sábado, 12 de octubre de 2019

"No me escuchas ¿Verdad?": La marginalidad en Joker

La historia de Arthur Fleck pone dudas sobre el bien y el mal en la mismisima historia de Batman. Los límites entre el bien y el mal son tan invisibles, casi tanto como cuando Wendy Brown (filósofa y politóloga norteamericana) plantea al neoliberalismo como una racionalidad dominante y exitosa como resultado de su invisibilidad. En Gotham tanto como en nuestros días lo político y lo no político se confunde con lo bueno y lo malo. Así como muchos ven el caos en las manifestaciones de Gotham otros ven una revolución de los marginados. Esta es la lógica que muchos aplican a la palabra anarquía (etimologicamente significa sin principio ordenador) como sinónimo de desorden apocalíptico (es decir contrapuesto a la idea de orden liberal y/o neoliberal) o tal como en el discurso de las políticas neoliberales el mismo discurso político se vuelve antipolítico (evita conflictos en donde ya existen invisibilizandolos) y lo democrático se reduce a ser colaborativo e inclusivo mas que valores políticos que ponen en nuestra mente la posibilidad ingenua de creer que el presente y el futuro está en nuestras manos.

Esa lucha entre lo político con discurso empresarial y lo político reflejado en la manifestación popular es lo que define la realidad de Gotham. Un político empresario que deslegitima las manifestaciones calificando a sus participantes como payasos, casi tanto como lo hizo el ex presidente argentino Mauricio Macri cuando se desentendió de la vergonzosa derrota en las elecciones primarias diciendo "La elección no sucedió", invisibilizando así la voluntad popular.



Esta historia nos hace pensar en la importancia de Thomas Wayne. Él es quien define tanto los modos de violencia de Batman como los de Arthur Fleck y luego los del Joker. Él es empresario y político de moral limpia en televisión pero se lo mira reojo en las calles marginales de Gotham. Si en Joker quedó en duda la posibilidad de que Arthur y Bruce fueran hermanos esa imposibilidad no debe empañar la simbiosis que existe entre ambas violencias y concepciones de orden. La antítesis que Samuel Jackson nos enseñó al final de Unbrekable (El Protegido) los une.

Como todo lo referido a Gotham (Ciudad gótica) el neo-noir se hace presente, una oscuridad estética basada en la pesada cadencia que tiene el ambiente húmedo y nostálgico que le otorga la realidad de Gotham a la vida de Arthur Fleck. Pero la oscuridad también proviene del nihilismo que se respira y se expande a través de cada escena, como negación de toda creencia. De hecho ni siquiera nosotros tenemos la certeza de que todo haya ocurrido, ni tampoco si existe posibilidad de un bien en Gotham, cuando ésta siempre proviene de lo que los Wayne creen que es el bien. Pareciera que solo la ciudad de los Wayne es la ciudad posible.

Arthur y la ciudad establecen constantes puntos de hermandad. Desde un principio el Joker de Joaquin Phoenix me hizo pensar mas en el hombre del siglo XXI que en el que la historia de Batman siempre nos mostró de Gotham. Hay más Arthur que Joker, más rostro real que maquillaje, mas torso desnudo, deforme y huesudo que vestimentas coloridas, poco idealista, con enfermedades mentales, y con mas imperfecciones que retoques de postproducción. Por su parte, la hermosa y nostálgica estética caótica de Gotham también juega de antiestética al mismo tiempo que el Joker se convierte en un amado antihéroe. ¿O a caso no le quedó bien a Nueva York esos graffitis eternos y la basura acumulada en montañas?. En fin, la marginalidad de Gotham es a la vez la misma que llega a Arthur como sujeto marginal de una estructura moldeadora pero potenciada por la enfermedad mental que le provoca carcajadas. Su comedia es su mundo y su mundo es muchas veces imaginado mas que vivido.



Arthur no es mas que aquel que no puede ajustarse a las reglas y por ende se mueve en los márgenes del sistema. Esto lo convierte en un peligro para el orden disciplinario de ciudad gótica. En ese sentido filosófico, no solo podría representar un peligro para las sociedades discplinarias de Foucault sino ademas en las postdisciplinarias, esto es que no sólo no lo han controlado como cuerpo dócil sino que además no han podido conquistar su mente enferma. Ni la biopolítica de Foucault, ni la psicopolítica de Byung Chull Han logran explicar el modo en que llega el control a la marginalidad. Ni en la prisión, ni en el manicomio, Arthur se aloja en un deprimente departamento húmedo y oscuro en el que vive con su madre, el cual no es mas que otra extensión de la Gotham marginal, en donde las calles están extremadamente sucias, las ratas invaden y la brecha socioeconomica parece estar mas ancha que la del 99% planteado por Occupy Wall Street, una brecha (tanto en Gotham como en el mundo real) que siempre juega a favor de un pequeño porcentaje que se enriquese día a día.

La marginalidad social se representa en las movilizaciones violentas creando el contexto en el que Batman en algún momento (lejano pues Bruce es un niño rico) aparecerá como salvador. Las movilizaciones enmascaradas con pancartas que rezan "We are all clowns" son puramente clasistas al nivel de lo que pudieron haber sido los fantasmagóricos Indignados de España u Occupy Wall Street de EEUU, o mas actual los Chalecos amarillos de Francia o los paraguas de Hong Kong.


Es un clima de No Future. A mí me ayuda a entender que se trata de una distopía cuando pensamos que son los mismos motivos que hoy (2019) generan movilizaciones, y los mismos motivos por los que hoy se repite la idea de un futuro cancelado por la muerte que las utopías sufrieron ante el avance del capitalismo neoliberal. El ya repetido "No hay alternativas" de Margareth Thatcher.


La otra cara de la marginalidad es la de quienes crean desde la televisión una realidad que los margina de la misma. La madre es quien representa ese gran público que idolatra al conductor de un clásico Late Night Show en el que todo es tratado superficialmente. Esa es la autoexclusión que está basada en la lógica del hedonismo capitalista y la antipolítica del discurso neoliberal. Como dice Gil Heron en su canción... "The revolution will not be televised".

Sin duda Joker es una película sobre marginalidad, la de quienes son descuidados por una clase dirigente enriquecida que trata de payasos a la población pero a la vez les promete que sus vidas serán mejores si los eligen, y que deja en claro que la plutocracia es la distopía mas cercana a esta realidad.

El éxito de Joker no creo que solo se apoye en la comunidad nerd de comics, lo crítico y lo distópico se vende bien en épocas en las que no hay utopías presentes mas que como viejos fantasmas que asustan el orden hegemónico por momentos. La lectura del film tiene la capacidad de descarrilarse de los comics y la ciencia ficción estableciendo puentes con el presente en el que cada vez mas los ideales son trastocados por los nuevos discursos y puestos en dudas tal como la democracia, entendida como gobierno del pueblo, lo que no es real pero que, sin embargo, sin ella se termina el único discurso en el que somos libres y dueños de nuestro futuro.




Menciones:

El pueblo sin atributos de Wendy Brown.
Vigilar y castigar de Michel Foucault.
Psicopolítica de Byung Chull Han

lunes, 30 de septiembre de 2019

Imágenes de caminatas posmodernas: la ciudad solitaria como eterna obra de arte

Por Mariano Alvarez

Volví a caminar de noche.
Pies, luces, sombras, estelas de movimientos pintadas de colores fugaces e indefinidos... Líneas de luces inquietas.

Movimientos que en un fotograma son espectros de lo que el caminante fue hace menos de un segundo.
Estela de alguien que camina como corriendo a algún refugio. Materia prima del cinetismo.
Miles de esos fotogramas veo pasar.

En la ciudad, en las veredas del centro y a esta hora, pienso que sin detenimiento también hay fotografía... La fotografía de una escena moderna y decadente.

De algún modo... por más que nos movamos, vamos quietos... algunxs más o menos contemplativxs, otrxs más o menos distraidxs.
Una foto movida de gente muda que hace ruidos... de gente que no cesa su movimiento pero que no va a algún lugar... Van quietos. Ya lo dije.
Es la foto de todos los días, la cual no necesita ser expuesta en un salón dentro de un museo de arte moderno a la contemplación silenciosa de quien la observa pasivo. Aunque de algún modo es lo estoy haciendo aqui.
Todos somos esa foto. 
Pensantes y distraídos, cansados y ansiosos, propietarios de nuestras tribulaciones. No hay héroes entre quienes transitan el límite entre el trabajo y el hogar en esta ciudad de luces desenfocadas. Siempre movidas.
La ciudad hace de medio tanto para ellos al regresar a casa como para mí al mirar la escena. El hecho no es algo nuevo sino redundante, circular y repetitivo.

Noche y ojos... ojos, pies y noche sin rostros.

La primavera se presentó en sus primeros días algo fría a pesar de las advertencias meteorológicas, lo que me alegra al poder caminar con capucha.

Camino a ritmo porque sigo un beat de música electrónica.

Mis auriculares y yo llegamos anacronicamente a la música de Burial y las lecturas hauntologicas de la cultura posmoderna. Sin embargo (pienso y camino) nada en el arte me transmite la nostalgia que se pintó en Nigthawk de Hopper, casi lo mismo que caminar de noche cerca del Abasto por la calle Corrientes...

Nighthawks. E. Hopper. 1942
Hay un hilo que une la obra con el abasto, ambos son nostálgicos y en ambos la nostalgía mutó en necesidad/consumo.
Tanto en Greenwich Village, allí en donde Hopper se inspiró en un diner ( hoy ya demolido) para esta obra, como el Abasto y su espíritu de trabajo y clase popular reflejada tanto en el tango como en las letras de canciones de Sumo que escribía Luca Prodan, la actual gentrificación va acompañada de ironía.

Saborido y Capussoto lo representan extrapolando el barrio del Abasto descrito por Sumo al Shopping el Abasto descrito por la banda ConSumo a través de la parodia.

Me gusta ese arte... el que no es el panfletario y nunca deja de decir. La ironía es clave.

Un arte verdaderamente político para Kosuth no debe concentrarse en la creación exclusiva de un mensaje, sino que debe implicar al espectador o público en el cuestionamiento de la naturaleza y el proceso del arte mismo.

No creo que alguien dude de la nostalgia de esa pintura... pero por si esa duda existiera le contaría que al verla el inconsciente me envía flashes de recuerdos borrados de la noche de la capital en laborables, momentos de paso por la cadena de pizzería. Refugio de noche para quienes deambulan de día y no encontraron nunca el camino de retorno a casa porque incluso quizás no exista alguna. Toda ciudad resguarda al noctámbulo de alguna manera.

Allí, cesantes, espectrantes (?) y espectantes, por las noches dejan colgar el cuerpo apoyando la cabeza sobre sus brazos dormidos en la mesa, sentados en una silla algo separada de la mesa para dejar la columna casi horizontalmente.

La marginalidad construye refugios en la ciudad. La soledad es una forma de marginalidad y también un modo de construir refugios... el arte crea el espacio en el que recordamos que todos hemos sidos marginados.

sábado, 7 de septiembre de 2019

Imágenes de caminatas posmodernas: rincones urbanos para pintar.

Algunos lugares son para pintar. Acá en Argentina "pintar" también se usa de un modo informal para referirse a la "aparición" de algo, como por ejemplo "pintó salir", "pintó la policía", "pintó ir a tal lugar" y así. Lo cierto es que el sentido con el que hablo no es ese sino el hecho de crear, y más puntualmente de hacer arte.

Hoy caminé (no mucho pero retome la única actividad física que estoy ejerciendo interrumpidamente) y caí en que si hay lugares que son para pintar, la mayoría de ellos se ven en el espacio público. Las calles son las galerías de autores mas anónimos y autónomos. Habilidosos en el acto de grafitear(t) y concretar la obra. Se puede concebir el graffiti sin pensar en la ciudad? Definitivamente no. Lo mismo a la inversa. Sería distópico pensar que se agravara las reacciones legales frente a este arte.

La transgresión es la norma (más deseosa de anomia) grafitera, y el resultado es la liberación provocada por la naturalización de algo que es ilegal.

Hay tantas prácticas ilegales que podrían mejorar el mundo.




Caminar con la intención de profundizar en el aura urbana de las calles, sumergirme en los aromas de las veredas y los matices de colores que devuelve una caminata mañanera de viernes, es realmente una actividad estética pero aún más cuando se anda con la intención de entender la lógica que presenta la vida en la ciudad en sus paredes y rincones.

En la calle todos los lugares son para pintar. Porque lo restringido ya fue violado y entonces la imaginación es plena, fugaz y agresiva. Plena porque pasado el límite de la norma la imaginación es ilimitada, y fugaz y agresiva por el condicionamiento del tiempo de ilegalidad en el momento en que se crea.

Paredes, veredas, carteles, cortinas, postes, buzones, casillas de gas, del luz, cordones, baldosas son reservorio de pintura sintética de infinidad de colores y texturas. 

Existe un punto positivo logrado desde la práctica. Son cada vez más los paredones pintados con permiso de sus dueños... En donde la expresión esta limitada al gusto medio del público que transita por allí, y en donde la planificación en sketches (borradores), hace que ya no sea ni la fugacidad ni la agresividad lo que las caracteriza, sino la vivacidad de los colores elegidos detenidamente. Este pareciera un punto positivo a media. No deberíamos dejar pasar el hecho de que el arte bajo el ara de la gentrificación ha causado una idea del arte callejero como un arte pintoresco de espacios mas bien elitistas.

No reniego de ellos solo que la historicidad y la nostalgia de las calles, quienes viven sus vidas muertas en detenimiento a pesar del constante movimiento en ella, parecen tener la intención de hablarnos. Y yo la intención de escucharlas. Las calles hablaron a través del graffiti en 1968 en Francia. Las calles hablaron en 2001 en Buenos Aires. En Berlín, sobre el muro y sobre el monumento del soldado soviético que en 2015 la resignificación que le dió el pueblo es de soldado violador debido a las Miles de violaciones que algunos soldados soviéticos llevaron a cabo al tomar Berlín. La guerra lleva consigo, y de forma dolorosa, el vigor sexual traducido en potencia de quienes ganan e impotencia de los que pierden.



Este pensamiento me despistó del recorrido aleatorio de la caminata para visitar al monumento de Domingo Faustino Sarmiento que está en la plaza principal de esta ciudad que antes formaba parte del distrito que lleva su nombre.

La obra de Giorgio de Chirico representa la nostalgia en el arte contemporáneo. Allí las plazas solo están ocupadas por monumentos solitarios y meditabundos, y por las sombras que de ellos crecen oscurecida.

Ya no camino, me paré frente al monumento a fotografiarlo. La plaza no tiene sombras porque el día está nublado, y aunque hay gente, nadie mira al monumento. La situación es la misma que si fuera un cuadro de Giorgio de Chirico a pesar de que la situación sea perfectamente contraria. Sin sombras y con gente ciegas al monumento la nostalgia está allí, espectral.

Imagino el abrir de parpadeos en loop, tipo gif, con la sombra del monumento creciendo veloz en simultáneo con el movimiento del sol y sin la presencia de algún transeúnte.



lunes, 19 de agosto de 2019

No me llamen los domingos: Angustia, trabajo y privatización de la enfermedad en la vida posfordista.

Por Mariano Alvarez

A comienzos de agosto las nubes se dejan ver del otro lado del vidrio, infunden frío a pesar de mis mangas cortas. Yo solo en la cocina. Sentando y escribiendo en esta notebook que está sobre una mesa envuelta por un mantel de cuadros negros y blancos que se despliegan y cuelgan hasta apoyarse en mi regazo. Unos libros al alcance de mi mano derecha y una copa de vino tinto al alcance de la izquierda. Aquí, en la cocina de mi casa hay un aura de domingo que atraviesa mi respiración y la de mi familia, pues, por frío que parezca, somos una institución sujeta a una cultura.





No hay dudas de que estamos en una época en la que sentimos, por eso es que no es casualidad que escriba esto un domingo usando palabras condicionadas. ¿Introspección?... no lo sé. El domingo es un día de reflexión. Su aura describe la situación de estar parado solitariamente frente a algo enorme que se aproxima. La portada del disco The Resistance que Muse lanzó en 2009 me ayuda a explicar lo que quiero reflejar.

El domingo lleva consigo la compañía de la angustia. Las horas y los minutos se bañan en una densidad insoportable. Cuando el domingo deja ver sus horas (hasta la sensación de tiempo es diferente) y se da a entender que la tarde es inminente, la angustia que era potencia se materializa en nuestro cuerpo, se incorpora. En fin, el tiempo contiene la angustia como un espectro recordándonos que existimos sujetos a algo. Los minutos son gotas que por mas que se estiren no dejan de llenar contenedores y contenedores.


El domingo es el primer día de la semana en el calendario, pero para el calendario laboral es el último, es el que le da paso al odiado lunes para conformar el loop organizado por días y labores bajo el gobierno del reloj. Domingo sensorial ¿Hay domingos racionales? No, el domingo es ideológico... alguien le dio un rol relacionado con el mundo del trabajo que no se relaciona con el ocio sino con la vida laboral... descansa el cuerpo pero no la mente.


El ocio griego (otium), que etimologicamente significa "tiempo libre", no es mas que la libertad del amo gestada a partir de la no-libertad del esclavo. El ocio en la sociedad posindustrial se encuentra lejos de la libertad, de hecho la palabra libertad no encuentra un antónimo del estilo amor-odio porque la libertad capitalista es aparente... cuando no produces, consumes. Domingos de hastío y de shoppings repletos de cuerpos cansados.





En esta reflexión ontológica del domingo la angustia es liviana a la mañana pero presiona por la tarde y la noche. Estoy hablando de, quizás, el tema filosófico mas importante para mi ya que, como el expresionismo, no puedo dejar de relacionar la angustia con el trabajo capitalista. Si el deseo es capitalista, el domingo (y su angustia) también lo es, así como también el lunes y su sensación de extirpación.

No es casualidad que Mark Fisher haga un llamado a politizar la enfermedad cuando la angustia, la ansiedad, el estrés, la depresión son cada vez más fuertes en la vida laboral. En Japón ya existe una palabra (karoshi) que designa la muerte por exceso de trabajo, que de manera positiva une la causa de muerte con el trabajo culpabilizando al capitalismo. En occidente no se ha llegado a tanto pero tenemos la referencia del síndrome de Burnout o síndrome del quemado, el cual es un trastorno emocional vinculado con el ámbito laboral, el estres causado por el trabajo y el estilo de vida del empleado.

El suicidio del mismo Fisher (sufría de depresión) sería una muerte privatizada, individualizada entendida desde un contexto estructural de muertes por suicidio. ¿Suicidio capitalista?. En fin, cuando Fisher habla de privatización del estrés justamente se refiere, y a la vez da la razón a Margaret Thatcher, al gran triunfo del poscapitalismo en el proceso de despolitización. La pérdida de derechos es mostrada al trabajador como algo natural que debe aceptarse haciendo que la búsqueda de los motivos de las enfermedades debe partir desde adentro, ya sea en su química cerebral o en su historia personal. Por el lado de los mas jóvenes la hiperactividad se relaciona con el consumo compulsivo en el marco de lo que denomina la "hedonía depresiva" casi como una paradoja neoliberal de la felicidad. En este sentido el "Realismo capitalista" de Mark Fisher es la misma experiencia que vive el depresivo, pues no siente anomalías en su vida a pesar de sus bajas expectativas... Eso es el domingo.

Para entender ese triunfo del que Mark hablaba, no solo el capitalismo privatiza la enfermedad sino que ademas provee la cura. Byung Chul Han dice que la fórmula mágica de curación ha sido la literatura de autoayuda estadounidense, ya que "designa la optimización personal que ha de eliminar terapeuticamente toda debilidad funcional, todo bloqueo mental", una optimización personal que resulta ser una autoexplotación personal, en donde hasta el dolor debe ser soportable. No pain! No Pain! le gritaba el entrenador a Rocky mientras recibe golpes. La única manera de comprender eso es no pensar en el cuerpo y si en la mente, así que B.C Han de algún modo nos recuerda el anacronismo del concepto de biopolítica (sociedad que controla cuerpos dóciles) de Foucault para ser reemplazado por el de psicopolítica (sociedad que controla mentes dóciles).





Christian Marazzi tiene un frase complementaria con el pensamiento de Fisher: "El problema no está en el capitalismo en sí, sino en el capitalismo en mí". El capitalismo supo incorporarse en la mente para dirigir el cuerpo naturalizando el tipo de dominio a partir de necesidades y deseos. Del mismo modo que en la disciplina para Foucault representa el tiempo en el cuerpo, el posfordismo tambien lo hace enfermando de manera naturalizada.

Sin embargo, mas allá de mi angustia, hay una puja sobre el domingo, ya que muchos lo han perdido. Recordemos que la representación del mercado esparcida ya en millones de ciudades del mundo es el shopping mall, y éstos no cierran sus puertas el domingo pues la angustia puede ser suprimida (momentaneamente) por el deseo y, en consecuencia, por el consumo. Es decir, en un contexto de precarización del trabajo y en el que la ciudadanía aumenta sus obligaciones a la vez que pierde derechos, hay quienes ya no tienen ni ese día para compartir. La obtención de derechos parece haber quedado lejos en la historia, algo idealista de la modernidad. "El neoliberalismo convierte al ciudadano en consumidor. La libertad del ciudadano cede ante el consumidor" dice Byung Chull Han.

Así inicia el Guy Standing su libro Precariado: Una carta de derechos:


"Por todo el mundo, cada vez mas personas se está convirtiéndo en meros residentes con sus derechos de ciudadanía cada vez más cercenados, a menudo sin darse cuenta de ello o sin apreciar todas sus implicaciones. Muchas se unen al precariado, una clase emergente caracterizada por la inseguridad crónica, ajena a las viejas normas laborales y separada de la clase obrera. Por primera vez en la historia, los gobiernos están restringiendo los derechos a sus propios pueblos."

Lamentablemente las mismas universidades que levantan la bandera contra la reforma laboral y la precariedad de las condiciones de trabajo tiene la mayoría de sus docentes contratados por semestres colaborando con la precarización del trabajo y la inseguridad crónica que el neoliberalismo desea reproducir.

En una situación más baja aún, se encuadra el trabajo conocido como freelance. En Non stop inertia de Ivor Southwood, ese trabajo se muestra como una actividad frenética, una actividad sin fin en la que no siempre hay dinero, en donde la precarización produce la "liberación" del trabajador y el cambio de lenguaje laboral, en donde lo free es ser tu propio jefe, y para obtener pequeños trabajos debes mostrar entusiasmo a otros, y en donde la búsqueda de trabajo es también otro modo de trabajo. Haciendo que la apariencia de libertad sea en la de 24hs en la que ser tu propio jefe implica que la vida sea lo mismo que el trabajo.





La estabilidad parece quedar lejos a la vista cuando miro hacia abajo y me encuentro parado en un piso flexible como símbolo de precariedad, o cuando veo el continnum histórico de precarización que se ha naturalizado con cierto hastío y esperanzas de obediencia.

Estas conquistas del capitalismo se dan en el marco favorable en el que la izquierda cae (en los ochenta y noventa) ante el conservadorismo neoliberal y el capitalismo configura el posfordismo como nuevo sistema de creencias y de lenguaje hegemónicos.

Según Franco Bifo Berardi la izquierda aún habla en un idioma que solo puede comprenderse en el fordismo y por ende debe adaptarse a las condiciones del posfordismo. Una izquierda anacrónica y por ende disléxica. La idea de trabajo basada en la experiencia del movimiento obrero tradicional se desmoronaba a partir la nueva conciencia de los jóvenes obreros deseosos de libertad y ocio, y las posibilidades tecnológicas del sistema productivo.

En Generación Post-Alfa Berardi dice:

"La crisis de la izquierda que se manifiesta en el retroceso político de las fuerzas organizadas del movimiento obrero y progresista no es sino un epifenómeno de una crisis mucho más profunda: la crisis de la transmisión cultural en el pasaje de las generaciones alfabético-críticas a las generaciones post-alfabéticas, configuracionales y simultáneas. La dificultad de la transmisión cultural no consiste en la dificultad de transmitir contenidos ideológicos o políticos, sino en la dificultad de poner en comunicación mentes que funcionan según formas diferentes, incompatibles. La primera y más indispensable operación que se debe realizar es la de comprender la mutación de formato de la mente post-alfabética".
Los aspectos que muchas veces pasan desapercibidos por nuestras vidas muchas veces explican la ideología del posfordismo. El domingo es real e ideológico, tan capitalista como el amor, la familia, la depresión, el estrés, el ocio, el tiempo, etc, esto es lo que al fin y al cabo explica mi angustia hoy. Porque (repito frase) "El problema no está en el capitalismo en sí, sino en el capitalismo en mí".



Bibliografía recomendada:
- Mark Fisher. Realismo capitalista.
- Byung Chull Han. Psicopolitica.
- Franco Berardi. Generación post-alfa.
- Guy Standing. Precariado.
- Igor Southwood. Non Stop Inertia.

viernes, 26 de julio de 2019

Pop retrotópico: el no-future de Black Mirror y Back to the Future II en la cultura.

Idealizar el futuro a través de la utopía o distopía también es retro.


Para quienes recorrimos la infancia en la década de los ochenta, el futuro, esa idea de momento posterior al presente, era realmente pop. No estoy seguro pero aquella idea de que el año 2000 vendría acompañada de autos que se desplazaran en el aire provenía de Back to the future part II. La idea de dicho año como quiebre de la historia venía de la mano del pensamiento acerca de un desarrollo tecnológico y científico que cooperaría con la construcción y el despliegue de una nueva etapa en la que el progreso tecnológico salía de las fábricas para trasladarse a los aspectos de la vida cotidiana. Nada quedaba fuera de esta cadena significativa, que un VHS  (que era tragado por un tosco y ruidoso aparato gris o negro) trajera esta idea también cooperaba con la creencia en un futuro bañado en bienestar y progreso. Este futuro construído exclusivamente desde el deseo mas que desde las ideologías pintaba una utopía vacía de ideales, una utopía capitalista que monopoliza el deseo para reproducir su propia existencia y su propia lógica, como si la idea de Thatcher acerca de que no hay otra alternativa al capitalismo, que tendría lugar al poco tiempo, se estuviera anticipando.

Estos eran los signos del capitalismo posfordista asomándose invisiblemente en las narices de todos. La tecnología imponía (aún lo hace y allí radica el éxito) un modo de entender el futuro relacionándolo con una sensación ubicua de felicidad y progreso. Eso fue en el fondo una verdadera revolución.

En clave foucaultiana se pasó de las sociedades disciplinarias a la posdisciplinaria. De dominar los cuerpos a dominar las mentes. Eso que Frederic Martel en Cultura Mainstream toma de Joseph Nye para referirse al nuevo tipo de poder del imperialismo en plena globalización tecnologizada. La era del contenido es la era del soft power. Las ideas de una cultura hegemónica disfrazadas de contenido de entretenimiento. El enterteiment sería la clave para el nuevo ejercicio hegémonico global. Back to de future part II lo reflejó en aquellos momentos. La idea "utópica" de la tecnología al servicio del hombre no era mas que el deseo de una vida nueva y placentera que emergía a partir del desconocimiento sobre los avances tecnológicos. Los automóviles volarían... vaya idea de futuro nos deparaba la sociedad postindustrial.



En este sentido aquella utopía capitalista del futuro avanzado mejorando la calidad de la vida vista en Back to the future part II con autos, trenes y skates volando, indumentaria como camperas y zapatillas nike autoajustables (que se materializaron 20 años después), microondas que hacen de algo diminuto una sabrosa pizza, era la pauta publicitaria de un sistema que por la década del ochenta pretendía romper con el eclipse de utopías. Sin embargo, el futuro basado en el deseo material no parece ser mas que la presencia de una única utopía, la del capitalismo y esto es lo que permite la existencia de relatos negativos, distópicos, referente a la tecnología y su constante avance.

El futuro paralelo creado en las aventuras de Martin Mcfly en la que logra ver a su madre como esposa de Biff e incluso llora frente a la tumba de su padre es lo mas cercano a lo distópico, a Black Mirror, un futuro que muy poco se relaciona con progresos tecnológicos. El futuro es colorido, luminoso y tecnologizado, el futuro paralelo es netamente oscuro.


Back to the distopia.


¿Habrá sido la caída de la URSS, o la emergencia de los gobiernos de Reagan y Tatcher, o el éxito de la sociedad de consumo y por ende la publicidad? No lo sé, pero desde entonces, como un espejo, todo se reflejó hacia el pasado. Se trata de volver al pasado hasta para buscar viejos ideales.

La posmodernidad es la época en que se ha olvidado de pensar historicamente. La ruptura de la relación pasado-presente-futuro, y el auge de lo retro no es simplemente una tendencia que consiste en volver a viejas modas sino mucho mas profundo, la incapacidad de concebir un futuro que supere otro momentos históricos. El siglo XX se vió impulsado por la energía utópica de las vanguardias culturales y artísticas, energía que parece haberse agotado. Es como si todo se hubiera dado vuelta por exceso de velocidad. En el futuro ya no vemos sino las sombras de un pasado de barbarie y miseria que creíamos enterrado dice Franco Bifo Berardi en  Después del Futuro. En fin, la cultura (con su relación con el pasado) no parece estar atenta al presente pero mucho menos al futuro. Si hay una idea del mismo, es la idea de un futuro que existió en un pasado no muy lejano.

Cuando pensamos en el futuro ya no como una categoría de la temporalidad sino como algo propio de la cultura, surge la impresión de una mirada negativa sobre lo que vendrá y entonces la distopía es la manera en que hoy el futuro se materializa en idea. Series y películas se aventuran en estas especulaciones tal como Wells y Orwell lo hicieron con tanta certezas refiriéndose a nuestra era pero durante la primera mitad del siglo xx. Sin embargo, la distopía no solo se resume al aspecto del pop y del consumo del entertainment mainstream, lo distópico en nuestra era se ve además con la idea de vacío respecto al futuro y la posibilidad cada vez mas cercana de no pensarlo ni idealizarlo. La expresión de Franco Bifo Berardi acerca de una "Cancelación del futuro" es la mas adecuada para hablar la muerte de las utopías (o el anacronismo de las mismas) o el triunfo de la premisa "No hay alternativas al capitalismo" de Margaret Thatcher allí cuando se deseclipsaron las utopías. Desde el aspecto artístico, lo de Franco Bifo Berardi me recuerda a la ironía del artista callejero inglés Banksy en una de sus obras hecha en Boston en la que suspendía con la palabra "Cancelado" la expresión "Sigue tus sueños". En fin, las miradas catastróficas que películas y series tienen sobre el futuro no son mas que el síntoma de la ruptura entre el presente (cargado de pasado) con el futuro, en una era caracterizada por la nostalgia.





La distopía no se entiende solo por un relato de una sociedad con aspectos contrarios a una utopía. Lo distópico de hecho podría no existir en nuestra propia imaginación creativa puesto que no es mas que preveer los efectos de algunas características de la sociedad presente. Los regímenes conservadores ocultan sus intenciones imaginándose la sociedad que no quieren, no arrollan el status quo, lo sostienen, o bien vuelven a un pasado con el que se encuentran cómodos. La imaginación creativa solo se encuentra en los ideales utópicos que se plasman en una idea de una sociedad mejor a la que provoca su origen. Una, la utopía, así entendida, habla de causas para una nueva sociedad, al tiempo que la distopía, habla de los efectos que podría provocar una sociedad ya existente.

Como si la utopía fuera volver a las viejas utopías... la era del vacio retrotrae viejas ideas y costumbres... y tanto la añoranza como la nostalgia son los síntomas que se materializan en el mercado a traves de la moda retro de series, películas y bandas que remiten al pasado.

Black Mirror o películas como The Discovery ponen en relieve la contracara de aquella percepción de futuro vista en Back to the Future part II basada en el deseo capitalista desutopizante. Quizás recuperan lo que el historiador Enzo Traverso entendió como barbarie moderna, es decir el pensamiento tecnocrático e industrializado incorporado a usos que exceden la actividad productiva. El historiador lo aplica a la organización del exterminio nazi o mismo la idea de productividad que se ve en el ataque nuclear a Hiroshima. Charlie Brooker, creador de Balck Mirror, lo hace viendo a la tecnología posindustrial en la vida cotidiana a través de dispositivos smarts, redes sociales y plataformas, distorsionando los valores actuales, los actos humanos y las expectativas sobre una sociedad precarizada, poco lúcida, superficial y enferma. Una distopía centrada en la antigua temática del control y la disciplina extraída de Orwell y Wells pero aggiornada a la temática tecnológica.

Por otra parte, para Russel T. Davies, creador de Years and Years (nueva serie de HBO), el aspecto tecnológico se muestra como un detalle polémico tomando mas seriamente las cuestiones humanitarias, políticas y económicas. Una visión apocalíptica del capitalismo financiero acompañada por la naturalización de las relaciones homosexuales en algunos países. De hecho la historia de amor que atraviesa la mayoría de la primera temporada, esa que por lo general es contada a partir de los valores hegemónicos impuestos y representada por el duo hombre/mujer, no es más que la de dos hombres que se conocen en un refugio de inmigrantes. Years and years recuerda a las ideas aceleracionistas de izquierda.

El futurismo de Marinetti, esa corriente artística fascista italiana tomaba la velocidad proveniente de la máquina, de lo tecnológico, como algo positivo del siglo XX. En este sentido Charlie Brooker y Russel T. Davies piensan en clave Postfuturista del filósofo italiano Franco Bifo Berardi. Plantean que la aceleración ha empobrecido al mundo, ha despertado la violencia y la desigualdad, la represión y el pánico, tal como se puede ver en otras distopías como The Handmaids Tales.

La mirada constante al pasado parece de poco compromiso al pensar lo poco que eso se relaciona con una conciencia histórica... es una mirada anacrónica del pasado pedirle cosas que en el presente ya no puede dar. El entusiasmo es hacia el futuro es en el recuerdo y la distopía es una forma estética de volver al pasado sin ser retro.

La nostalgia hauntológica, ese espectro de Derrida, ese que puede denominarse futuro no presente deja de ser el espectro que vivió en una generación para pasar a ser algo transmisible de generación a generación. La nostalgia de lo utópico, aquello que definió a la modernidad, es hoy y será siempre (pues los fantasmas no desaparecen dice Derrida) una nostalgia transmitida. Casi del mismo modo que Walter Benjamin habla de experiencia transmitida y experiencia vivida, podemos hablar de una nostalgia que se transmite como única contenedora de los viejos ideales y costumbres

domingo, 26 de mayo de 2019

Imágenes de caminatas posmodernas: La ciudad posmoderna y sus motores.

Por Mariano Alvarez

Caminar en círculos y repetir patrones.

Mis caminatas son eso. Caminar en círculos y repetir patrones. ¿Hay algo que no tienda a cerrarse en la rutina?.

La zona por la que suelo caminar tiene veredas rotas, árboles de ramas viejas y hojas grandes, y muchos edificios nuevos que desde donde me pare puedo recrear algún tipo de escalonamiento. Esas pequeñas contradicciones de la ciudad moderna en la que hasta el árbol también es un explotado. Genera aire y oxígeno pero los edificios no permiten que el sol les provea de sus rayos.

Esta escena sombría y contradictoria es signo de la transformación provocada por la expansión de la zona comercial, y fundamentalmente gastronómica.

 No es la gentrificación del Soho de Nueva York o el mismo Palermo, aquí la gentrificación parece más un impulso de una clase media, joven, que prefiere vivir en el primer cordón que rodea la avenida mas importante de la ciudad y que estira el centro unas 12 o 15 cuadras.





El centro es el fastfood cultural. Allí está lo facilmente entendible para todos. Las casas de deporte despachante de zapatillas, las ferias, la venta de papas fritas con alguna salsa estrellada depositada en un cono de cartón, quienes piden dinero en la salida de alguna galería tras una pancarta marrón de cartón y letras suaves.

Esta segunda capa que acompaña a la avenida céntrica tiene un contenido diferente que apunta a otro tipo de consumidor, ese que le dedica tiempo al ocio y al entretenimiento siempre que venga acompañado por lo estético.

Los veo... me choco con ellos. Cruzamos miradas.

Esa es la parte posmoderna de la ciudad... la mas relacionada con la ciudad posfordista. Cuando mi padre vino a Buenos Aires fue a vivir a una villa de emergencia con un tío. Ya había pasado el fenómeno de formación de las villas en torno a los sectores industriales por la falta de vivienda por necesidad de mano de obra en Buenos Aires durante la década de 1930. 

Ahora, en la ciudad posmoderna, los edificios montados con materiales de relativa calidad se codean con establecimientos dedicados al entretenimiento como señal de atracción a una clase de trabajadores hedonista con las intenciones de un cibarita y la líbido en flor.

Por esta zona algunos comercios inconexos de compostura de calzado, verdulerías y pescaderías conviven en ese entorno arrastrando su existencia de otras épocas a un presente colorido y pintoresco, en el que la tiza del cartel de la verdulería en letras sans serif convive con la tiza del lettering de la cervecería.

Ese modo de existencia, el de la resistencia a los cambios, me recuerda a muchos profesores conservadores que se sorprenden por las nuevas generaciones de estudiantes y que aún quieren conservar sus costumbres dentro del aula como demostración de lucha frente a lo inevitable.

Lejos del Soho de Nueva York o de Palermo, la clase que motoriza la zona la forman fundamentalmente jóvenes que trabajan en los comercios de la avenida principal o de alguna empresa mas pudiente fuera de esta ciudad, parejas jóvenes y acomodadas que trabajan hasta tarde y que pasan por el supermercado chino antes de llegar a la casa con una bolsa que contiene comida para preparar rápidamente. Algunos de los dos será el valiente... No he visto señales de familias. En fin, en los sohos hay turismo cultural, aquí hay gente con una cultura turística.

El hedonismo, como satisfacción del placer, es histórico pero nunca fue tan protagonista de la historia como en estos momentos, en el que obtener placer puede resultar muy cómodo.

En fin, en esta zona por la que camino los diversos edificios conviven con lo gastronómico de moda, fundamentalmente cervecerías. Lo artesanal, lo casero, lo rústico domina la escena estética de estos lugares de paso. A las viejas cafeterías solo se sumó una cafetería de especialidad, la única aquí.



Mientras aquí, en mi ciudad, hay mas edificios, cervecerías y barberías que perros en las calles, camino esquivando mesas y caca de perro (hasta ahora pisé una vez). La caca de perro del dueño no responsable es debido a que los edificios admiten mascotas y como consecuencia también me choco con los dueños de esos perros cuando salen a pegarse grandes golpes de viento en la cara.

Como estereotipo de la familia de edificio estimulador de la zona de transformación comercial y cultural, el perro ocupa un lugar importante. En muchos casos el del hijo de la familia.

No son la elite de un proceso gentry, mas bien son las víctimas de la relación entre la cultura y el mercado en las ciudades a partir del diseño arquitectónico, la estética del lugar, lo cool del entorno inmediato. La ciudad no esta ajena a la posmodernidad. No se aleja de la conexión que Frederic Jamesosn plantea entre lo cultural y lo económico.

Las transformaciones de los estilos de vida y, en particular, los nuevos hábitos de consumo han sido utilizados como justificación de intervenciones donde el espacio urbano es progresivamente desprovisto de su carácter público.

Esta confluencia entre la ciudad entendida como mercancía y como empresa y, el papel central que juega la cultura de consumo dominda por el marketing del placer, sitúa lo económico-cultural en el corazón de la ciudad.

Mis caminatas no modifican nada, de hecho coopero con el espectáculo en el que todos están haciendo lo que desean en un marco de aparente libertad.

sábado, 4 de mayo de 2019

Barberías kitsch: Sobre la exagerada pretensión retro

Por Mariano Alvarez

En el postfordismo el consumo trasciende lo material hasta llegar a las experiencias del usuario, y lo retro es la moda que adoptan las barberías para simular un entorno necesariamente estético con pretensiones de consumo mas que artísticas.


Transformando el paisaje de esta ciudad se abrieron mas de 30 barberías en el último año, al menos eso pude contar en mi acotada y fatigosa investigación. Lo interesante no es solo la vista de lo nuevo sino la visualizacón de lo que transformó, desde locales impregnados de azul, blanco y rojo a las viejas fachadas de peluquerías improvisadas casi de modo desmontable con todo lo que se pueda relacionar con la moda de la barbería. Existe cierta capacidad de montar una barbería nueva en cualquier rincón de la ciudad, al mismo tiempo que la mayoría de las peluquerías preexistentes se amoldan a ese nuevo formato estilístico retocando y maquillando su imagen. Algunos lo llaman agiornamiento. 

Esas transformaciones se dan de diversas maneras hasta el punto de haber visto una peluquería de mujer con un gran cartel de Silkey en la vidriera y, a su lado colgaba una hoja A4 blanca que impresa en la tinta gris de una impresora con poca tinta decía: también somos barbería. Me hubiera gustado pensar en el uso irónico del cartel tanto como aquel meme que me llegó pero como no lo comprobé entra en la lista de las peluquerias preexistentes que se montan en la nueva ola.

Tengo mi experiencia particular de fines del 2018 cuando, con las expectativas mediadas por el tiempo, fui al nuevo local de mi antiguo peluquero. No es que lo haya reemplazado por otro sino que por un momento descreí de lo artesanal y seguí el pensamiento que dice que ninguna actividad es imposible de reemplazarse por un buen artefacto. En fin, compré una máquina para cortarme el pelo, una de esas que tienen muchas funciones. Es decir que obtuve el artefacto, llevé a cabo la actividad, pero la ausencia de habilidad (lo artesanal) definió que los resultados actúen como jueces que sentenciaron mi retorno a una peluquería.


Mi antiguo peluquero trabajaba en una tradicional cadena de peluquerías de mi ciudad, de esas en la que todos se visten con remera negra, pantalón de vestir negro y zapatos con punta del mismo color, y que desde la vereda se leen palabras como unisex, estilistas, peinados, shock, y que conviven junto a los logos de las marcas que se usan allí, también hay fotos y banners de mujeres y hombres en un primer plano de la cabeza, con peinados y pieles digitales con pretensión de realismo, como apelando al deseo de quien consume de poder pasar de la vida real al carácter digitalizado del cartel. Como un panóptico de consumo, en donde el usuario controla lo que ocurre allí dentro, las grandes vidrieras dejan ver todo el panorama descrito desde la vereda de enfrente sin muchas dificultades.


El nuevo local de mi peluquero se ve diferente, masculino al cien por cien. Desde afuera su cartelería no usa la palabra peluquería ni barbería sino "salón de corte". Hay gran presencia de negro por fuera con letras en vinilo recortado en cursiva, doradas y en tipografías elegantes, de las que son serif pero con formas y contrastes marcados. El nombre de la peluquería lleva su nombre propio, el antiguo sello en el que se confunde la persona con la marca.





Sigue usando el mismo peinado pero ahora lo acompaña con barba. El outfit es el mismo de antes. Resumido a "fullblack". Leo entre líneas que quiere volver a la vieja usanza en la que el señor se corta el pelo y la barba pero sin rotularse en términos que evocan a una moda quizás ligera, pues hay una historia en este peluquero (su padre también lo era en su barrio), hay muchos clientes y un buen servicio. ¿Por qué arruinarlo todo?. Habrá pensado "Se puede ser cool sin distorsionar el oficio".


Umberto Eco en Apocalípticos e Integrados dice que "el mal gusto se caracteriza por la ausencia de medida" las cuales varían según la época y la cultura. No tengo indicios de que este profesional de las tijeras y el peine negro haya leído eso pero, sacando el vinilo recortado dorado del cartel de la vereda, todo estuvo medido. 


Mi peluquero hace tiempo se dedica a esto. Debe saber que nunca antes los cambios de denominaciones del rubro fueron acompañados por una estética que impone nuevos colores, nuevos materiales, nuevas herramientas, nuevos conceptos, etc. Peluquero, coiffeur y estilista parecían ser lo mismo, quizás no... pero la estética nunca cambiaba. Sin embargo, con las barberías actuales no... se requiere completar otros items y la mayoría son acerca de la estética.

Pero quiero detenerme en lo del mal gusto o puntualmente en la cuestión estética y por ende en la parte artística de esta moda barbershop al menos aquí. En mi ciudad.

Ya todos hemos notado que el papel de la barbería excede la simple actividad de las tijeras u otras herramientas representativas del oficio (aunque convengamos que la máquina para cortar el pelo es la mas conveniente para la moda del nuevo viejo corte americano versión degradé). La barbería sale de la actividad para meterse en su aura, lo que la rodea, el servicio, la estética del ambiente... en términos de lo moderno diremos que se centra en la experiencia del usuario, es decir, eso que se experimenta pero que no te lo apropias para llevarlo a tu casa. Eso que toma valor en las redes sociales, casi como una escenografía de la vida digital. Eso me lleva a pensar en que alguien debería reescribir "La sociedad del espectáculo" de Guy Debord en clave posmoderna, postfordista y neoliberal.

Salir del servicio como mercancía y adornar su aura con estética retro (también mercancía), que muy bien combina con los filtros de instagram, es pensar en lo visual como algo primordial y por eso es que me meto en esta conversación para plantear que lo retro no puede ser digital. Vi una foto pixeleada de un barbudo notoriamente bajada de google en un cuadro. El simulacro retro fracasa al fundirse en algo desmedido. La pretensión estética cierra a modo de collage en el que lo mucho se convierte en nada. 

No soy ingenuo. Sé que la intención no es artística o estética, pero también sé que el arte o la estética ayudará a vender mas el servicio, así como el arte también coopera con la gentrificación de algunos barrios devaluados vendiendo propiedades a altos valores. Aquí entonces es en donde uno (de unir) un fenómeno de moda con un concepto que aplica a lo estético en contexto de consumo masivo: kistch.


Wikipedia define kitsch como un estilo artístico considerado «cursi» y «trillado», para Adorno los rasgos que lo definen son la inoriginalidad o imitación, el "deseo de aparentar ser". Por eso es que todas las imitaciones y copias son manifestaciones de lo kitsch. Se suele explicar que la palabra proviene de quienes no podían pagar una obra de arte pero querían tener algo, al menos una pizca de arte enaltecedor, y por lo tanto compraban el sketch de alguna obra, es decir los bosquejos. Lo que quedaba. Por esto es que se relaciona directamente con el consumo en una cultura de masas. En fin, cuando lo estético transformado en mercancía tiene la cualidad de ser entendida facilmente por cualquier persona entonces es kistch. Si suena elitista hay dos caminos: ofenderse o aceptar que estamos hablando de estética.


La pretenciosa estética retro que vi en los barbershops de mi ciudad parten, en su mayoría, de una imitación exageradamente digital, cuya desmedida es parámetro del mal gusto. Allí no rigen elementos vintages de una casa de antigüedades ni retros, sino aquella ley en la que
 Illustrator mata letrista.  

Sin embargo lo retro no es solo un abismo de modas pasadas que toman nuevos sentidos en el presente. Lo retro no es solo escuchar un viejo vinilo de la década del ochenta, ni ver antiguas series, o que Nike y otras marcas nuevamente saquen viejos modelos de zapatillas, lo retro es una estética que también se produce en el presente. Es una mercancía que puede viajar desde el pasado a la nostalgia del presente o desde el mismo presente nostálgico para evocar un pasado cargado de estilo frente al vacío contemporáneo. De aquí es que Simon Reynolds habla de la década del 2000 como la década re, destacando el concepto de remake,

cuya versión nunca es la original, pero su contenido nostálgico permite colonizar el presente.

La desmedida es la palabra barber repetidamente junto al diseño de la silueta de una barba hipster ploteada. Es la falta de artesanía de un letrista o signpainter, el salpicado de pintura rojiza en una chapa en la que se pegó un vinilo con un diseño retro emulando oxidación. Los colores del barber pole (ícono de la masificación de lo barber) empapelan la pared, la marquesina de la calle que con el sol castigando, el azul, rojo y blanco se transforma en violeta, rosa y gris... todo se parece al gato chino de la fortuna que acompaña la jornada laboral al cajero de un supermercado de la misma nacionalidad... todo es facilmente aceptable y entendible por quien consume.

Un punto importante ocupa la palabra barber. Palabras como coiffeur o estilistas tenían pretensiones modernas relacionada a lo último de la moda, sin embargo no requería una estética masiva unificada como si fuera una franquicia. Hoy lo retro que deambula en el consumo exige estética y la misma palabra barbería, barber, barbershop tiene un contenido estético y actualizado que exige ser utilizado en términos de cool. La ultima vez que había escuchado la palabra barbero antes de esta gran moda masiva fue mirando la película El Gran Dictador de Charles Chaplin hecha en la década del 30 del siglo pasado. La palabra evoca pasado y obliga a la estética nostálgica que se reproduce a traves de una imitación pero basada en programas de diseño como illustrator o photoshop.
 Lo kitsch es la reducción de lo artístico a lo facilmente interpretado para el consumo, es por eso que el vinilo, el ploteado y la cartelería que se gasta con el sol (de un rojo a rosa y de un azul a un violeta y del blanco al gris) le gana al signpainter o letrista artesanal. No por lindo. Sí por eficiente.


Bibliografía:

Apocalípticos e integrados. Humberto Eco.
Retromanía. Simon Reynolds.

Hauntología 2019

Cuando imaginar el fin del capitalismo parece más difícil que asumir el colapso, habitamos una era donde la protesta se volvió meme y la com...