Cuando la ciencia ficción comenzaba a popularizarse a través del morbo que las distopías plantean y éstas se transformarban en la repetitiva idea de la tecnología y sus aspectos negativos en la humanidad que una gran cadena del enterteinment como Netflix comercializó (tomo aire), se encontró con su propio techo. Black Mirror, esa serie que nos llevó a pensar en el futuro tecnológico, no fue mas que una suma de relatos para redundar en lo mismo. Hoy, en 2020, la serie Years & Years (2019) terminó siendo la que redoblaría las apuestas al momento de hablar sobre el futuro cercano (el presente) como contradiciendo todo lo anterior y disparando lazos con la realidad de este comienzo de la segunda década del siglo XXI. Fue como que nos hayan tomado del mentón para girar la cabeza y decirnos que los peligros son otros. Si la ciencia ficción nos habla sobre el futuro es siempre con los pies apoyados en el presente, en fin utiliza un tiempo llenos de preguntas para traerlas a nuestra vida actual así como está. Con estas características.
Vi en Years & Years el giro que practicamente hace Kierkegaard en la filosofía. El sujeto deja de mirar lo que lo rodea para mirarse a sí mismo en lo mas profundo, en su propia existencia. Me gusta pensar que Y&Y es como una distopía antropocéntrica, en la que el hombre es mas protagonista que la tecnología y sus consecuencias.
Si, como se ha dicho en el libro de Nisbet, en la historia del progreso se ven dos grandes corrientes, una que plantea el progreso como el desarrollo técnico y otra como el desarrollo de los valores humanos, vemos que la mayoría de las distopías muestran al hombre alienado por la tecnologia tomando entonces una de éstas idea de progreso para cuestionarlo. Son historias en las que la técnica es la protagonista del progreso pero también de su negativo pesar.
En Y&Y la tecnología avanzó y causa problemas como la transhumanización pero esto no es mas que un aspecto que se suma a la gran crisis de la humanidad, la precarización laboral, la continua repetición de los cierres de bancos que estafan, la discriminación racial tomada como bandera por partidos políticos, el inmigrante como un problema, todo se asimila mas a un presente en el que la tecnología no parece culpable ni de la pandemia, ni de la discriminacion o de la violencia policial a los negros, ni mucho menos de la imparable ampliación de las desigualdades sociales. En la serie, al igual que en el presente la política es un show con políticos que tienen fuerte presencia en los medios de comunicación. Y&Y tan centrada está en la humanidad que la historia de amor principal es homosexual.
Esta forma de ver el "progreso" definida dialécticamente entre el hombre y la tecnología ayuda a salir de la dualidad que se muestra al comenzar el libro "Historia de la idea de progreso" de Nisbet. Sale de esta dualidad porque no se centra en la oposición entre valores del hombre y tecnología. En última instancia este tipo de distopía no hace al hombre víctima sino de artesano de su propio futuro en el que la misma racionalidad también se ve entre signos de preguntas.
Una distopía antropocéntrica en un presente como éste nos plantea un alerta y la necesidad de comenzar a preguntarnos sobre qué pasará con nuestro futuro y no con el futuro de la tecnología avasalladora. Por otro lado y de modo aún mas urgente, centrar el progreso en los valores del hombre y no en la tecnología implicaría que la civilización misma se vea negada (una civilización bárbara) y que el progreso no sea mas que retroceder ya que las ideologías segregacionistas extremas son los problemas por lo que se había pasado en el silgo XX. Se suponía que a veinte años del siglo XXI aquellos sería problemas anticuados que nos dejarían un legado de enseñanza. Avanzar con la igualdad de derechos hasta naturalizarla no es un tema tecnológico.
jueves, 11 de junio de 2020
sábado, 15 de febrero de 2020
María Luisa Bombal y yo
Mi infancia fueron las historias de
mi abuelo, y mis amigos los libros.
Por Yessika
María Rengifo Castillo
Hablar
de María Luisa Bombal es hablar de mi amigo el televisor al que le huido por
años. Una tarde de octubre, mi amigo lejano el televisor se había posesionado
de mi mente al escuchar la voz de aquel hombre, que por osadía se había atrevido
a invadir la casa del gran Neruda con la intención de que este leyera su
primera obra. Sí, Antonio Skármeta y su
Cartero de Neruda esa tarde desde una torre papel me presentaron a María
Luisa Bombal. Escritora por naturaleza, esa abeja de fuego que bautizo Neruda,
la niña que odiaba la niebla, la amiga de Borges y Macedonio Fernández. La
alcohólica a la que se le extinguió su vida esperando el premio nacional de
literatura chilena.
Y
es que cada día devela un suceso que marcará el transitar de los
visitantes que por arrogancia, y
egolatría, se han creído los dueños del planeta. Planeta que siempre ha estado
lacerado una y mil veces, respondiendo a la ofensa con las mejores violetas. Un
8 de junio de 1910 este mundo chambón y
jodido como diría el sentipensante de ojos esmeralda, el que se pierde en la
multitud por temor a ser catalogado como una figura “importante”, el que
escribe para quienes no pueden leerlo, los de abajo, los que esperan desde hace
siglos en la cola de la historia, no saben leer o no tienen con qué. Mi gran maestro, mi amigo, Eduardo Galeano.
Nace María Luisa Bombal la bisnieta del primer cónsul alemán de Santiago de
Chile, de apellido Precht. De modo que por el lado de su madre venían de los
alemanes de Valparaíso que años más tarde se irían a Viña del Mar. Por el lado
de su padre, los Bombal llegaron a Chile huyendo de la dictadura de Rosas,
muchos años después la dictadura de Rosas la impactaría, pero en la niñez las
historias de su crueldad se convirtieron en una leyenda para ella. María Luisa
nació en el paseo monterrey que era precioso, cubierto de madreselvas, los
señores se paseaban conversando y los niños iban al mar. ¡Viña era una
maravilla!...Un día, hace como un año,
fue y casi se desmaya de asco, todavía está la casa de su niñez, pero
todo pavimentado, con los autos allá arriba y una estación de servicio en la
esquina donde vivían los Segnoret. En esa época, Viña era la ciudad jardín,
ahora le llaman la ciudad jardín, pero están muy equivocados. De los olores de
Copihues, los vuelos de las mariposas, y el susurro del viento no queda nada.
Con
esos cómplices de aventuras, con los que se discute tanto y se quebrantan
juramentos, los hermanos. María Luisa descubrió el arte del juego que se
traducía en las inauguraciones que hacia el neno Dittborn a los castillos de
arena, en las noches de Viña. Y en esos juegos de ires y venires se le ocurrió
a los 8 años escribir sus primeros poemas que eran malos, dice ella. Cuando se
los enseño a su tío Roberto dijo: “¿Por
qué esta niñita no escribe sobre los copihues colorados? ¿Qué lata copihues
blancos! ¡Qué tontería!” Lo que no había visto el tío Roberto era que para
María Luisa, los copihues blancos y la lluvia eran la verdadera acogida del sur
de Chile.
La
música también se convirtió en un pasatiempo a los 8 años de María Luisa
Bombal. Empezó a estudiar violín con Paco Moreno quien decía; que ella tenía
buen arco, pero él descubrió que ella tocaba de memoria porque la cabeza nunca
le dio para la música. Decidió no estudiar más violín o era la literatura o la
música, no podía hacer las dos cosas con la misma pasión. La literatura fue la
vencedora de ese maravilloso juego de ajedrez que inicio la abeja de fuego de
Pablo, quien se apasiono por la literatura gracias a su madre quien leía a sus
hermanas, y a ella, cuentos alemanes. Así, crecieron leyendo todo lo nórdico,
todo lo alemán, más que lo chileno, aunque nunca dejaría de leer a su
grandes amigos Gabriela Mistral y Pablo
Neruda. Su madre la había enviado al mundo de las letras en el que se
inauguró con su primera obra; una
tragedia de amor que sólo se la mostro a Ricardo Güiraldes que era muy amigo de
su familia, y desde entonces la empezó a llamar colega.
Siempre
han pintado la niñez como la etapa de los colores rosas y no es cierto; los
niños y las niñas son mundos llenos de interrogantes por develar. Y en esos
interrogantes por develar; María Luisa se enfrentó a sus nueve años con la
muerte de su padre, ella era su hija predilecta, y la niña de sus ojos. María
amaba tanto a su padre, que con su
partida comprendió que la muerte es parte de la vida, y sería su compañera
eterna. Al recordar viene a su mente las palabras de unos de sus tíos que
siempre decía: “si le sacan al retrato de tu padre el bigote serás igual a el”
esa noche María Luisa reafirmo; que ella era la continuidad de su padre o eso
pretendía ser.
En
contraste con la infancia de la maravillosa María Luisa Bombal, esta lectora
compulsiva hoy se va tomar el atrevimiento de igualarse a ella, y empezará a
describir aquellos eventos que le han permitido consolidarse en el ser humano
que es. Entenderá María Luisa, que es necesario abrir el arcoíris del pasado,
que es el único que ayuda a mirar quiénes somos en esa búsqueda constante e
infinita del ¿Por qué? y el ¿Para qué? Factores
esenciales a la hora de asumir esas polifonías del universo.
Mi
vida es el reflejo de aquellos que están y no están…
Mis
padres se conocieron una tarde de abril en el parque los periodistas. Desde ese
día quedaron completamente flechados; la música de Ana y Jaime, Piero, Silvio
Rodríguez, Pablo Milanés, Víctor Heredia, Alberto Cortés, los libros, el café,
y los anhelos de cambiar el mundo los unieron aún más. Un año después se
casaron; de esa unión nacieron Andrés Felipe, que es un excelente diseñador
gráfico, el hermano mayor que cualquiera quisiera tener. Sus palabras siempre
están llenas de dulzura y de esa búsqueda incansable de que todo puede ser
mejor, como olvidar a mi ingeniero favorito, al amante de Serrat, al devoto de
las matemáticas, mi amado hermano Joan Sebastián, uno de los seres humanos más
trasparentes que mis ojos han podido contemplar, gracias por seguir sacando mi
mejor versión.
En
medio de esos dos hombres maravillosos estoy yo; la soñadora, la amante de los
libros por naturaleza, la seguidora del teatro, la música, y la que cree que la
educación es la clave para cambiar todo. Y es que el Dios del universo en el
único que creo, se le ocurrió que debía venir al mundo un 8 septiembre a las 8
de la noche y para rematar estrellado. Mis primeros años de vida trascurrieron
en familia, esa que ha sido y sigue siendo mi faro en tiempos de luz y
oscuridad. Cuando cumplí cuatro años mi mamá empezó a enseñarme las famosas
vocales, recuerdo el primer libro que tuve en mis manos fue el principito, del
cual me enamore, y cuatro años más tarde ya sabía leerlo. Y sí, empecé a leer
cuando tenía 8 años: de improviso, sin seleccionar ningún libro. Como no
hacerlo, si el tercer hombre de mi vida, mi abuelo, no pasa un día sin leer desde
que tengo uso de razón le he oído una y otra vez, decir: “leer es la caja
mágica que los hombres le robaron a Dios.” Y que gran robo le hicieron; este
mundo monótono, hostil, y con rendijas
de esperanza no sería lo mismo sin los libros. El caso era que sólo me
interesaban cinco cosas: leer libros, el cine, la música, el teatro y la
educación. Esas grandes cosas, siguen sacando mi mejor yo. No concibió mi
caminar sin ellas, es que me encadene de por vida a un noble pero impecable
amo.
Yo
no lo sabía, empecé a leer, ver, y escuchar,
todo aquello que se me cruzaba en el camino, en un inicio fue divertido.
Dejo se serlo cuando descubrí la diferencia entre seleccionar buenos libros,
películas, música y obras de teatro. Ese
día cayeron las cadenas a las cuales me había encadenado por convicción, y como
renace el ave fénix; renació en mí, el arte de redescubrir el abanico de
colores que sólo pueden brindar las artes.
Así
como algunas bailarinas de ballet practican cuatro o cinco horas diarias el
lago del Cisne, igual me ejercitaba yo en mi mundo literario, cinematográfico y
dramaturgo. De la mano de mi abuelo, mi compañero fiel, que sigue creyendo que
nací con una misión especial, aun cuando insisto que mi única misión es ser una “buena” visitante del planeta.
Siempre
he dicho, que la biblioteca de mi abuelo es la caja de cristal, con la que
aprendí y sigo aprendiendo a mirar el universo. Y mi madre la mujer más sabía
que mi cerebro y mi corazón han podido escuchar, y desean seguir escuchando
mucho tiempo en compañía de mi padre, mi viejo, que sea esmerado tanto, porque
descubra el lado azul de la vida en medio de la tormenta.
Me
encanta mirarme al espejo y descubrir que sigo siendo: amante a las violetas, a
los días lluviosos, a los libros, al cine, al teatro, a la música, a la
educación, a la aromática, a las mejores sopas que podido tomar hechas por las
manos que vienen del cielo, mi madre. Abrazar, besar y oír a mi abuelo, aunque
él diga que ya no tiene nada que decirme. Quitarle las gafas a mi padre cuando
se queda dormido leyendo la prensa, amarrarle los zapatos eso me hace sentir
que crecí, aunque en el fondo quiero seguir siendo su niña. Ver fútbol con mis
hermanos, jugar a la guerra de las almohadas aunque sean ellos los que siempre
ganan. Al cuadro de mariposas que me obsequio mi padre en ese deseo absurdo de
tener un fragmento de paisaje, a la medalla de la virgen de la Soledad que me
obsequio mi padrino. A los besos,
abrazos e historias de mi sobrino
Daniel, que a sus seis años pinta mejor el mundo en palabras, que yo. A las
cálidas conversaciones de mis amigos, a
los sauces que habitan en la finca de mi tío, a los perfumes de rosas, a los
amaneceres y atardeceres del llano, al ladrar de los perros, a la vida que están incierta…
sábado, 2 de noviembre de 2019
El desastroso ciclo neoliberal se está acabando
En un breve análisis de los levantamientos sociales que se han producido recientemente desde Chile hasta Hong Kong, el filósofo Franco “Bifo” Berardi lee la posibilidad del fin del capitalismo y la violencia financiera.
Extraído del blog de Caja Negra Editora
El largo ciclo neoliberal se está acabando con sangre y violencia como con sangre y violencia comenzó. Se caracterizó con la devastación sistemática del medio-ambiente, empobrecimiento de la vida social, reducción del salario, precarización del trabajo, privatización del servicio público y el incentivo de la guerra de todos contra todos.
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Este ciclo comenzó en 1973, cuando la ideología neoliberal norteamericana usó al asesino llamado Pinochet para destruir el experimento democrático de Salvador Allende, electo por la mayoría de su pueblo y asesinado por fascistas en interés de la economía del “profit”.
El liberalismo global, que se presenta bajo restos humanitarios y democráticos, se afirmó gracias a la dictadura militar y la violencia autoritaria. En los años de Thatcher y Reagan, la contrarrevolución experimentada en Chile y en Argentina se generalizo en todo el Occidente como violencia económica y represión de cualquier intento de defensa de la sociedad.
No debemos olvidar que el resto de la filosofía del neoliberalismo es fundado esencialmente por los mismos principios que se funda el nazismo hitleriano: selección natural, imposición de la ley del más fuerte en la esfera social, eliminación de cualquier diferencia entre la sociedad y la jungla.
Esta filosofía nazi-liberal se impone en el mundo a través de la eliminación de los trabajadores de vanguardia, la re-estructuración técnica de la producción, la privatización de la escuela, del sistema de salud, del transporte público y a través de la ocupación privada de los medios.
Cuarenta años de violencia nazi-liberal han conducido al desmantelamiento del edificio de la democracia, al desabastecimiento de los recursos físicos del planeta, al cambio climático, a la propagación masiva de psicopatologías agresivas, a veces suicidas. Pero en los últimos días comenzamos a observar que de Chile, donde esta locura nazi-liberal comenzó, pronto podría iniciar su colapso.
En las últimas semanas hemos sido testigos de una explosión distinta de protestas, no homogéneas, e incluso contradictorias en las formas y objetivos: la insurrección ecuatoriana, las marchas de los jóvenes en Hong Kong, la onda masiva de protesta contra el centralismo español en Cataluña, la resistencia armada del pueblo curdo contra el fascismo genocida turco.
Ahora la sublevación de los estudiantes y de los trabajadores chilenos se inicia como una protesta contra el aumento del precio del transporte urbano y se transforma en una crítica práctica y masiva de la violencia financiera y llama a los estudiantes y los trabajadores del mundo entero a salir a la calle con los chicos que todos los viernes marchan contra el cambio climático.
El capitalismo es un cadáver en el que estamos atrapados: esto debilita el potencial de invención del progreso solidario.
Se nos dice que no hay alternativas para el capitalismo: en este caso deberíamos prepararnos para la guerra, el apocalipsis ambiental y la extinción cada vez más probable de la raza humana. Pero, en verdad, la posibilidad existe: se basa en superar la obsesión económica del crecimiento, la redistribución de recursos, la reducción del tiempo de trabajo asalariado, y en la extensión del tiempo de actividad libre (enseñanza, terapia, acción solidaria).
En todos los países del mundo deberíamos expresar solidaridad a los insurgentes chilenos, ecuatorianos, hongkoneses, pero sobretodo deberíamos prepararnos para salir a la calle, detener la actividad laboral y la circulación de transito urbano, y atacar al centro del poder económico y financiero y construir la estructura para la reconversión ecológica y social que la humanidad urgentemente necesita.
Quizás ahora sea el momento, largamente esperado, para dar el golpe final a este modo de producción que produce muerte: atacándolo sin respiro en todos los lugares.
Apoyemos a los insurgentes que no se rinden y luchan contra los privilegios. La revuelta chilena llama a la solidaridad internacional contra el genocidio, para que se termine el tiempo de horror e indignidad y comience una era digna de ser vivida.
*Agradecemos a Matías Romano Aleman (@matiasromanoaleman) por la traducción del artículo original, “Il disastroso ciclo neoliberalista si sta esaurendo”, que puede encontrarse en www.alganews.it.
Asimilacion: "Tu no odias los lunes, odias el capitalismo" dijo Zizek
#apuntespersonales
por Mariano Alvarez
Ya no es paradójico que el capitalismo asimile todo aquello que se transforma en su opuesto. De hecho, como defensor, protector y promotor de la propiedad privada, la apropiación no solo es una acción requerida sino además la más festejada.
Cuando el filósofo Slavoj Zizek llevó a cabo la frase "Tu no odias los lunes, odias el capitalismo" inmediatamente miles de remeras salieron a la venta, casi del mismo modo en que Banksy lo representa artísticamente en su obra Destroy Capitalism en la que una gran cola de personas de apariencia y pose antisistema esperan ordenadamente su turno para comprar una remera rojo revolución con dicho lema.
A pesar de eso, la frase de Zizek representa tanto una idea política contra el neoliberalismo como una manifestación experimentada de cerca el 99% de las personas una vez por semana.
Aún recuerdo que de niño lloraba los domingos a la noche por la inminente llegada del lunes decorado de las obligaciones escolares y la musicalización de mi padre al murmurar.
sábado, 12 de octubre de 2019
"No me escuchas ¿Verdad?": La marginalidad en Joker
La historia de Arthur Fleck pone dudas sobre el bien y el mal en la mismisima historia de Batman. Los límites entre el bien y el mal son tan invisibles, casi tanto como cuando Wendy Brown (filósofa y politóloga norteamericana) plantea al neoliberalismo como una racionalidad dominante y exitosa como resultado de su invisibilidad. En Gotham tanto como en nuestros días lo político y lo no político se confunde con lo bueno y lo malo. Así como muchos ven el caos en las manifestaciones de Gotham otros ven una revolución de los marginados. Esta es la lógica que muchos aplican a la palabra anarquía (etimologicamente significa sin principio ordenador) como sinónimo de desorden apocalíptico (es decir contrapuesto a la idea de orden liberal y/o neoliberal) o tal como en el discurso de las políticas neoliberales el mismo discurso político se vuelve antipolítico (evita conflictos en donde ya existen invisibilizandolos) y lo democrático se reduce a ser colaborativo e inclusivo mas que valores políticos que ponen en nuestra mente la posibilidad ingenua de creer que el presente y el futuro está en nuestras manos.
Esa lucha entre lo político con discurso empresarial y lo político reflejado en la manifestación popular es lo que define la realidad de Gotham. Un político empresario que deslegitima las manifestaciones calificando a sus participantes como payasos, casi tanto como lo hizo el ex presidente argentino Mauricio Macri cuando se desentendió de la vergonzosa derrota en las elecciones primarias diciendo "La elección no sucedió", invisibilizando así la voluntad popular.
Esta historia nos hace pensar en la importancia de Thomas Wayne. Él es quien define tanto los modos de violencia de Batman como los de Arthur Fleck y luego los del Joker. Él es empresario y político de moral limpia en televisión pero se lo mira reojo en las calles marginales de Gotham. Si en Joker quedó en duda la posibilidad de que Arthur y Bruce fueran hermanos esa imposibilidad no debe empañar la simbiosis que existe entre ambas violencias y concepciones de orden. La antítesis que Samuel Jackson nos enseñó al final de Unbrekable (El Protegido) los une.
Como todo lo referido a Gotham (Ciudad gótica) el neo-noir se hace presente, una oscuridad estética basada en la pesada cadencia que tiene el ambiente húmedo y nostálgico que le otorga la realidad de Gotham a la vida de Arthur Fleck. Pero la oscuridad también proviene del nihilismo que se respira y se expande a través de cada escena, como negación de toda creencia. De hecho ni siquiera nosotros tenemos la certeza de que todo haya ocurrido, ni tampoco si existe posibilidad de un bien en Gotham, cuando ésta siempre proviene de lo que los Wayne creen que es el bien. Pareciera que solo la ciudad de los Wayne es la ciudad posible.
Arthur y la ciudad establecen constantes puntos de hermandad. Desde un principio el Joker de Joaquin Phoenix me hizo pensar mas en el hombre del siglo XXI que en el que la historia de Batman siempre nos mostró de Gotham. Hay más Arthur que Joker, más rostro real que maquillaje, mas torso desnudo, deforme y huesudo que vestimentas coloridas, poco idealista, con enfermedades mentales, y con mas imperfecciones que retoques de postproducción. Por su parte, la hermosa y nostálgica estética caótica de Gotham también juega de antiestética al mismo tiempo que el Joker se convierte en un amado antihéroe. ¿O a caso no le quedó bien a Nueva York esos graffitis eternos y la basura acumulada en montañas?. En fin, la marginalidad de Gotham es a la vez la misma que llega a Arthur como sujeto marginal de una estructura moldeadora pero potenciada por la enfermedad mental que le provoca carcajadas. Su comedia es su mundo y su mundo es muchas veces imaginado mas que vivido.
Arthur no es mas que aquel que no puede ajustarse a las reglas y por ende se mueve en los márgenes del sistema. Esto lo convierte en un peligro para el orden disciplinario de ciudad gótica. En ese sentido filosófico, no solo podría representar un peligro para las sociedades discplinarias de Foucault sino ademas en las postdisciplinarias, esto es que no sólo no lo han controlado como cuerpo dócil sino que además no han podido conquistar su mente enferma. Ni la biopolítica de Foucault, ni la psicopolítica de Byung Chull Han logran explicar el modo en que llega el control a la marginalidad. Ni en la prisión, ni en el manicomio, Arthur se aloja en un deprimente departamento húmedo y oscuro en el que vive con su madre, el cual no es mas que otra extensión de la Gotham marginal, en donde las calles están extremadamente sucias, las ratas invaden y la brecha socioeconomica parece estar mas ancha que la del 99% planteado por Occupy Wall Street, una brecha (tanto en Gotham como en el mundo real) que siempre juega a favor de un pequeño porcentaje que se enriquese día a día.
La marginalidad social se representa en las movilizaciones violentas creando el contexto en el que Batman en algún momento (lejano pues Bruce es un niño rico) aparecerá como salvador. Las movilizaciones enmascaradas con pancartas que rezan "We are all clowns" son puramente clasistas al nivel de lo que pudieron haber sido los fantasmagóricos Indignados de España u Occupy Wall Street de EEUU, o mas actual los Chalecos amarillos de Francia o los paraguas de Hong Kong.
Esa lucha entre lo político con discurso empresarial y lo político reflejado en la manifestación popular es lo que define la realidad de Gotham. Un político empresario que deslegitima las manifestaciones calificando a sus participantes como payasos, casi tanto como lo hizo el ex presidente argentino Mauricio Macri cuando se desentendió de la vergonzosa derrota en las elecciones primarias diciendo "La elección no sucedió", invisibilizando así la voluntad popular.
Esta historia nos hace pensar en la importancia de Thomas Wayne. Él es quien define tanto los modos de violencia de Batman como los de Arthur Fleck y luego los del Joker. Él es empresario y político de moral limpia en televisión pero se lo mira reojo en las calles marginales de Gotham. Si en Joker quedó en duda la posibilidad de que Arthur y Bruce fueran hermanos esa imposibilidad no debe empañar la simbiosis que existe entre ambas violencias y concepciones de orden. La antítesis que Samuel Jackson nos enseñó al final de Unbrekable (El Protegido) los une.
Como todo lo referido a Gotham (Ciudad gótica) el neo-noir se hace presente, una oscuridad estética basada en la pesada cadencia que tiene el ambiente húmedo y nostálgico que le otorga la realidad de Gotham a la vida de Arthur Fleck. Pero la oscuridad también proviene del nihilismo que se respira y se expande a través de cada escena, como negación de toda creencia. De hecho ni siquiera nosotros tenemos la certeza de que todo haya ocurrido, ni tampoco si existe posibilidad de un bien en Gotham, cuando ésta siempre proviene de lo que los Wayne creen que es el bien. Pareciera que solo la ciudad de los Wayne es la ciudad posible.
Arthur y la ciudad establecen constantes puntos de hermandad. Desde un principio el Joker de Joaquin Phoenix me hizo pensar mas en el hombre del siglo XXI que en el que la historia de Batman siempre nos mostró de Gotham. Hay más Arthur que Joker, más rostro real que maquillaje, mas torso desnudo, deforme y huesudo que vestimentas coloridas, poco idealista, con enfermedades mentales, y con mas imperfecciones que retoques de postproducción. Por su parte, la hermosa y nostálgica estética caótica de Gotham también juega de antiestética al mismo tiempo que el Joker se convierte en un amado antihéroe. ¿O a caso no le quedó bien a Nueva York esos graffitis eternos y la basura acumulada en montañas?. En fin, la marginalidad de Gotham es a la vez la misma que llega a Arthur como sujeto marginal de una estructura moldeadora pero potenciada por la enfermedad mental que le provoca carcajadas. Su comedia es su mundo y su mundo es muchas veces imaginado mas que vivido.
La marginalidad social se representa en las movilizaciones violentas creando el contexto en el que Batman en algún momento (lejano pues Bruce es un niño rico) aparecerá como salvador. Las movilizaciones enmascaradas con pancartas que rezan "We are all clowns" son puramente clasistas al nivel de lo que pudieron haber sido los fantasmagóricos Indignados de España u Occupy Wall Street de EEUU, o mas actual los Chalecos amarillos de Francia o los paraguas de Hong Kong.
Es un clima de No Future. A mí me ayuda a entender que se trata de una distopía cuando pensamos que son los mismos motivos que hoy (2019) generan movilizaciones, y los mismos motivos por los que hoy se repite la idea de un futuro cancelado por la muerte que las utopías sufrieron ante el avance del capitalismo neoliberal. El ya repetido "No hay alternativas" de Margareth Thatcher.
Sin duda Joker es una película sobre marginalidad, la de quienes son descuidados por una clase dirigente enriquecida que trata de payasos a la población pero a la vez les promete que sus vidas serán mejores si los eligen, y que deja en claro que la plutocracia es la distopía mas cercana a esta realidad.
El éxito de Joker no creo que solo se apoye en la comunidad nerd de comics, lo crítico y lo distópico se vende bien en épocas en las que no hay utopías presentes mas que como viejos fantasmas que asustan el orden hegemónico por momentos. La lectura del film tiene la capacidad de descarrilarse de los comics y la ciencia ficción estableciendo puentes con el presente en el que cada vez mas los ideales son trastocados por los nuevos discursos y puestos en dudas tal como la democracia, entendida como gobierno del pueblo, lo que no es real pero que, sin embargo, sin ella se termina el único discurso en el que somos libres y dueños de nuestro futuro.
Menciones:
El pueblo sin atributos de Wendy Brown.
Vigilar y castigar de Michel Foucault.
Psicopolítica de Byung Chull Han
lunes, 30 de septiembre de 2019
Imágenes de caminatas posmodernas: la ciudad solitaria como eterna obra de arte
Por Mariano Alvarez
Volví a caminar de noche.
Pies, luces, sombras, estelas de movimientos pintadas de colores fugaces e indefinidos... Líneas de luces inquietas.
Movimientos que en un fotograma son espectros de lo que el caminante fue hace menos de un segundo.
Volví a caminar de noche.
Pies, luces, sombras, estelas de movimientos pintadas de colores fugaces e indefinidos... Líneas de luces inquietas.
Movimientos que en un fotograma son espectros de lo que el caminante fue hace menos de un segundo.
Estela de alguien que camina como corriendo a algún refugio. Materia prima del cinetismo.
Miles de esos fotogramas veo pasar.
En la ciudad, en las veredas del centro y a esta hora, pienso que sin detenimiento también hay fotografía... La fotografía de una escena moderna y decadente.
De algún modo... por más que nos movamos, vamos quietos... algunxs más o menos contemplativxs, otrxs más o menos distraidxs.
En la ciudad, en las veredas del centro y a esta hora, pienso que sin detenimiento también hay fotografía... La fotografía de una escena moderna y decadente.
De algún modo... por más que nos movamos, vamos quietos... algunxs más o menos contemplativxs, otrxs más o menos distraidxs.
Una foto movida de gente muda que hace ruidos... de gente que no cesa su movimiento pero que no va a algún lugar... Van quietos. Ya lo dije.
Noche y ojos... ojos, pies y noche sin rostros.
La primavera se presentó en sus primeros días algo fría a pesar de las advertencias meteorológicas, lo que me alegra al poder caminar con capucha.
Camino a ritmo porque sigo un beat de música electrónica.
Mis auriculares y yo llegamos anacronicamente a la música de Burial y las lecturas hauntologicas de la cultura posmoderna. Sin embargo (pienso y camino) nada en el arte me transmite la nostalgia que se pintó en Nigthawk de Hopper, casi lo mismo que caminar de noche cerca del Abasto por la calle Corrientes...
Me gusta ese arte... el que no es el panfletario y nunca deja de decir. La ironía es clave.
Un arte verdaderamente político para Kosuth no debe concentrarse en la creación exclusiva de un mensaje, sino que debe implicar al espectador o público en el cuestionamiento de la naturaleza y el proceso del arte mismo.
No creo que alguien dude de la nostalgia de esa pintura... pero por si esa duda existiera le contaría que al verla el inconsciente me envía flashes de recuerdos borrados de la noche de la capital en laborables, momentos de paso por la cadena de pizzería. Refugio de noche para quienes deambulan de día y no encontraron nunca el camino de retorno a casa porque incluso quizás no exista alguna. Toda ciudad resguarda al noctámbulo de alguna manera.
Allí, cesantes, espectrantes (?) y espectantes, por las noches dejan colgar el cuerpo apoyando la cabeza sobre sus brazos dormidos en la mesa, sentados en una silla algo separada de la mesa para dejar la columna casi horizontalmente.
La marginalidad construye refugios en la ciudad. La soledad es una forma de marginalidad y también un modo de construir refugios... el arte crea el espacio en el que recordamos que todos hemos sidos marginados.
Es la foto de todos los días, la cual no necesita ser expuesta en un salón dentro de un museo de arte moderno a la contemplación silenciosa de quien la observa pasivo. Aunque de algún modo es lo estoy haciendo aqui.
Todos somos esa foto.
Pensantes y distraídos, cansados y ansiosos, propietarios de nuestras tribulaciones. No hay héroes entre quienes transitan el límite entre el trabajo y el hogar en esta ciudad de luces desenfocadas. Siempre movidas.
La ciudad hace de medio tanto para ellos al regresar a casa como para mí al mirar la escena. El hecho no es algo nuevo sino redundante, circular y repetitivo.
Noche y ojos... ojos, pies y noche sin rostros.
La primavera se presentó en sus primeros días algo fría a pesar de las advertencias meteorológicas, lo que me alegra al poder caminar con capucha.
Camino a ritmo porque sigo un beat de música electrónica.
Mis auriculares y yo llegamos anacronicamente a la música de Burial y las lecturas hauntologicas de la cultura posmoderna. Sin embargo (pienso y camino) nada en el arte me transmite la nostalgia que se pintó en Nigthawk de Hopper, casi lo mismo que caminar de noche cerca del Abasto por la calle Corrientes...
Hay un hilo que une la obra con el abasto, ambos son nostálgicos y en ambos la nostalgía mutó en necesidad/consumo.
Tanto en Greenwich Village, allí en donde Hopper se inspiró en un diner ( hoy ya demolido) para esta obra, como el Abasto y su espíritu de trabajo y clase popular reflejada tanto en el tango como en las letras de canciones de Sumo que escribía Luca Prodan, la actual gentrificación va acompañada de ironía.
Saborido y Capussoto lo representan extrapolando el barrio del Abasto descrito por Sumo al Shopping el Abasto descrito por la banda ConSumo a través de la parodia.
Saborido y Capussoto lo representan extrapolando el barrio del Abasto descrito por Sumo al Shopping el Abasto descrito por la banda ConSumo a través de la parodia.
Me gusta ese arte... el que no es el panfletario y nunca deja de decir. La ironía es clave.
Un arte verdaderamente político para Kosuth no debe concentrarse en la creación exclusiva de un mensaje, sino que debe implicar al espectador o público en el cuestionamiento de la naturaleza y el proceso del arte mismo.
No creo que alguien dude de la nostalgia de esa pintura... pero por si esa duda existiera le contaría que al verla el inconsciente me envía flashes de recuerdos borrados de la noche de la capital en laborables, momentos de paso por la cadena de pizzería. Refugio de noche para quienes deambulan de día y no encontraron nunca el camino de retorno a casa porque incluso quizás no exista alguna. Toda ciudad resguarda al noctámbulo de alguna manera.
Allí, cesantes, espectrantes (?) y espectantes, por las noches dejan colgar el cuerpo apoyando la cabeza sobre sus brazos dormidos en la mesa, sentados en una silla algo separada de la mesa para dejar la columna casi horizontalmente.
La marginalidad construye refugios en la ciudad. La soledad es una forma de marginalidad y también un modo de construir refugios... el arte crea el espacio en el que recordamos que todos hemos sidos marginados.
sábado, 7 de septiembre de 2019
Imágenes de caminatas posmodernas: rincones urbanos para pintar.
Algunos lugares son para pintar. Acá en Argentina "pintar" también se usa de un modo informal para referirse a la "aparición" de algo, como por ejemplo "pintó salir", "pintó la policía", "pintó ir a tal lugar" y así. Lo cierto es que el sentido con el que hablo no es ese sino el hecho de crear, y más puntualmente de hacer arte.
Hoy caminé (no mucho pero retome la única actividad física que estoy ejerciendo interrumpidamente) y caí en que si hay lugares que son para pintar, la mayoría de ellos se ven en el espacio público. Las calles son las galerías de autores mas anónimos y autónomos. Habilidosos en el acto de grafitear(t) y concretar la obra. Se puede concebir el graffiti sin pensar en la ciudad? Definitivamente no. Lo mismo a la inversa. Sería distópico pensar que se agravara las reacciones legales frente a este arte.
La transgresión es la norma (más deseosa de anomia) grafitera, y el resultado es la liberación provocada por la naturalización de algo que es ilegal.
Hay tantas prácticas ilegales que podrían mejorar el mundo.
Hay tantas prácticas ilegales que podrían mejorar el mundo.
Caminar con la intención de profundizar en el aura urbana de las calles, sumergirme en los aromas de las veredas y los matices de colores que devuelve una caminata mañanera de viernes, es realmente una actividad estética pero aún más cuando se anda con la intención de entender la lógica que presenta la vida en la ciudad en sus paredes y rincones.
En la calle todos los lugares son para pintar. Porque lo restringido ya fue violado y entonces la imaginación es plena, fugaz y agresiva. Plena porque pasado el límite de la norma la imaginación es ilimitada, y fugaz y agresiva por el condicionamiento del tiempo de ilegalidad en el momento en que se crea.
Paredes, veredas, carteles, cortinas, postes, buzones, casillas de gas, del luz, cordones, baldosas son reservorio de pintura sintética de infinidad de colores y texturas.
Existe un punto positivo logrado desde la práctica. Son cada vez más los paredones pintados con permiso de sus dueños... En donde la expresión esta limitada al gusto medio del público que transita por allí, y en donde la planificación en sketches (borradores), hace que ya no sea ni la fugacidad ni la agresividad lo que las caracteriza, sino la vivacidad de los colores elegidos detenidamente. Este pareciera un punto positivo a media. No deberíamos dejar pasar el hecho de que el arte bajo el ara de la gentrificación ha causado una idea del arte callejero como un arte pintoresco de espacios mas bien elitistas.
No reniego de ellos solo que la historicidad y la nostalgia de las calles, quienes viven sus vidas muertas en detenimiento a pesar del constante movimiento en ella, parecen tener la intención de hablarnos. Y yo la intención de escucharlas. Las calles hablaron a través del graffiti en 1968 en Francia. Las calles hablaron en 2001 en Buenos Aires. En Berlín, sobre el muro y sobre el monumento del soldado soviético que en 2015 la resignificación que le dió el pueblo es de soldado violador debido a las Miles de violaciones que algunos soldados soviéticos llevaron a cabo al tomar Berlín. La guerra lleva consigo, y de forma dolorosa, el vigor sexual traducido en potencia de quienes ganan e impotencia de los que pierden.
Este pensamiento me despistó del recorrido aleatorio de la caminata para visitar al monumento de Domingo Faustino Sarmiento que está en la plaza principal de esta ciudad que antes formaba parte del distrito que lleva su nombre.
La obra de Giorgio de Chirico representa la nostalgia en el arte contemporáneo. Allí las plazas solo están ocupadas por monumentos solitarios y meditabundos, y por las sombras que de ellos crecen oscurecida.
Ya no camino, me paré frente al monumento a fotografiarlo. La plaza no tiene sombras porque el día está nublado, y aunque hay gente, nadie mira al monumento. La situación es la misma que si fuera un cuadro de Giorgio de Chirico a pesar de que la situación sea perfectamente contraria. Sin sombras y con gente ciegas al monumento la nostalgia está allí, espectral.
Imagino el abrir de parpadeos en loop, tipo gif, con la sombra del monumento creciendo veloz en simultáneo con el movimiento del sol y sin la presencia de algún transeúnte.
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