lunes, 10 de agosto de 2020

Sleeping whit Ghosts: escrito sobre la inminente ubicuidad del prefijo post.

Por Mariano Alvarez

Lo que va a leer en los siguientes minutos no es una reseña sobre aquel gran disco de Placebo, ni un artículo con referencias bibliográficas que enderecen los pensamientos plasmados sino una idea subjetiva en momentos en que la objetividad es una palabra utilizada en el marketing de los medios de comunicación.

Si hay algo a lo que nos llevó a hacer la pandemia en estos países en los que nos vimos obligados a hacer una larga cuarentena, fue a pensar en el tiempo personal y subjetivo, o en la manera en que lo entendemos. Hablo del tiempo de largo plazo, ese que puede trozarse por los límites de lo que entendemos por pasado, por presente y por futuro. ¿Qué pasó hasta acá? ¿Hacia dónde voy?

Este presente excepcional me lleva a pensar el pasado y el presente en clave diferente. Un modo que se plantea solamente a través de la idea de una ruptura. Por más que en unos años nos hayamos acostumbrados a la manera en que estamos conviviendo con un virus, el pasado se asemeja mas a otro mundo por el que estuvimos deambulando alguna vez. Lo vivido, los momentos bellos, los feos, lo personal, lo colectivo se ha tornado nuevo objeto de reflexión. Hoy caminaba por las calles frente a la plaza y siendo martes a las nueve y media de la mañana, la ciudad estaba mas dormida que un domingo de aquellas épocas. La plaza, las veredas, las calles han comenzado a convivir con la ausencia, tal como ya lo habíamos visto en diferentes historias distópicas de entretenimiento. 

No debería sorprendernos que el prefijo "post" comience a anticipar muchas otras palabras como ya lo hace con posverdad y posmodernidad entre otras, por no mencionar las menos mainstream o no oficiales como poscapitalismo, o post graffiti y post vandalism en el ambiente del graffiti, o post rock, post dubstep, post punk en el aspecto musical, y Postproduction en el arte (recomiendo incansablemente el libro con el mismo nombre de Nicolas Bourriaud) y así mucho mas.


Hasta aqui se ha planteado lo post siempre como superación a modo de progreso y no como pérdida. "La idea de "superación", que tanta importancia tiene en toda la filosofía moderna, concibe el curso del pensamiento como un desarrollo progresivo en el cual lo nuevo se identifica con lo valioso en virtud de la mediación-de la recuperación y de la apropiación del fundamento-origen" dice Gianni Váttimo en El fin de la modernidad.

Me animo a pensar que bajo estas circunstancias el uso del prefijo "post" incluso podría estar bajo una nueva forma de entenderlo también, algo así como lo post del prefijo post. Es decir, este prefijo, que en algún momento para la filosofía indicó la superación de algo, tal como explica Gianni Vattimo al referirse a la posmodernidad, hoy podría verse reformulado y enriquecido, traspasando el mero sentido de la superación para entenderlo además como superación del duelo, en donde aquello que muere es reemplazo por otro objeto de deseo. Veremos qué nuevos sentidos reemplazarán a las antiguas y fallecidas ideas de salud, estado, privado, sociedad, enfermedad, cultura, capitalismo, arte, etc, luego de los efecto de la pandemia.

¿Se viene un post pasado? ¿Un post futuro en el que se plasme una nueva forma de pensarlo luego de que la distopía impensada haya asesinado toda idea de futuro precedente? ¿Alguien en el pasado pensó en esto como futuro inmediato? Hasta el año pasado Joker parecía predecir el futuro, hoy nada se asemeja al futuro recientemente pasado, al futuro que pensábamos.

En fin, tengo la sensación de que lo post ya no es la superación de algo sino la forma que toma algo luego de muerto. Si la grabación musical se la tomó como la posibilidad de escuchar voces muertas, tal como las fotos también lo hacen con las imágenes, es porque han sido huellas de algo ocurrido, como también una manera de conservar y/o alcanzar lo inalcanzable, casi como lo hace un taxidermista. ¿Cuánta relación hay entre el taxidermista y la misma muerte? Hoy no solo convivimos con esos fantasmas a través del arte sino con nuestros propios fantasma a través de los recuerdos. Dormimos con ellos. Los fantasmas de lo que fuimos. Como ocurre en este momento al escuchar Miles Davis, estamos presentes y ausentes a la vez en una nueva realidad.

domingo, 14 de junio de 2020

Triunfos nostálgicos: Líneas críticas y anacrónicas sobre Billy Elliot y la política del fin de la historia.

Mariano Alvarez

"Mejor que dejes de soñar con una vida tranquila porque es la única que conoceremos" arranca The Jam con City Called Malice, sobre una base rítmica que si no te hace mover los pies, lo hace con tu cabeza hacia arriba y hacia abajo.

Mientras suena esa canción, Billy de un salto sale corriendo de su casa para las calles de un húmedo barrio obrero con colores desaturados, como si la combinación de la lluvia y la niebla hubiera diseñado una paleta de colores natural. El niño escapa de los problemas y prejuicios que lo atormentan en una ciudad ruda y masculina. Su hermano mayor acaba de echar de la casa de los Elliot a la maestra de ballet de Billy amenazándola e insultándola, dejando bien en claro la importancia del clasismo en épocas del thatcherismo, diciéndole "Vieja de clase media". No sólo esa importancia convive con la clase trabajadora, de hecho el marido de la maestra o señorita Wilkinson es un empleado recién despedido de su trabajo que, cómodo en su sillón y mirando la televisión, critica despectivamente a los mineros por las huelgas que están llevando acabo. El neoliberalismo ya no solo comenzara a incorporase (hacerse cuerpo) sino que también a asimilarse (hacerse sentido común). 

Que The Jam suene de fondo tiene un sentido simbólico importante como cuando lo hace London Calling en las corridas a los mineros huelguistas. Para Mark Fisher The Jam es parte de lo que denomina modernismo popular, en donde la creatividad de la clase trabajadora representa la posibilidad de expresar las experiencias de clase desde un nivel mainstream, desde la cima del mercado, al igual que Ian Curtis y Joy Division. "Porque la conciencia de clase no es meramente un asunto de identificar un estado de cosas ya existente; el hacer visible las estructuras que producen subordinación inmediatamente desnaturaliza a esas estructuras y cambia la forma en que la subyugación es experimentada". The Jam representa en sus letras todo eso y mucho mas. Para Fisher es la representación del fracaso de la estructura de la vieja izquierda, que hacia el final de los setenta estaba atrapada en un tradicionalismo retrógrado que no tenía alcance en el campo libidinal abierto por el capitalismo post-Fordista.

Luego del baile, la música de The Jam agoniza en modo fade out sobre un bombardeo de gritos en mute entre el hermano y la maestra de Billy, dejando en la imagen solo las muecas, los gestos, los ojos casi salidos. El conjunto de todo esto representa el rictus de una realidad casi irremontable del barrio minero y los cambios sufridos en los ochentas por la clase trabajadora. En el mundo de Billy la música despierta el baile, y cuando baila vuela a la vez que desaparece la ira que lo acecha. Las penurias del mundo real se desvanecen ante el suyo, en el que no deja de abrir puertas hacia lo desconocido. La escena culmina con la bella imagen de Billy corriendo de frente en una calle que baja sin fin y con un fondo en el que el océano azul deja entrever un velero blanco borroso en movimiento mas que lento.



Ni la discusión cargada de prejuicios clasistas y machistas, ni el baile son ajenos a la realidad de la época.
La fuga de Billy no es mas que la antinomia a la depresión en la que se vió subsumida la clase trabajadora en los años ochenta con la pérdida de derechos en la era del thatcherismo y la precarización del trabajo. Los mineros perdían la lucha (la imagen del ascensor descendiendo a las minas luego del paro así lo muestra) a la vez que Billy aumenta su esperanza de despistarse del camino que le depara su propio destino desde las entrañas de la misma clase, de su barrio, de su hogar. Todo esto junto a las apariciones borrosas del cuadro de Karl Marx es la clara referencia a la derrota.


Al referirse a la huelga de mineros por la que Tathcher hizo atravesar durante su gobierno a la sociedad bajo el imperativo de que "no hay alternativas", podría entrar en la categoría de película histórica, pero no es solo eso sino que se agrega a ese contenido de historicidad, lo que Fredric Jameson denomina "el modo nostálgico". Esa nostalgia como sensación ubicua a través de los códigos de la clase trabajadora inglesa, el estilo de vida en el barrio, la conformación de las familias, las actividades que llevan a cabo, el modo en que se expresan y se comunican. En fin, la historia podría desarrollarse en cualquier contexto pero no dejaría de presentarse como una obra nostálgica.

Esta huelga de mineros ocurrió entre 1984 y 1985, y no solo fue una huelga masiva de los mineros británicos sino que además paralizó en gran medida la industria del carbón de ese país. La microhistoria que se da en Billy representa un diminuto triunfo en lo que luego sería la rotunda derrota de los mineros y la clase trabajadora en sí. Del otro lado de la moneda el hecho fue visto como una importante victoria política del Partido Conservador que lideraba Margaret Tathcher.

Es quizás por eso que me gusta pensar que mas que el triunfo de Billy es el triunfo de su padre quien en la película da un giro respecto a las decisiones sobre su hijo. La huelga como lucha nunca se presenta como triunfante sino con pequeñas derrotas ya sea en las calles con la represión policial (de fondo London Calling de The Clash) o el éxito del rompehuelgas para no cesar la producción. Los derechos de clases ganados se estaban desvaneciendo dando paso a una era de precariedad que se extiende hasta el presente. 

¿Acaso esta derrota determinó el giro del padre respecto a Billy? Rotundamente sí. La derrota implica una cancelación del futuro que imponía las "no alternativas" (There are no alternative) al capitalismo de Margaret Tathcher, Ronald Reagan y de filósofos como Fukuyama que planteó el fin de la historia como si el hombre hubiera llegado a su punto cúlmine de satisfacción de sus necesidades con el liberalismo de esa época. Billy, (insisto) es la representación de una posibilidad de salvación incluso para este padre, pequeña pero significativa en un entorno tan oscuro.

Pero la profunda nostalgia de la película no es sólo en torno a los futuros perdidos de la clase trabajadora. El objeto mas importante de nostalgia lo representa la madre de Billy o mejor dicho su ausencia por haber muerto. Ese fantasma es inseparable de esta historia, su ausencia es presente y permanentemente. La historia está organizada en torno a este sentido de pérdida. En términos que provienen de la deconstrucción de Derrida, la hauntología caracteriza a esta historia a partir de un presente que tiene sentido gracias a algo muerto. La nostalgia que proviene del duelo, del objeto perdido.

Pero no es solo un film de derrota y nostalgia, también es un film sobre deseos. Si hay una palabra con contenido ideológico en un mundo en el que el consumo es un modo de comunicar como plantea Baudrillard, esa es deseo. Contrariamente, el deseo del que hablo es el del mismo duelo. Para el día de navidad (junto con Coca Cola y Mc Donalds a mi criterio representan esa idea de deseo capitalista a la que me refería) se produce un giro siniestro en donde lo conocido parece extraño y lo extraño conocido. El padre de Billy destruye a hachazos el piano de su difunta esposa casi en un acto de representación de cierre de duelo, a partir de ese día aquel objeto de deseo perdido e inalcanzable en esta historia encuentra su reemplazo, las energías libidinales del señor Elliot se transfieren a Billy. A partir de ese momento tanto él como su hijo mayor tendrán como objetivo mas importante, más que la huelga y la melancolía por la pérdida, el futuro de Billy. Ya no habrá mandamientos de barrio ni clasismo, no habrá masculinidad ni reproches que hacen alusión a la sexualidad. Lo que antes era extraño ahora será lo familiar, y de ahí lo siniestro.





jueves, 11 de junio de 2020

Years & Years: Lo distópico no era la tecnología, era lo humano.

Cuando la ciencia ficción comenzaba a popularizarse a través del morbo que las distopías plantean y éstas se transformarban en la repetitiva idea de la tecnología y sus aspectos negativos en la humanidad que una gran cadena del enterteinment como Netflix comercializó (tomo aire), se encontró con su propio techo. Black Mirror, esa serie que nos llevó a pensar en el futuro tecnológico, no fue mas que una suma de relatos para redundar en lo mismo. Hoy, en 2020, la serie Years & Years (2019) terminó siendo la que redoblaría las apuestas al momento de hablar sobre el futuro cercano (el presente) como contradiciendo todo lo anterior y disparando lazos con la realidad de este comienzo de la segunda década del siglo XXI. Fue como que nos hayan tomado del mentón para girar la cabeza y decirnos que los peligros son otros. Si la ciencia ficción nos habla sobre el futuro es siempre con los pies apoyados en el presente, en fin utiliza un tiempo llenos de preguntas para traerlas a nuestra vida actual así como está. Con estas características.




Vi en Years & Years el giro que practicamente hace Kierkegaard en la filosofía. El sujeto deja de mirar lo que lo rodea para mirarse a sí mismo en lo mas profundo, en su propia existencia. Me gusta pensar que Y&Y es como una distopía antropocéntrica, en la que el hombre es mas protagonista que la tecnología y sus consecuencias.

Si, como se ha dicho en el libro de Nisbet, en la historia del progreso se ven dos grandes corrientes, una que plantea el progreso como el desarrollo técnico y otra como el desarrollo de los valores humanos, vemos que la mayoría de las distopías muestran al hombre alienado por la tecnologia tomando entonces una de éstas idea de progreso para cuestionarlo. Son historias en las que la técnica es la protagonista del progreso pero también de su negativo pesar.

En Y&Y la tecnología avanzó y causa problemas como la transhumanización pero esto no es mas que un aspecto que se suma a la gran crisis de la humanidad, la precarización laboral, la continua repetición de los cierres de bancos que estafan, la discriminación racial tomada como bandera por partidos políticos, el inmigrante como un problema, todo se asimila mas a un presente en el que la tecnología no parece culpable ni de la pandemia, ni de la discriminacion o de la violencia policial a los negros, ni mucho menos de la imparable ampliación de las desigualdades sociales. En la serie, al igual que en el presente la política es un show con políticos que tienen fuerte presencia en los medios de comunicación. Y&Y tan centrada está en la humanidad que la historia de amor principal es homosexual.

Esta forma de ver el "progreso" definida dialécticamente entre el hombre y la tecnología ayuda a salir de la dualidad que se muestra al comenzar el libro "Historia de la idea de progreso" de Nisbet. Sale de esta dualidad porque no se centra en la oposición entre valores del hombre y tecnología. En última instancia este tipo de distopía no hace al hombre víctima sino de artesano de su propio futuro en el que la misma racionalidad también se ve entre signos de preguntas.




Una distopía antropocéntrica en un presente como éste nos plantea un alerta y la necesidad de comenzar a preguntarnos sobre qué pasará con nuestro futuro y no con el futuro de la tecnología avasalladora. Por otro lado y de modo aún mas urgente, centrar el progreso en los valores del hombre y no en la tecnología implicaría que la civilización misma se vea negada (una civilización bárbara) y que el progreso no sea mas que retroceder ya que las ideologías segregacionistas extremas son los problemas por lo que se había pasado en el silgo XX. Se suponía que a veinte años del siglo XXI aquellos sería problemas anticuados que nos dejarían un legado de enseñanza. Avanzar con la igualdad de derechos hasta naturalizarla no es un tema tecnológico.

sábado, 15 de febrero de 2020

María Luisa Bombal y yo


Mi infancia fueron las historias de mi abuelo, y mis amigos los libros.

Por Yessika María Rengifo Castillo

Hablar de María Luisa Bombal es hablar de mi amigo el televisor al que le huido por años. Una tarde de octubre, mi amigo lejano el televisor se había posesionado de mi mente al escuchar la voz de aquel hombre, que por osadía se había atrevido a invadir la casa del gran Neruda con la intención de que este leyera su primera obra. Sí, Antonio Skármeta y su Cartero de Neruda esa tarde desde una torre papel me presentaron a María Luisa Bombal. Escritora por naturaleza, esa abeja de fuego que bautizo Neruda, la niña que odiaba la niebla, la amiga de Borges y Macedonio Fernández. La alcohólica a la que se le extinguió su vida esperando el premio nacional de literatura chilena.

Y es que cada día devela un suceso que marcará el transitar de los visitantes  que por arrogancia, y egolatría, se han creído los dueños del planeta. Planeta que siempre ha estado lacerado una y mil veces, respondiendo a la ofensa con las mejores violetas. Un 8 de junio de 1910 este  mundo chambón y jodido como diría el sentipensante de ojos esmeralda, el que se pierde en la multitud por temor a ser catalogado como una figura “importante”, el que escribe para quienes no pueden leerlo, los de abajo, los que esperan desde hace siglos en la cola de la historia, no saben leer o no tienen con qué.  Mi gran maestro, mi amigo, Eduardo Galeano. Nace María Luisa Bombal la bisnieta del primer cónsul alemán de Santiago de Chile, de apellido Precht. De modo que por el lado de su madre venían de los alemanes de Valparaíso que años más tarde se irían a Viña del Mar. Por el lado de su padre, los Bombal llegaron a Chile huyendo de la dictadura de Rosas, muchos años después la dictadura de Rosas la impactaría, pero en la niñez las historias de su crueldad se convirtieron en una leyenda para ella. María Luisa nació en el paseo monterrey que era precioso, cubierto de madreselvas, los señores se paseaban conversando y los niños iban al mar. ¡Viña era una maravilla!...Un día, hace como un año,  fue y casi se desmaya de asco, todavía está la casa de su niñez, pero todo pavimentado, con los autos allá arriba y una estación de servicio en la esquina donde vivían los Segnoret. En esa época, Viña era la ciudad jardín, ahora le llaman la ciudad jardín, pero están muy equivocados. De los olores de Copihues, los vuelos de las mariposas, y el susurro del viento no queda nada.

Con esos cómplices de aventuras, con los que se discute tanto y se quebrantan juramentos, los hermanos. María Luisa descubrió el arte del juego que se traducía en las inauguraciones que hacia el neno Dittborn a los castillos de arena, en las noches de Viña. Y en esos juegos de ires y venires se le ocurrió a los 8 años escribir sus primeros poemas que eran malos, dice ella. Cuando se los enseño a su tío Roberto dijo: “¿Por qué esta niñita no escribe sobre los copihues colorados? ¿Qué lata copihues blancos! ¡Qué tontería!” Lo que no había visto el tío Roberto era que para María Luisa, los copihues blancos y la lluvia eran la verdadera acogida del sur de Chile.


La música también se convirtió en un pasatiempo a los 8 años de María Luisa Bombal. Empezó a estudiar violín con Paco Moreno quien decía; que ella tenía buen arco, pero él descubrió que ella tocaba de memoria porque la cabeza nunca le dio para la música. Decidió no estudiar más violín o era la literatura o la música, no podía hacer las dos cosas con la misma pasión. La literatura fue la vencedora de ese maravilloso juego de ajedrez que inicio la abeja de fuego de Pablo, quien se apasiono por la literatura gracias a su madre quien leía a sus hermanas, y a ella, cuentos alemanes. Así, crecieron leyendo todo lo nórdico, todo lo alemán, más que lo chileno, aunque nunca dejaría de leer a su grandes  amigos Gabriela Mistral y Pablo Neruda. Su madre la había enviado al mundo de las letras en el que se inauguró  con su primera obra; una tragedia de amor que sólo se la mostro a Ricardo Güiraldes que era muy amigo de su familia, y desde entonces la empezó a llamar colega.

Siempre han pintado la niñez como la etapa de los colores rosas y no es cierto; los niños y las niñas son mundos llenos de interrogantes por develar. Y en esos interrogantes por develar; María Luisa se enfrentó a sus nueve años con la muerte de su padre, ella era su hija predilecta, y la niña de sus ojos. María amaba tanto a su padre, que  con su partida comprendió que la muerte es parte de la vida, y sería su compañera eterna. Al recordar viene a su mente las palabras de unos de sus tíos que siempre decía: “si le sacan al retrato de tu padre el bigote serás igual a el” esa noche María Luisa reafirmo; que ella era la continuidad de su padre o eso pretendía ser.

En contraste con la infancia de la maravillosa María Luisa Bombal, esta lectora compulsiva hoy se va tomar el atrevimiento de igualarse a ella, y empezará a describir aquellos eventos que le han permitido consolidarse en el ser humano que es. Entenderá María Luisa, que es necesario abrir el arcoíris del pasado, que es el único que ayuda a mirar quiénes somos en esa búsqueda constante e infinita del ¿Por qué? y el ¿Para qué? Factores  esenciales a la hora de asumir esas polifonías del universo. 

Mi vida es el reflejo de aquellos que están y no están…

Mis padres se conocieron una tarde de abril en el parque los periodistas. Desde ese día quedaron completamente flechados; la música de Ana y Jaime, Piero, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Víctor Heredia, Alberto Cortés, los libros, el café, y los anhelos de cambiar el mundo los unieron aún más. Un año después se casaron; de esa unión nacieron Andrés Felipe, que es un excelente diseñador gráfico, el hermano mayor que cualquiera quisiera tener. Sus palabras siempre están llenas de dulzura y de esa búsqueda incansable de que todo puede ser mejor, como olvidar a mi ingeniero favorito, al amante de Serrat, al devoto de las matemáticas, mi amado hermano Joan Sebastián, uno de los seres humanos más trasparentes que mis ojos han podido contemplar, gracias por seguir sacando mi mejor versión.

En medio de esos dos hombres maravillosos estoy yo; la soñadora, la amante de los libros por naturaleza, la seguidora del teatro, la música, y la que cree que la educación es la clave para cambiar todo. Y es que el Dios del universo en el único que creo, se le ocurrió que debía venir al mundo un 8 septiembre a las 8 de la noche y para rematar estrellado. Mis primeros años de vida trascurrieron en familia, esa que ha sido y sigue siendo mi faro en tiempos de luz y oscuridad. Cuando cumplí cuatro años mi mamá empezó a enseñarme las famosas vocales, recuerdo el primer libro que tuve en mis manos fue el principito, del cual me enamore, y cuatro años más tarde ya sabía leerlo. Y sí, empecé a leer cuando tenía 8 años: de improviso, sin seleccionar ningún libro. Como no hacerlo, si el tercer hombre de mi vida, mi abuelo, no pasa un día sin leer desde que tengo uso de razón le he oído una y otra vez, decir: “leer es la caja mágica que los hombres le robaron a Dios.” Y que gran robo le hicieron; este mundo monótono, hostil,  y con rendijas de esperanza no sería lo mismo sin los libros. El caso era que sólo me interesaban cinco cosas: leer libros, el cine, la música, el teatro y la educación. Esas grandes cosas, siguen sacando mi mejor yo. No concibió mi caminar sin ellas, es que me encadene de por vida a un noble pero impecable amo.

Yo no lo sabía, empecé a leer, ver, y escuchar,  todo aquello que se me cruzaba en el camino, en un inicio fue divertido. Dejo se serlo cuando descubrí la diferencia entre seleccionar buenos libros, películas, música y  obras de teatro. Ese día cayeron las cadenas a las cuales me había encadenado por convicción, y como renace el ave fénix; renació en mí, el arte de redescubrir el abanico de colores que sólo pueden brindar las artes.

Así como algunas bailarinas de ballet practican cuatro o cinco horas diarias el lago del Cisne, igual me ejercitaba yo en mi mundo literario, cinematográfico y dramaturgo. De la mano de mi abuelo, mi compañero fiel, que sigue creyendo que nací con una misión especial, aun cuando insisto que mi única misión es  ser una “buena” visitante del planeta.

Siempre he dicho, que la biblioteca de mi abuelo es la caja de cristal, con la que aprendí y sigo aprendiendo a mirar el universo. Y mi madre la mujer más sabía que mi cerebro y mi corazón han podido escuchar, y desean seguir escuchando mucho tiempo en compañía de mi padre, mi viejo, que sea esmerado tanto, porque descubra el lado azul de la vida en medio de la tormenta.

Me encanta mirarme al espejo y descubrir que sigo siendo: amante a las violetas, a los días lluviosos, a los libros, al cine, al teatro, a la música, a la educación, a la aromática, a las mejores sopas que podido tomar hechas por las manos que vienen del cielo, mi madre. Abrazar, besar y oír a mi abuelo, aunque él diga que ya no tiene nada que decirme. Quitarle las gafas a mi padre cuando se queda dormido leyendo la prensa, amarrarle los zapatos eso me hace sentir que crecí, aunque en el fondo quiero seguir siendo su niña. Ver fútbol con mis hermanos, jugar a la guerra de las almohadas aunque sean ellos los que siempre ganan. Al cuadro de mariposas que me obsequio mi padre en ese deseo absurdo de tener un fragmento de paisaje, a la medalla de la virgen de la Soledad que me obsequio mi padrino.  A los besos, abrazos  e historias de mi sobrino Daniel, que a sus seis años pinta mejor el mundo en palabras, que yo. A las cálidas conversaciones de mis amigos,  a los sauces que habitan en la finca de mi tío, a los perfumes de rosas, a los amaneceres y atardeceres del llano, al ladrar de  los perros, a la vida que están incierta… 

sábado, 2 de noviembre de 2019

El desastroso ciclo neoliberal se está acabando

En un breve análisis de los levantamientos sociales que se han producido recientemente desde Chile hasta Hong Kong, el filósofo Franco “Bifo” Berardi lee la posibilidad del fin del capitalismo y la violencia financiera.

Extraído del blog de Caja Negra Editora

El largo ciclo neoliberal se está acabando con sangre y violencia como con sangre y violencia comenzó. Se caracterizó con la devastación sistemática del medio-ambiente, empobrecimiento de la vida social, reducción del salario, precarización del trabajo, privatización del servicio público y el incentivo de la guerra de todos contra todos.





Este ciclo comenzó en 1973, cuando la ideología neoliberal norteamericana usó al asesino llamado Pinochet para destruir el experimento democrático de Salvador Allende, electo por la mayoría de su pueblo y asesinado por fascistas en interés de la economía del “profit”.

El liberalismo global, que se presenta bajo restos humanitarios y democráticos, se afirmó gracias a la dictadura militar y la violencia autoritaria. En los años de Thatcher y Reagan, la contrarrevolución experimentada en Chile y en Argentina se generalizo en todo el Occidente como violencia económica y represión de cualquier intento de defensa de la sociedad.

No debemos olvidar que el resto de la filosofía del neoliberalismo es fundado esencialmente por los mismos principios que se funda el nazismo hitleriano: selección natural, imposición de la ley del más fuerte en la esfera social, eliminación de cualquier diferencia entre la sociedad y la jungla.

Esta filosofía nazi-liberal se impone en el mundo a través de la eliminación de los trabajadores de vanguardia, la re-estructuración técnica de la producción, la privatización de la escuela, del sistema de salud, del transporte público y a través de la ocupación privada de los medios.

Cuarenta años de violencia nazi-liberal han conducido al desmantelamiento del edificio de la democracia, al desabastecimiento de los recursos físicos del planeta, al cambio climático, a la propagación masiva de psicopatologías agresivas, a veces suicidas. Pero en los últimos días comenzamos a observar que de Chile, donde esta locura nazi-liberal comenzó, pronto podría iniciar su colapso.

En las últimas semanas hemos sido testigos de una explosión distinta de protestas, no homogéneas, e incluso contradictorias en las formas y objetivos: la insurrección ecuatoriana, las marchas de los jóvenes en Hong Kong, la onda masiva de protesta contra el centralismo español en Cataluña, la resistencia armada del pueblo curdo contra el fascismo genocida turco.

Ahora la sublevación de los estudiantes y de los trabajadores chilenos se inicia como una protesta contra el aumento del precio del transporte urbano y se transforma en una crítica práctica y masiva de la violencia financiera y llama a los estudiantes y los trabajadores del mundo entero a salir a la calle con los chicos que todos los viernes marchan contra el cambio climático.

El capitalismo es un cadáver en el que estamos atrapados: esto debilita el potencial de invención del progreso solidario.

Se nos dice que no hay alternativas para el capitalismo: en este caso deberíamos prepararnos para la guerra, el apocalipsis ambiental y la extinción cada vez más probable de la raza humana. Pero, en verdad, la posibilidad existe: se basa en superar la obsesión económica del crecimiento, la redistribución de recursos, la reducción del tiempo de trabajo asalariado, y en la extensión del tiempo de actividad libre (enseñanza, terapia, acción solidaria).

En todos los países del mundo deberíamos expresar solidaridad a los insurgentes chilenos, ecuatorianos, hongkoneses, pero sobretodo deberíamos prepararnos para salir a la calle, detener la actividad laboral y la circulación de transito urbano, y atacar al centro del poder económico y financiero y construir la estructura para la reconversión ecológica y social que la humanidad urgentemente necesita.

Quizás ahora sea el momento, largamente esperado, para dar el golpe final a este modo de producción que produce muerte: atacándolo sin respiro en todos los lugares.

Apoyemos a los insurgentes que no se rinden y luchan contra los privilegios. La revuelta chilena llama a la solidaridad internacional contra el genocidio, para que se termine el tiempo de horror e indignidad y comience una era digna de ser vivida.



*Agradecemos a Matías Romano Aleman (@matiasromanoaleman) por la traducción del artículo original, “Il disastroso ciclo neoliberalista si sta esaurendo”, que puede encontrarse en www.alganews.it.

Asimilacion: "Tu no odias los lunes, odias el capitalismo" dijo Zizek

#apuntespersonales 


Ya no es paradójico que el capitalismo asimile todo aquello que se transforma en su opuesto. De hecho, como defensor, protector y promotor de la propiedad privada, la apropiación no solo es una acción requerida sino además la más festejada.

Cuando el filósofo Slavoj Zizek llevó a cabo la frase "Tu no odias los lunes, odias el capitalismo" inmediatamente miles de remeras salieron a la venta, casi del mismo modo en que Banksy lo representa artísticamente en su obra Destroy Capitalism en la que una gran cola de personas de apariencia y pose antisistema esperan ordenadamente su turno para comprar una remera rojo revolución con dicho lema.

A pesar de eso, la frase de Zizek representa tanto una idea política contra el neoliberalismo como una manifestación experimentada de cerca el 99% de las personas una vez por semana.

Aún recuerdo que de niño lloraba los domingos a la noche por la inminente llegada del lunes decorado de las obligaciones escolares y la musicalización de mi padre al murmurar.



sábado, 12 de octubre de 2019

"No me escuchas ¿Verdad?": La marginalidad en Joker

La historia de Arthur Fleck pone dudas sobre el bien y el mal en la mismisima historia de Batman. Los límites entre el bien y el mal son tan invisibles, casi tanto como cuando Wendy Brown (filósofa y politóloga norteamericana) plantea al neoliberalismo como una racionalidad dominante y exitosa como resultado de su invisibilidad. En Gotham tanto como en nuestros días lo político y lo no político se confunde con lo bueno y lo malo. Así como muchos ven el caos en las manifestaciones de Gotham otros ven una revolución de los marginados. Esta es la lógica que muchos aplican a la palabra anarquía (etimologicamente significa sin principio ordenador) como sinónimo de desorden apocalíptico (es decir contrapuesto a la idea de orden liberal y/o neoliberal) o tal como en el discurso de las políticas neoliberales el mismo discurso político se vuelve antipolítico (evita conflictos en donde ya existen invisibilizandolos) y lo democrático se reduce a ser colaborativo e inclusivo mas que valores políticos que ponen en nuestra mente la posibilidad ingenua de creer que el presente y el futuro está en nuestras manos.

Esa lucha entre lo político con discurso empresarial y lo político reflejado en la manifestación popular es lo que define la realidad de Gotham. Un político empresario que deslegitima las manifestaciones calificando a sus participantes como payasos, casi tanto como lo hizo el ex presidente argentino Mauricio Macri cuando se desentendió de la vergonzosa derrota en las elecciones primarias diciendo "La elección no sucedió", invisibilizando así la voluntad popular.



Esta historia nos hace pensar en la importancia de Thomas Wayne. Él es quien define tanto los modos de violencia de Batman como los de Arthur Fleck y luego los del Joker. Él es empresario y político de moral limpia en televisión pero se lo mira reojo en las calles marginales de Gotham. Si en Joker quedó en duda la posibilidad de que Arthur y Bruce fueran hermanos esa imposibilidad no debe empañar la simbiosis que existe entre ambas violencias y concepciones de orden. La antítesis que Samuel Jackson nos enseñó al final de Unbrekable (El Protegido) los une.

Como todo lo referido a Gotham (Ciudad gótica) el neo-noir se hace presente, una oscuridad estética basada en la pesada cadencia que tiene el ambiente húmedo y nostálgico que le otorga la realidad de Gotham a la vida de Arthur Fleck. Pero la oscuridad también proviene del nihilismo que se respira y se expande a través de cada escena, como negación de toda creencia. De hecho ni siquiera nosotros tenemos la certeza de que todo haya ocurrido, ni tampoco si existe posibilidad de un bien en Gotham, cuando ésta siempre proviene de lo que los Wayne creen que es el bien. Pareciera que solo la ciudad de los Wayne es la ciudad posible.

Arthur y la ciudad establecen constantes puntos de hermandad. Desde un principio el Joker de Joaquin Phoenix me hizo pensar mas en el hombre del siglo XXI que en el que la historia de Batman siempre nos mostró de Gotham. Hay más Arthur que Joker, más rostro real que maquillaje, mas torso desnudo, deforme y huesudo que vestimentas coloridas, poco idealista, con enfermedades mentales, y con mas imperfecciones que retoques de postproducción. Por su parte, la hermosa y nostálgica estética caótica de Gotham también juega de antiestética al mismo tiempo que el Joker se convierte en un amado antihéroe. ¿O a caso no le quedó bien a Nueva York esos graffitis eternos y la basura acumulada en montañas?. En fin, la marginalidad de Gotham es a la vez la misma que llega a Arthur como sujeto marginal de una estructura moldeadora pero potenciada por la enfermedad mental que le provoca carcajadas. Su comedia es su mundo y su mundo es muchas veces imaginado mas que vivido.



Arthur no es mas que aquel que no puede ajustarse a las reglas y por ende se mueve en los márgenes del sistema. Esto lo convierte en un peligro para el orden disciplinario de ciudad gótica. En ese sentido filosófico, no solo podría representar un peligro para las sociedades discplinarias de Foucault sino ademas en las postdisciplinarias, esto es que no sólo no lo han controlado como cuerpo dócil sino que además no han podido conquistar su mente enferma. Ni la biopolítica de Foucault, ni la psicopolítica de Byung Chull Han logran explicar el modo en que llega el control a la marginalidad. Ni en la prisión, ni en el manicomio, Arthur se aloja en un deprimente departamento húmedo y oscuro en el que vive con su madre, el cual no es mas que otra extensión de la Gotham marginal, en donde las calles están extremadamente sucias, las ratas invaden y la brecha socioeconomica parece estar mas ancha que la del 99% planteado por Occupy Wall Street, una brecha (tanto en Gotham como en el mundo real) que siempre juega a favor de un pequeño porcentaje que se enriquese día a día.

La marginalidad social se representa en las movilizaciones violentas creando el contexto en el que Batman en algún momento (lejano pues Bruce es un niño rico) aparecerá como salvador. Las movilizaciones enmascaradas con pancartas que rezan "We are all clowns" son puramente clasistas al nivel de lo que pudieron haber sido los fantasmagóricos Indignados de España u Occupy Wall Street de EEUU, o mas actual los Chalecos amarillos de Francia o los paraguas de Hong Kong.


Es un clima de No Future. A mí me ayuda a entender que se trata de una distopía cuando pensamos que son los mismos motivos que hoy (2019) generan movilizaciones, y los mismos motivos por los que hoy se repite la idea de un futuro cancelado por la muerte que las utopías sufrieron ante el avance del capitalismo neoliberal. El ya repetido "No hay alternativas" de Margareth Thatcher.


La otra cara de la marginalidad es la de quienes crean desde la televisión una realidad que los margina de la misma. La madre es quien representa ese gran público que idolatra al conductor de un clásico Late Night Show en el que todo es tratado superficialmente. Esa es la autoexclusión que está basada en la lógica del hedonismo capitalista y la antipolítica del discurso neoliberal. Como dice Gil Heron en su canción... "The revolution will not be televised".

Sin duda Joker es una película sobre marginalidad, la de quienes son descuidados por una clase dirigente enriquecida que trata de payasos a la población pero a la vez les promete que sus vidas serán mejores si los eligen, y que deja en claro que la plutocracia es la distopía mas cercana a esta realidad.

El éxito de Joker no creo que solo se apoye en la comunidad nerd de comics, lo crítico y lo distópico se vende bien en épocas en las que no hay utopías presentes mas que como viejos fantasmas que asustan el orden hegemónico por momentos. La lectura del film tiene la capacidad de descarrilarse de los comics y la ciencia ficción estableciendo puentes con el presente en el que cada vez mas los ideales son trastocados por los nuevos discursos y puestos en dudas tal como la democracia, entendida como gobierno del pueblo, lo que no es real pero que, sin embargo, sin ella se termina el único discurso en el que somos libres y dueños de nuestro futuro.




Menciones:

El pueblo sin atributos de Wendy Brown.
Vigilar y castigar de Michel Foucault.
Psicopolítica de Byung Chull Han

Hauntología 2019

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