra fue signo representativo de la lucha del momento.

Esa juventud fue, es y será la minoría amenazante que mortifica el ojo cosificado del espectador y molesta a las costumbres naturalizadas. No entendida, ni esperada. Esa que la cultura hegemónica no espera reproducir. Ese adolescente que cuando un adulto lo toma del hombro para "guiar" se mueve veloz e improvisadamente diciendo: "Estoy bien, no me toques". Me animo a pensar que por eso es que Reagan, en el papel adultocentrista, planteaba que el problema de la educación era la falta de autoridad.



En este proceso de deconstrucción el postpunk ya había creado el relato de su propia existencia que los legitimaba como grupo. Ellos eran el resultado del fracaso del punk. Según esta vanguardia, dice Simon Reynolds, "el punk había fracasado por atentar contra el status quo del rock apelando a la música convencional. Los artistas postpunk tomaron distancia de tal postura, bajo la creencia de que "contenidos radicales exigen formas radicales"". En fin, musicalmente se invirtieron algunos roles de instrumentos. La música fue mas minimalista acercando esta idea estética al principio proveniente de la arquitectura moderna mas conocido como "menos es mas". Para Reynolds, David Bowie fue la inspiración que alimentó el ethos postpunk del cambio constante, ya que yendo a Berlín para la grabación de Low y Heroes planteó un alejamiento musical y espiritual con Estados Unidos.

En respuesta al viraje a la derecha, se había intentado construir una cultura alternativa con una infraestructura independiente de sellos, distribuidoras y disquerías. Así es que nace y se propaga ineludiblemente como el agua en las marcas de las manos el espíritu y la actividad DIY (hazlo tu mismo) acercándose a la difusión clandestina de la literatura prohibida en el régimen soviético llamada samizdat. En NY, Bad Brains instaló una tienda/sello DIY (Rat Cage Records) en el sótano de su casa en 171-A en Av A, con el cual registraron el primer disco de Agnostic Front y se realizaron las dos primeras grabaciones de Beastie Boys. 

Mas allá de las diferencias, detrás de la música se llevó a cabo un gran marco de guerreros culturales, facilitadores e ideólogos que fundaron sellos discográficos, trabajaron como managers de bandas, publicaron fanzines, promovieron recitales y organizaban festivales. Aquí el prefijo post plantea una doble mirada, ya que no es solo la superación de algo como dice el filósofo italiano Gianni Váttimo para definir posmodernidad, sino que además imprime una miraba al futuro. Lo post no es solo en referencia a un pasado ya eludido sino principalmente una alusión al presente y al futuro.

Perdón... lo olvidaba. El otro disco que recuerdo de aquellas grabaciones para la radio además de Bad Brains es Juguetes para olvidar de Massacre...


Bibliografía:

Ben Nadler. Punk: NYC 1981-1991. Montacerdos editorial.
Simon Reynolds. Retromanía. Caja Negra editora.
Simon Reynolds. Después del rock. Caja Negra editora.

Hauntología 2019

Cuando imaginar el fin del capitalismo parece más difícil que asumir el colapso, habitamos una era donde la protesta se volvió meme y la com...